domingo, 4 de junio de 2017

¡Vente el miércoles a la Feria del Libro de Madrid!

El próximo miércoles estaré firmando en la Feria del Libro de Madrid, y firmaré toda mi obra publicada, así dicen de los escritores famosos en la feria "Fulatina de tal firma toda su obra en la casteta, y en la caseta...". Toda mi obra por ahora son tres libros: el recién estrenado "Las gallinas de Maitina" , el cuento ilustrado "Oyraborá" y también el "Gato enamorado" (en los enlaces podéis ver las primeras páginas de los tres).


Estoy feliz de ver cómo lucen, todos ellos han nacido después de mucho trabajo y dedicación.
Nacen de una mezcla de facetas: la de narradora, la de escritora, la de editora. No tengo paciencia a veces para seguir los procesos estándar, para llamar a puertas, para esperar a que otros decidan si quieren publicar mis relatos o no...Así que a veces, me lío la manta a la cabeza y los saco yo. Eso sí, si apareciera algún editor o editora interesado en publicarme ¡yo encantada de la vida!

Firmo en la Feria del Libro de Madrid

Es lo que tiene tener un perfil mixto, en esta sociedad en la que vivimos normalmente nos identificamos con lo que hacemos, mucha gente cuando te acaba de conocer te pregunta ¿a qué te dedicas? o ¿dónde estás ahora? Esa segunda pregunta me encanta porque yo suelo contestar que aquí.
Bien pues yo soy narradora y no hay narrador sin público, es una profesión que nace del encuentro, de la escucha, de la mirada y del compartir. Para mí no tiene sentido escribir estas líneas si tú no las lees. En realidad sí, necesito escribirlas y si tú las lees es un placer compartirlas...Supongo que decir eso, como respuesta a un ¿a qué te dedicas? es demasiado para el body...

Por eso es especial estar el miércoles en la feria porque es la culminación de un proceso, de un sueño y el momento de compartir que ¡han nacido las Gallinas de Maitina! y ¡Oyraborá! El otro día tras una representación alguien del público se acercaba y me decía que se lo había pasado muy bien, que se había reído mucho ¿hay mejor regalo que ese? Para mí el mejor regalo es emocionarnos juntos, conmovernos, movernos con.
Udi, Matina,una gallina y yo delante del gallinero con el libro 
Cuando conocí a Maitina me llamó la atención y quise conocerla más en profundidad.
Le pedí si podía ir a pasar unos días con ella a Saragüeta y entrevistarla, ella me invitó. No hizo falta la entrevista, compartimos uno semana de conversaciones, paseos y también silencios. Me fascinó su relación con los animales, estar cerca de ella es encontrar motivos e historias constantes o por lo menos yo los encontré. Y de ahí nacieron las ideas, volví a Madrid y empecé a escribir las gallinas, al principio como publicaciones del blog y después como un libro.

Con ese tempo, con esa curiosidad y dejando que las cosas se fueran formando, así poco a poco: a Cuentagotas.

Las Cuentagotas son también personajes de otro cuento, de Oyraborá. Son unas mujeres mágicas, las que le cantan a la piedra, para recoger las gotas de agua que cuelgan de las paredes de la Cueva que se tragó el océano. Ellas toman las gotas en sus manos y las insertan en hilos de plata.
Oyraborá otro cuento que nació hace poco y que el hijo de una amiga describió como un sueño.

De ahí viene el logo de "Libros a cuentagotas" este proyecto, una mujer que transporta agua en un cántaro por el desierto, pero no cualquier agua sino un agua pura, un agua filtrada durante miles de años a través de la pared de roca. Las gallinas es el primer libro que lleva el sello, un sello de edición slow que tiene su tempo propio y que se irá abriendo como hacen las flores, poco a poco.
Y poco a poco, gota a gota también va tomando forma mi sueño, mi sueño de compartir lo que escribo, de tocar la belleza y el sentimiento y de mostrarlo.
En la película "Shakespeare in love" definen el teatro como una concatenación de obstáculos que finalmente se van resolviendo hasta que todo termina bien. ¿Cómo? Es un misterio. Ester proyecto vital es así, una concatenación de eventos que se van resolviendo hasta que al final terminará bien, contando con el misterio ¡claro!
Además quiero dedicarle este momento a mi tía abuela que falleció recientemente, ella que me acompañó hasta el final, ella que revisó mis publicaciones, ella que también ocupó muchos papeles pero el principal, fue mi abuela. ¡Va por ti!


El libro de las gallinas se terminó de cocer durante la Feria del Libro de Madrid, por eso pensé que sería bonito presentarlas allí. Y me dieron la oportunidad de presentarlas montada en un dragón, como Atreyu en La historia interminable. Estaré en el Dragón Lector, ¿qué mejor lugar?
Luego vino la sorpresa cuando de manera natural nos pareció que Maitina podía acompañarme, ella vendrá desde su valle a la capital porque Maitina existe...así lo dice la parte de atrás de su libro: "Advertencia: este libro está basado en hechos reales, cualquier parecido con la realidad podría ser, efectivamente, real"
Es la primera vez que estoy con Maitina en Madrid. Ella se ofreció a traer alguna gallina pero luego pensamos que la mejor manera de conocerlas es a través del libro y después, una vez puestos en antecedentes, si queréis las visitáis in situ, ¡adelante!.

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miércoles, 24 de mayo de 2017

Adios tía Cari

Ayer falleció mi tía abuela Cari, mi tía Cari, Cacari. Tenía noventa y tres años, hace muy poco que en su casa miraba con ella las correcciones que había hecho a “Las gallinas de Maitina”, corregía a lápiz, para no manchar, aunque las páginas las hubiera impreso para ella, para que viera bien, a doble espacio ¡qué letra más grande, qué gusto!

Tía Cari escribe a boli, no que no quiero manchar, pero si son para ti…Correcciones a lápiz hechas con uno que ya había vivido bastante, por eso había que ponerlo en el portalápices, ése que llevaba su nombre para que en la editorial no se lo quitaran los demás.
Tenía muy pocos caprichos, muy pocos excesos, era pequeña como sus manos, como sus pasos.
Si es que vuestros pies son más grandes, un paso vuestro equivale a tres míos. Caminabas con ella y era fácil no darte cuenta y correr algo más, ella no se quejaba, pero si atendías podías escuchar sus pasitos, intentando llevar el ritmo ¿vamos muy rápido?
Vente a casa tía Cari que luego volvemos andando y es todo cuesta abajo. Y venías y me traías una vela a pilas, esa que yo quería regalarte, porque parece de verdad. No entiendo las velas a pilas…te puse una vela encendida, podíamos haberla estrenado, dijiste. Ayer la encendí, ahí está iluminando, aunque esta noche en tu casa se fue la luz. No se fue, te la llevaste tú…
Estuvo en mi casa hace poco, le enseñé la hamaca que me regalaron colgando porque ya es verano. Con los encajes que hiciste es todavía más bonita, me gusta tumbarme ahí tía Cari porque me arropa . Ahora se bambolea vacía con el viento, las golondrinas vuelan fuera y en el balcón el hueco para poner el esqueje de incienso que me habías preparado.

La tía Cari, de pasos pequeños, de manos pequeñitas. Ésas con las que jugaba a la hormiguita con Olivia “ota ves”. O pintaba una mano en un papel y luego le ponía anillos y un reloj.
Esas manos mañosas que todo lo cosían, que todo lo arreglaban, ésas con las que te hacía cosquillas incansables
.
Una mujer querida y queriente, que vivió siempre dedicada a la familia y a los que tenía cerca con total generosidad.

Con ganas de aprender cada día, hasta el último, con ganas de vivir, resuelta en su sencillez, que nunca quiso "dar la lata" pero estuvo siempre para cuidar. Dime cuando vayas al médico y yo te acompaño, ay tía Cari, vamos al cine mejor, ya sabes que yo no soy muy de cine, pues a dar un paseo, cuando llegue el buen tiempo.

A veces contaba de cuando fue Dama de la Cruz Roja, ayer encontré una foto está vestida de blanco entre otras amigas, está feliz. Ella no habría aceptado la palabra “dama” se vería muy grande, siempre fue la señorita Cary. Pequeña gran mujer.

Caridad Morata, la segunda empezando por la izquierda
Cuando la tristeza hacía que el cariño, la caricia, la cercanía, costara y no éramos capaces de decirnos, porque eso sería echarnos a llorar, nos cogíamos de la mano y apretábamos fuerte. Ella agradecía un chiste y luego decía eso de ya sabes que yo os quiero mucho y yo le decía que sí que sabía que claro, que cómo no saberlo.

Los amigos llaman para dar el pésame y dicen: la tía Cari falleció…Era la tía de todos, tenía un corazón inmenso que latió hasta que ya no pudo más.

Se va una pequeña gran mujer, una dama. ¡Abran paso a Caridad Morata! Caminos de flores, arcos de viento, luces de luna. Allá va directa al cielo.

lunes, 22 de mayo de 2017

Llega mi nuevo libro "Las gallinas de Maitina"

Sí, se han hecho de rogar pero finalmente llega el libro completo de "Las gallinas de Maitina" y mola un huevo.

Eso no suena muy serio, ¿verdad? Empecemos otra vez, resulta que la gallina Marcela Mora, una de las habitantes del gallinero de Maitina, descubrió la riqueza que tenía la tradición oral de los animales de Casa Monaut y fue recogiendo historias de las ovejas, las yeguas, el perro, el gato y por supuesto de las gallinas. Después por estas cosas que tiene el destino, la gallina Marcela y yo nos conocimos y me ofrecí a transcribir sus descubrimientos.

Nace así "Las gallinas de Maitina" para mí la primera vez en mi vida que trabajo en conjunto con una gallina y sinceramente, espero que se repita.
Pero como una imagen vale más que mil palabras, os dejo aquí las primeras páginas del libro para que valoréis por vosotros mismos.

El libro ya está en el horno, los ejemplares me los podéis pedir a mí directamente.
Estoy muy emocionada porque también es el principio de otro proyecto que se llama Libros a cuentagotas y que inicia su andadura con esta primera publicación.

El próximo miércoles 7 de junio estaré firmando en la Feria del Libro de Madrid de 18:00 a 21:00 en las Casetas número 75 y 76. Todo mi agradecimiento en las amigas del Dragón Lector que me acogen allí.

lunes, 15 de mayo de 2017

Las plumas están hechas para volar


Hoy encontré una pluma de buitre. Me la regalaste en Tiermes cuando trepábamos desde canales rojos labrados por los romanos. Cuánta historia, ¿verdad? ¡Cuántas historias!
La guardé en un bolsillo lateral del bolso para no perderla o puede que para encontrarla en este viaje en que me faltas.

Atravieso el puente más antiguo de Budapest: El puente de las Cadenas, mientras escucho el viento soplar. Llevo tu pluma en la mano, la acaricio con los dedos y siento su textura suave. Estoy en el centro del puente, me paro y observo el agua pasar y mi sombra y la sombra del puente proyectadas sobre el agua. Todo pasa: pasa el agua, pasa el puente, pasa la sombra, paso yo.

Saco la pluma del bolsillo, quiero tirarla aguas abajo, liberarla, que el río la lleve donde quiera. Justo cuando la suelto el viento deja de soplar. No sopla ni una brisa, la pluma se detiene en el aire, luego se desliza a la altura de mis pies al otro lado de la barandilla y se posa. No puedo cogerla sin riesgo de caerme, la miro, ahí está totalmente quieta. Estoy a punto de irme como una niña enfadada, entonces una ráfaga de viento sopla y la pluma inicia su viaje pero no hacia el río como yo imaginé sino que vuela por encima de mi cabeza, otra racha más fuerte y sube todavía más alto separándose del puente, con la siguiente ráfaga sube en zigzag como si fuera un pájaro, me cuesta seguirla está muy lejos ya y se confunde con las colinas de Pest.
Vuelve a aparecer una última vez, un pájaro va hacia ella, vuelan juntos, la pluma, mi pluma continúa su camino: arriba, arriba, arriba hasta perderse en el cielo mientras una frase resuena en mi cabeza: las plumas son para volar.


***
Aquí podéis escuchar una canción húngara es de una cantante que quizá conozcáis por una nana que aparece en el Paciente Inglés, se llama  Márta Sebestyén.

domingo, 7 de mayo de 2017

El viento en el cuento, el cuento en el viento (historias del Cuenbate)


Ayer terminó el Cuenbate edición 2017 y gané. Me  hace ilusión porque el año pasado me quedé a las puertas. Aunque esto de ganar en algo artístico es muy relativo ¿se puede competir en belleza?¿en emociones? Creo que no.
Pero me gusta la idea de juego en la que el público vota y  participa en la actuación.  Es divertido y luego la gente está pendiente del resultado como en los partidos del Madrid Barça. ¡Ojalá tuviéramos ese quorum! Como siempre le digo a Alberto Guerra Obispo, que es el creador del evento: el Cuenbate me gusta.
Por supuesto el Cuenbate es lo que es gracias a los oponentes, desde aquí un saludo cariñoso a Diana Irazabal, Israel Hergón y Luis del Amo.

Esta vez fui cuentoautora, esto es conté un cuento de mi propia cosecha. Parte esencial del trabajo en narración es elegir la historia que vas o contar, o quizá sea más adecuado decir que parte esencial de nuestra profesión es dejar que la historia te elija. Enamorarte de ella. Cuando miras con los ojos muy abiertos descubres que el mundo está lleno de historias, anécdotas, cuentos que nos cuentan o nos contaron, canciones,...En el fondo son esos lugares, esos retales, esos detalles que nos emocionan de alguna forma, por algún motivo.
Cuando encuentras esa chispa, impregna toda la narración y cuando la compartes con el público simplemente emociona. Es algo sencillo y a la vez complejo. Como una flor, o una estrella¿alguien puede explicar su belleza?

Ayer fui cuentoautora porque el cuento que conté lo había escrito yo. Está basado en algunos hechos y tiene algunas influencias, por supuesto. Las historias, como las pinturas, las canciones, las esculturas, como nosotros mismos, están hechas de retales de vida.

Concretamente el cuento del viento y el viento del cuento nace de un viaje al mar. Hicimos escala en Consuegra y pude visitar un molino y aprender cómo funciona y descubrir en cada uno de los ocho ventanucos de arriba del molino los nombres de los vientos. Vientos que cuentan historias: Ábrego, Moriscote, Villacañero, Matacabras, Toledano, Cierzo, Levante, Solano. Vientos de la Mancha con otro carácter de los vientos del este que yo conozco: Siroco, Tramontana,...Con un carácter  diferente que los vientos que nombran en una de mis pelis favoritas "El Paciente Inglés".

Y luego fueron llegando otras ideas, como las hojas que arrastra el viento en otoño. Los retales de una historia de amor, enmarcada en el viento, un encuentro en mitad de una tormenta de arena. La historia de un ejército que se enfrenta a un enemigo invisible y termina desapareciendo para siempre.
En el  libro de El Paciente Inglés te cuenta de manera muy detallada como Kip el zapador encuentra una mina y busca cómo ha sido activada, intenta entender a quien la ha puesto ahí para poder desactivarla. Cómo ha ocultado la mina bajo cemento, cómo ha pintado los cables para que no se reconozcan, cómo ha invertido los cables. Tiene que estudiarla para ver cómo está hecho.
Yo buceé en la película, en el libro, en la persona de Álmasy, pasé semanas cantando la canción de Szerelem, una canción húngara que me llegó como un regalo días antes de visitar Budapest.


Encontrar la letra y la traducción, intentar cantar ese lenguaje enrevesado y bello a la vez que es el húngaro. Leer que quien canta la canción en la película es una cantante tradicional húngara que ya oía esta canción dentro del vientre de su madre y saber que ahí hay más historia.

Ponerme a cocinar el texto y descubrir que es fértil como un oasis en el desierto que sus historias, llaman a mis historias y todas se entrelazan como si tuvieran sentido, como si en realidad las estuviera descubriendo y no creando. Como si este cuento que está naciendo, se tejiera con los otros que ya son, los que fueron y los que serán.


Cuando las cosas fluyen así, cuando sientes que te nace una historia sólo queda contemplarlo y disfrutar. Y después por supuesto compartirla, ¿qué sentido tendría si no? Y encontrarme con todos vosotros ahí de nuevo, con vuestras caras de niños, con vuestra atención, con vuestros ojos redondos, con vuestras bocas abiertas, con ese silencio atento que me regaláis, con esos aplausos y esa emoción y esas historias que me contáis de vuelta.

No tiene precio, miles de gracias por estar.  Miles de gracias por venir, por compartir, por estar atentos, y por seguir ahí.

Si queréis saber de próximas contadas, dejadme vuestros datos en el formulario de más abajo y prometo manteneos informados porque las historias siguen naciendo, nacen cada día y yo quiero compartirlas.

Si queréis comentarme algo, darme alguna idea, hacer alguna crítica (constructiva) podéis escribirme a mardelrey24@gmail.com


miércoles, 22 de marzo de 2017

Tortugas en Atocha

Atocha es una estación de trenes sí y también una estación tropical. Aunque en su interior no haya lluvias tropicales, sí crece un jardín con otro tipo de viajes y conexiones.
Las vías horizontales desaparecieron para dejar paso a las plantas que ahora crecen verticales hacia el cielo.

La estación tropical tiene otro ritmo muy distinto del de la otra estación. Sobre todo tiene habitantes. Las tortugas, ésas que se apilan sobre las piedras del  pequeño estanque de la entrada. Puede que unos y otros las hayan ido dejando allí cuando el vigilante estaba despistado. Aunque delante del estanque hay un cartel que dice: "prohibido abandonar tortugas". Entonces, si la gente ha sido obediente, puede que las torguas hayan llegado hasta allí viajando, por su propio pie y todavía están esperando un buen transbordo.

Hace años del jardín tropical salían trenes, dentro de poco serán las tortugas quienes comiencen a salir de la estación tropical. Llevarán a los niños subidos en su caparazón. Pero todavía hay que esperar, porque esas tortugas vivirán muchos años, quizá más que quienes las dejaron allí. Dentro de unos años ellas pasearán entre los andenes de una nueva estación, serán ellas quienes irán de un lado para otro, cambiando de andenes o en busca de un taxi.

Así lo ha contado la estatua del hombre que lee esta última noche. Y así se la ha escuchado contar uno de los vagabundos que duerme escondido entre las plantas del jardín tropical. La estatua les ha dicho a las tortugas que está escrito, que ellas serán las próximas viajeras. Al vagabundo no le importa que la historia sea verdad o mentira, sólo quiere que cuando la estación se quede vacía, la estatua que lee,  les lea en voz alta a las tortugas, sólo eso.




viernes, 20 de enero de 2017

La primera clienta de la mañana


Reflejo del Templo de Debod de esa mañana
Todavía es temprano y hace frío, camino rápido, nada más pasar el escaparate me doy cuenta de que acabo de dejar atrás la tienda. Retrocedo y me asomo, la luz está apagada, aunque en esas tiendas la iluminación es escasa. Agarro el pomo de aluminio, tan frío como la mañana y empujo la puerta. Clin, clin, clin, un sonido de campanitas riega mi cabeza mientras la puerta se abre, es un sonido acogedor muy distinto del canto eléctrico de los felpudos, ése nínaaaa que parece un quejido más que una bienvenida.

Observo a mi alrededor carcasas de móvil, protectores de pantalla y todo tipo de complementos precintados que cuelgan de las paredes como las teclas de un piano de plástico. De repente veo al dependiente mover la cabeza desde el mostrador en lo que parece un saludo somnoliento, ¿estaba ahí antes o acaba de materializarse? Quizá permanecía oculto con la privacidad que dan los mostradores repletos. 

Quiero un protector de pantalla, de esos que se pegan sobre el teléfono como si fueran un cristal. Mientras le explico saco mi móvil del bolso y se lo muestro, él lo coge y acaricia un rayajo profundo que tiene en la parte superior. Luego lo deja con suavidad sobre el mostrador y comienza a buscar entre los distintos modelos que cuelgan de un gancho a su lado.
Saco el monedero, sólo llevo un billete de cinco euros.
—¿Qué precio tiene? —
—Ocho euros
Consigo encontrar una moneda de euro, ya van seis.
—¿Puedo pagar con tarjeta? 
— No, no…
Cojo mi móvil y me doy la vuelta hacia la puerta, entonces iré a sacar, estoy a punto de decirle pero él ni siquiera me deja empezar la frase.
—Déjame tu móvil, yo puedo poner el protector de pantalla.
—Gracias, pero no tengo suficiente.
Entonces me mira, sonríe. Eres la primera clienta de la mañana, no puedo dejar ir así ¡es la tradición! Quiere saber si vivo cerca, más que una pregunta es una afirmación. Le digo que estoy de paso.
Vuelve a extender la mano hacia mí, realmente da igual lo que conteste.
—No importa, cuando vengas me traes los dos euros y listo. Dame.
Sonrío y le tiendo el móvil.
—¿De dónde eres?
Él no me contesta, ni siquiera levanta la cabeza, está sacando el contenido de la caja: además del protector, hay dos sobres de toallitas empaquetadas por separado.
—¿Cuál es tu origen?
—Bangladesh—contesta finalmente, lo hace rápido, luego vuelve a la tarea. Abre el sobre marcado con el número uno y limpia la pantalla de arriba abajo con el mimo con el que acaricia una madre. La pantalla se convierte en el suelo de una pista de baile. 
Paseo la mirada por su silla, es negra e imita a cuero, ¡deben de venir de serie con este tipo de local! Incluso el respaldo desgastado que deja entrever el relleno parece el mismo en todas. Miro al suelo esperando encontrar alguna pelusa o polvo, pero no, está tan limpio como la pantalla de mi móvil.

Ha llegado al paso más difícil, posar la pantalla protectora sobre el cristal. La separa del papel que la cubre y la deja caer mientras frota con la segunda toallita. El aire se acumula en pequeñas burbujas a lo largo de toda la superficie como si hirviera, él las va llevando hacia una de las esquinas del móvil, donde mantiene el protector separado con el pulgar. Las burbujas salen liberadas una detrás de otra. Sus manos me recuerdan a las del Señor Antonio el mecánico de Melgaço.

La primera imagen que tuve de él era a la puerta del taller, secándose las manos con un paño demasiado blanco para ser el de un mecánico.
Tengo que verlo para asegurarme pero con ese sonido, seguro que el tubo de escape. Llegamos hasta el señor Antonio gracias a la hija de la señora Rosa, la dueña de la funeraria. En Portugal todo el mundo se llama señor y señora lo que le da una formalidad antigua al trato. Le preguntamos por un taller a la hija de la señora Rosa, la hija llamó a la madre, la madre pidió un minuto y caminó hasta el taller del Señor Antonio para ver si estaba disponible, y éste, por supuesto, dijo que sí.

Vayan a tomar un café y yo les llamo en un momento. A la vuelta nos invitó a bajar al túnel para mostrarnos la avería. Esos túneles que parecen pozos y que cuando te piden que metas el coche dan como vértigo. Desde ahí nos explicó, como si fuera un cirujano a punto de hacer una gran intervención, que iba a soldarlo por allí y por allá y que tardaría algunas horas. 

Pasamos el día paseando y charlando por Melgaço, hubo más charlas que paseos porque el pueblo rápidamente se nos agotó. Por la tarde, el señor Antonio nos avisó. Le encontramos de nuevo en la puerta con su paño. Nos acompañó dentro y posó la mano sobre el capó mientras contaba la reparación. Antes de separarse del coche, le hizo una caricia suave, de esas tímidas de amantes que se saben observados, y mirando al suelo dijo que le había puesto aceite. Seguro que le puso el mejor.

"Es un buen teléfono" me dice el dependiente. Sonríe y le hace una caricia parecida a la del señor Antonio. Luego mira el protector de pantalla que acaba de colocar, y señala una mancha. Escucha, cuando vuelvas a traerme los dos euros, te cambio el protector, tiene una mancha ¿ves? Tú vienes y yo te pongo una nueva. Vuelve a rebuscar entre los modelos que cuelgan, ahora no tengo más de la tuya ¿ves?, cuando vuelvas yo la cambio. 

Le doy las gracias y le pregunto su nombre, dice que se llama Simón aunque no creo que ese sea su nombre real, me da la sensación de que se lo ha cambiado para ponérselo fácil a quien le llama, es ése tipo de persona.


La tienda de Simón está en la calle Luisa Fernanda de Madrid en la acera de la derecha según vas hacia el templo de Debod. Si pasáis por allí, enviarle un saludo de mi parte, hay varias tiendas de este tipo pero si tiene que ser entraréis en la suya.

*** 
Ese ritual, esa atención tan oriental, me recordó a uno de mis libros preferidos, es un libro oriental, lleno de cuentos que me regaló mi amiga Isabel, se llama "Narradores de la noche" de Rafik Schami. Uno de los capítulos que más me gustan es el que está dedicado a un emigrante. El autor conoce bien esta realidad porque él emigró a su vez aunque ahora quizá después de tanto tiempo haya pasado a ser mestizo: medio alemán, medio sirio. De hecho la edición de mi libro está traducida del alemán. He descubierto hoy que su nombre es un seudónimo que significa:  amigo de Damasco. El autor es un árabe de pura cepa, como él dice en este capítulo, en su familia habrá habido un poeta en cada generación y él es poeta en la suya.

El capítulo cuenta la historia de Tuma el emigrante, un hombre que salió de Latakia saltando al mar a pesar de que no sabía nadar, huyendo de una guerra que no es la de ahora, y consiguió llegar hasta América. 
He buscado Latakia en wikipedia para encontrarme con una ciudad hecha jirones, sirva este pequeño texto como un recuerdo para sus habitantes con mis mejores deseos.
Tuma les cuenta algunos datos de su vida en América:

—Estoy seguro de que no creeréis que los americanos no regatean nunca
—Si no regatean ¿qué hacen? ¿matar moscas? —se indignó Isam
—No, pero tú vas a un shop , miras las etiquetas de los precios, pagas y te vas. 
—Ahora estás exagerando —protestó Isam...

Después el emigrante relata que cuando hablaba el idioma lo suficiente como para entenderse fue a "un gran almacén de seis pisos. Allí encuentras de todo: ropa, comida, juguetes, telas, pintura y aparatos de radio". Uno de los amigos le dice "eso es un bazar" y se sorprende de que todas las tiendas estén amontonadas en una casa de varios pisos en lugar de formando un barrio. 
Tuma le contesta: "Sí, un bazar dentro de una casa, sólo que no puedes regatear. Sé que no me creéis..."Está cansado de que le tomen por mentiroso pero ésta vez tiene un buen motivo para contar esa historia. Así que continúa contando cómo le preguntó a una dependienta por el precio de una chaqueta, y ella le dijo que era el precio que ponía en la etiqueta. 
El emigrante inició una conversación imposible: "pero la vida es un diálogo, pregunta y respuesta, dar y tomar..." Puede que la vida sea un diálogo, en este caso se convierte en el diálogo entre dos mundos que termina con el desconcierto mutuo y que os animo a leer (junto con el resto del libro). Sólo reproduciré el párrafo final que me gusta especialmente:
«Son cincuenta. Coge la chaqueta o déjala, gimió impaciente.
Yo me puse furioso. Pero seguí el consejo de mi padre. Una vez me dijo: "Si un comerciante es tan tonto de negarse a hacer concesiones en el precio, elevas tu oferta un poco y dices, me marcho. Si es tan tonto que no reacciona, entonces echas a andar lentamente. No te des la vuelta. ¡Eso ya lo dice la Biblia! Seguro que él te llamará y bajará el precio". ¡Pobre padre mío, él no ha vivido en América! Así que subí la oferta a cuarenta dólares y le dije a la vendedora: "Si no quieres hacer un negocio en este día, iré a otro comerciante y compraré la chaqueta allí por veinte dólares". Dejé caer la chaqueta y me fui sin darme la vuelta. En Latakia o en Damasco me habrían llamado todos los comerciantes y habrían intentado salvar el negocio, pero ella no me llamó. En treinta años no me llamó nadie. Desistí de regatear.»
En mi recuerdo en este momento Tuma decía que en su vida se había sentido tan solo, pero al releer el libro hoy veo que su narración termina aquí, supongo que esa sensación de soledad que está implícita en la historia.                             Para cerrar estas dos historias, o mejor dicho para continuarlas porque las historias siempre llaman a historias, os dejo esta escena maravillosa del regateo en Vida de Brian.

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lunes, 9 de enero de 2017

Fuego en la huerta

Amanece en Casa Monaut
He pasado el fin de semana de reyes con unos amigos en casa de Maitina en Navarra (¡sí! es la misma que “Las gallinas de Maitina” puedes leer los primeros capítulos aquí). Me llevé ejemplares de Oyraborá, el libro que acabo de auto-publicar, por si a alguien le interesaba comprarlo. Es curioso porque con las ventas a veces se cruzan los pudores, el que me da a mí de que la gente se sienta obligada a comprármelo, por lo que lo enseño con discreción para que lo compren sólo los interesados.

Y el pudor de alguna gente interesada que me pregunta, después de verlo, cómo lo puede conseguir y cuando les digo que lo vendo directamente, me contestan: no mujer, dime dónde lo puedo comprar y lo compro directamente. ¡Pero si no hay forma más directa que yo misma! Que voy como los libreros antiguos con los libros en las alforjas.

El sábado les enseñé el libro recordándoles que era un cuento que ellos conocían porque el año anterior se lo había contado pero que ahora había nacido en papel e ilustrado. Esther y Maitina ya me habían pedido ejemplares previamente pero Xanti y Amaia no, lo miraron muy interesados y después me lo devolvieron, y yo lo guardé.


El domingo por la mañana Xanti y Amaia se marcharon temprano y el resto estábamos terminando de recoger la casa para salir a dar un paseo. Entonces antes de irnos, saqué los libros de Esther para no olvidarme. Ella estaba en la puerta esperando, yo le tendí los libros, ella los recogió con una sonrisa. Le pregunté si quería que se los dedicara y me devolvió uno ¡El mío claro que sí!
En el momento en el que recogí el libro de su mano, entró Xanti en la habitación. Todos dimos un respingo, creo que él no esperaba encontrar a nadie tan cerca de la puerta y nosotras no esperábamos verle a él de nuevo. Yo me había quedado congelada con el libro levantado como si le estuviera sacando una tarjeta a Xanti y le pregunté ¿os habéis dejado algo? ¡Eso!, me contestó él, señalando mi libro. Se nos había olvidado llevarnos y nos dimos la vuelta.

Yo estaba con la lagrimilla en el ojo cuando apareció Maitina desde su cuarto y dijo señalando hacia la ventana ¿qué habéis echado ahí? Fuera se veía una columna de humo gris. Luego miró a Xanti ¿habéis vuelto?, ¿pasa algo? No, por el libro dijo él.

Ejemplares de Oyraborá
Salí corriendo hacia la puerta ¡es la huerta, las cenizas! Eché los restos de la chimenea en la huerta, como me dijo Maitina, sólo que lo hice en una zona que estaba algo seca y me dio miedo porque me pareció que todavía había algunas brasas, por eso le pregunté al subir ¿no importa donde lo eche en la huerta? No, donde quieras va bien. Había intentado echarle agua por seguridad pero me encontré con que la manguera estaba cortada por el hielo, luego busqué un cubo pero mientras lo hacía me despisté ¿será por mi cabeza llena de pájaros (urbanos)? y me subí. Como estaba con el run, run, le dije a Maitina lo he echado ahí, ella miró sin mirar como esa madre de la película de Superman cuando el niño le dice ¡mira mamá! lo que hago mientras pone a prueba su equilibro en la barandilla de las cataratas del Niágara y ella distraída dice: sí, sí. Maitina hizo lo mismo y me dijo cualquier sitio estará bien aunque en realidad quería decir cualquier sitio verde estaba bien.

O quizá sí regué las brasas pero mi emoción porque Xanti y Amaia se dieran la vuelta a mitad de camino para venir a recoger el libro hizo que volvieran a encenderse y que la huerta estallara en llamas. Luego todos para celebrarlo comimos verduras a la brasa.

Las gallinas mientras tanto observaban desde su campo que queda justo debajo de la huerta. Ellas no entendían que había podido ocurrir, además el fuego había pasado muy cerca hasta que Maitina y Claudia lo apagaron con la manguera. Según les había contado Udi, el fuego lo había provocado la turista escritora con sus poderes telequinésicos, Clara quiso explicar en qué consistía eso pero perdió el hilo cuando los tres gallos jóvenes revolotearon a toda velocidad huyendo del Gallo mayor.
Udi, la turista escritora (una servidora) y Maitina

Udi continuó, la turista ha vuelto pero no con nuestro libro publicado sino con otro. ¡Se puede tener poca vergüenza! Pensó una de las hermanas, pero no lo dijo porque la otra hermana ya no está allí para completarle la frase, hace meses que Maitina cansada de sus cacareos contínuos la regaló.
Finalmente cuando el humo cesó y Maitina les echó los restos de verduras calcinadas, se quedaron tranquilas, sobre todo cuando les dijo que la próxima vez que viniera, la turista escritora había prometido traer su libro.

Esta anécdota me ha recordado a una de mis películas favoritas "Como agua para chocolate" en la que también hay un fuego ocasonionado por la pasión. En este caso surge a partir de una receta: Codornices en pétalos de rosa. Os dejo la escena aquí y os deseo que 2017 sea un año lleno de pasión.



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Latxas comiendo avena 
Acabo de publicar mi segundo libro Oyraborá, lo he auto editado yo y ando con ejemplares debajo del brazo todas las navidades. La buena noticia es que desde el 17 de diciembre que salió la primera impresión, hasta la fecha he vendido casi la mitad de ejemplares. En esta entrada cuento cómo nacióOyraborá desde el principio hasta el final. Si te interesa un ejemplar del libro, puedes pedírmelo a través de mi correo electrónico mardelrey24@gmail.com


sábado, 31 de diciembre de 2016

Mi caja de música

Uno de los objetos de mi habitación que más me gustaban de pequeña era mi caja de música.
Era una caja blanca, alargada, decorada con algunas flores. Cuando la abrías crujía con un sonido de autómata. Ese sonido venía de la bailarina que tenía dentro preparada para actuar. Levantabas la tapa hacia arriba y ella se estiraba, suavemente como si calentara antes de salir al escenario, cuando abrías la caja del todo, la bailarina daba vueltas al ritmo de la música. Una música también de autómata. Cada nota avanza como si le costara, las notas salían tejidas en un telar metálico, y la música avanzaba como tirada por un carro.

Se supone que la caja era un joyero, para mí la caja era la joya. A veces vi otros joyeros, tenían bailarina como la mía pero en vez de girar sobre su eje crujiente, lo hacían sobre una superficie lisa que parecía un espejo. Se movía con un mecanismo suave y silencioso, como si no tuvieran corazón.


Entro en mi habitación, cojo la caja de música, le doy la vuelta y encuentro la cuerda de metal, la giro suena como una carraca. Dejo la caja en la estantería de la entrada y la abro. Cruje, la bailarina  me saluda, con una reverencia y empieza a bailar, vueltas y vueltas lentas, al ritmo de una partitura metálica, como si el tiempo jamás fuera a detenerse. 

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Aquí queda mi último relato del año 2016 sobre joyeros vacíos, llenos de música y el ritmo y partituras invisibles. Espero que os guste, si pasáis por aquí, dejaros ver, comentar algo y nos saludamos.

La foto está tomada en la Plaza de Oriente de Madrid y en el extremo de la izquierda, al borde del palacio hay una figura que bien podría ser mi bailarina.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Él gira el mundo II

En julio de 2014 me encontré con este malabarista en el Retiro, al principio pasé de largo pensando en mis cosas y casi sigo sin verle cuando un reflejo de luz atravesó su mundo y me llamó la atención. Paré y me acerqué a él con curiosidad, no sólo por los movimientos que hacía con la bola sino también por lo que ésta movía con ellos.

Le pedí permiso para grabarle, aceptó sin dudar y además se ofreció a cambiarse de sitio para que el vídeo fuera más bonito, así que los dos nos fuimos hacia el lago y ahí grabé unos segundos de su magia. Le prometí que le nombraría en el vídeo y los dos nos haríamos famosos juntos. Después cuando busqué su página, el enlace no funcionaba, quizá el malabarista no existiera y sólo apareció para mí ese momento, quizá se fuera en un viaje elíptico como el del cuento.

Para recordarle y por si volvía monté este pequeño vídeo y escribí un relato. Hoy al releerlo he querido escribirlo de nuevo, ésta vez más sencillo. Ahí tenéis "Él gira el mundo versión II"



El malabarista, recién llegado de un vuelo elíptico, elige el parque más bello de la ciudad para girar su mundo. No recuerda cuánto lleva haciéndolo bailar, sólo que no puede evitarlo. Cada día lo toma entre sus manos y le da vueltas y vueltas, a veces gira ligero, otras le pesa como si realmente contuviera un mundo.

Una niña que se ha sentado a mirarle con calma le pregunta: cómo lo mueves y él contesta que con caricias redondas, como la vida.
Ella sonríe, su madre la llama, que ya casi es hora de comer. Antes de irse le dice sonriendo quizá alguien mueva la tierra como tú con tus manos, quizá tú la estés moviendo ahora.

La observa alejarse por un instante, entonces la bola se le escapa y sale despedida por el aire. El malabarista alarga las manos con la esperanza de recuperarla.


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Hoy por el día que es se lo dedico a los que el 28 de diciembre de hace algunos años se gastaron una buena broma que tuvo que ver entre otras cosas con que yo esté en este mundo imprevisible. ¡Gracias!


jueves, 15 de diciembre de 2016

Ha nacido mi segundo libro ¡Oyraborá llega por Navidad!

Oyraborá nace hoy, acaba de llegar de la imprenta y ésta es su foto de familia.
Estoy feliz de ver la luz y el color que desprende desde la cubierta y deseosa de compartirlo con todas las personas que seguís este blog y mis andanzas literarias.

Oyraborá es el nombre de la cueva de la que nació todo lo que existe. Ésa que desde tiempos inmemoriales custodia el pueblo Mandala. Aunque ellos no podrían sobrevivir en el desierto de Anouk Sé si no contasen con la ayuda de las Cuentagotas, ellas las de melena plateada que nacieron de los reflejos de luna en las olas del mar antiguo...

Oyraborá significa: ombligo del mundo, Oyraborá es un nombre redondo para un libro que viene a cerrar un año de números redondos, doses, ceros y seises. Esperemos que su futuro sea también redondo.

Este sábado 17 de diciembre lo contaré en su versión oral en Libertad 8 (otro número redondo). Si quieres escucharlo y también otros cuentos de mis compañeros de Juan Sapón Ataim. ¡vente el próximo sábado a las 19.30 a la calle Libertad número 8!

Los relatos como las personas, tienen raíces y me gustaría dedicar unas líneas a las de éste. La primera versión del cuento se llamó Árbol nube y nació de una propuesta de Juan Jacinto Muñoz Rengel  de escribir a partir de fotos que inspiran. Yo elegí una de Chema Madoz ese fabuloso fotógrafo-poeta.
Fotografía del esqueleto de un árbol usando una nube como ramas
 A partir de ella escribí la historia de un pueblo que vivía en el desierto y estaba celebrando la fiesta que conmemoraba el nacimiento de un árbol que no tenía hojas sino nubes. Luego el relato fue creciendo y cambiando, creciendo, transformándose, la semilla se hizo brote y el brote árbol.

Recuerdo que mi amiga Matilde Fuentes me dijo que le faltaba un hervor y tenía razón, recuerdo que lo retomé cuando iba a clases de narración oral con Victoria Siedleki y sus comentario sobre el cuento oral también sirvieron para darle más fuerza a algunos elementos.

Por supuesto recuerdo los comentarios, consejos y compañía de mis amigos escritores: Ana, Jesús, Amparo, Amanda, Pilar, Chusa. Ahhh y a Carmen Tortuga que siempre ha confiado en este libro.

Y también el apoyo de quien tenía más cerca en ese momento: Rita.

Así nació un texto terminado y que a fecha de hoy podría seguir corrigiendo...dicen que García Márquez  en un viaje en tren desde Madrid a Barcelona le llevaba a un amigo un ejemplar de uno de sus libros, como no tenía otra cosa que leer, se le ocurrió leer su libro. No pudo evitar corregir algunas cosas, al principio a lápiz. Finalmente corrigió tanto que cuando llegó a Barcelona desistió de regalar ese libro. No es que yo quiera compararme con Gabriel García Márquez...pero como Oyraborá tiene algo de realismo mágico, ¿por qué no darle un padrino como García Márquez?

Una vez tuve el texto, hacían falta las ilustraciones y para eso conté con el gran trabajo de Ana Cardona, una amiga que entra y sale de mi vida como el Guadiana. Para ver su energía sólo hay que fijarse en los colores con los que pinta. Así reescribimos el libro de otra manera, porque las pintoras piensan el mundo en profundo, me dí cuenta de que mis imágenes mentales eran planas ¡genial darle otra capa más a este cuento!

Después había que maquetarlo, colocar cada letra y cada ilustración en su sitio,  y para ello ¿qué mejor que contar con la paciencia y el buen hacer de Carina Galliano? Hemos estado con correcciones y matices hasta el último momento y ella ahí al pie del cañón. Y eso que tenía el tiempo justo, al perro ladrando y el móvil escacharrado por un lanzamiento de su bebé.

Y para terminar este cuento por supuesto la impresión de la que se ha encargado Tomás Orcoyen de Nemac Comunicación, es bonito reencontrarse con viejos amigos a los que les gusta hacer las cosas bien.

Ahhhh finalmente el parto de Oyraborá se adelantó gracias a la invitación de Mercedes Carrión a contar en Libertad 8, así que gracias a ella también

Yo también tengo raíces, ramas y hojas, todas ellas están en mi corazón, Gracias a mi padre, fan incondicional y a mi madre que siempre me acompaña.

Si he olvidado nombrar a alguien, que sepa que le recuerdo, le quiero y le agradezco.
A ti no te recuerdo porque no hace falta y sí te agradezco cada día.
Estoy algo sentimental...serán las hormonas.

¿Quieres un ejemplar?
Pídemelo a mí y te lo haré llegar de la mejor manera posible.
El precio son 15€
 Si te interesa, escribeme aqui mardelrey24@gmail.com


Princesas sin cuento




El domingo se presentó "¿Salvados? por primera vez en lo que fue su estreno mundial. Una obra de microteatro escrita por mí. Lo hicimos en un espectáculo conjunto de cuentos y micro teatro en el que también participó mi grupo de narración Juan Sapón Ataim (léase pensando en inglés, somos un grupo con proyección internacional). Poder contar en todos los sentidos de la palabra con todo el equipo de la obra por un lado y por otro con mis compañeros narradores fue un lujazo.
Además tuvimos un público entregado, sí, es verdad lo que se dice que sin el público no habría obra. Muchas de ellas amigas incondicionales que vienen siempre, que apoyan siempre. Da la sensación de que te subes a un escenario donde hay red, donde la gente está deseando recogerte y apoyarte o darte la mano para seguir si hay cualquier problema.


Conté un cuento basado en una historia real sobre unas ballenas que se quedaron atrapadas en el hielo en Alaska. El hecho es que ocurrió un gran milagro porque toda la gente puso de su parte, su granito de arena para ayudar a salvar a esas ballenas hasta que finalmente lo consiguió. Y eso que según avanzaban hacia el objetivo, más problemas surgían para conseguirlo pero ante las barreras aparecían nuevas colaboraciones y nuevas soluciones. 

Para ayudar a avanzar a las ballenas, los voluntarios fueron construyendo agujeros en el hielo que servían de respiradero para que ellas fueran avanzando. Y así poco a poco, paso a paso, entre todos, llegaron a producir un gran milagro. Así me siento yo en este momento, gracias a la colaboración de mis compañeros, a la ilusión y al trabajo de todos, hemos podido construir algo bello y compartirlo con quien nos ha regalado su tiempo. Sólo queda agradecer y desear que este sea un buen comienzo de una gran amistad.

¡Ah! Y tenemos fecha para la próxima contada será en Libertad 8 cuna de narradores y cantautores el próximo 17 de diciembre a las 19:30. Os sorprenderemos con nuestros cuentos con llave, venid a escuchar los relatos prohibidos, abrimos todas las puertas y postigos para contaroslo todo. Un buen inicio de la Navidad.


viernes, 4 de noviembre de 2016

Una historia sobre París que es ficción pura

Un grupo de adolescentes se coloca alrededor del profesor, mientras éste les habla del origen de la plaza: edificada para conmemorar la victoria en la batalla de Trocadero en Cádiz, que puso fin a las guerras Realistas...

Protegido por un compañero algo más alto, se oculta un chico con gorro de lana. El rotulador hace un ruido rugoso mientras escribe la palabra "fake".

Para él no hay nada más falso que esa piedra, ni nada más real que un cuerpo deseado. Ése que desea y que probablemente, como castigo inevitable por dañar lo bello, nunca recibirá.

Desde que vio la estatua se sintió atraído hacia ella, acercó su mano pero no se atrevió a tocarla, sólo la rozó para encontrarse un tacto rugoso y frío.  Se sintió como un amante despechado, sacó el rotulador y profanó su espalda con letras rojas. Cuatro letras para escribir "falso" cuando no hay nada más real que esa belleza. ¿Qué ocurrirá con este adolescente? ¿Le descubrirá su profesor? ¿Recibirá algún castigo? No lo sabemos, tampoco nos importa porque esta no es una historia realista y él no es su protagonista.

No, la protagonista es ella, porque la ganadora de las guerras realistas en este relato, es la ficción.
Sólo habrá que esperar una noche para que desaparezca hasta la última letra roja. En cuanto los rayos de Luna toquen su cuerpo, ella se convertirá y bajará con paso delicado hasta la fuente a bañarse. Dejará que el agua vuelva a recorrer su piel ahora suave y volverá a subir a ocupar su lugar, o al menos el que ha sido su lugar en los últimos años.

En un suspiro se convirtirá en piedra cuando el primer rayo del amanecer toque su cabeza. Y volverá a mirar hacia el horizonte exactamente en la misma dirección en que otra escultura  mira hacia ella.

¿Cómo se conocieron? Quizá fueron creadas en el mismo taller o en un tiempo compartieron materia prima, o coincidieron en los sueños de quien las imaginó o simplemente se sueñan la una a la otra y ni siquiera existen...ya advertimos que en este relato gana la ficción por lo que no hay nada cierto, lo cual no significa que no haya verdad.

Creamos entonces que se saben, que se intuyen, que se miran desde hace años.
Esta podría ser la otra escultura, o no.
En la realidad es el Víctor Hugo de Rodin con sus musas
  

                                                                                                                                       

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Escalera hacia el cielo


Paseaba tarareando "Stairway to heaven". En realidad no sé si empecé a tararear la canción al ver la escalera apoyada en el peral o si vi la escalera apoyada en el peral porque tarareaba.
La tarde estaba tranquila, el único movimiento perceptible eran las hojas nuevas que se movían con el viento saludando a la primavera.

Me llamó la atención la escalera ahí, sola, en mitad del campo, camuflada por el tronco, sin una función concreta.

Decidí quedarme detrás de un árbol para observar sin ser vista. Algo me decía que esa escalera era un principio. Al atardecer llegó una silueta blanca, caminaba con tanta suavidad que parecía que no tocaba el suelo. Si fuera un instrumento sería una flauta travesera, si fuera un elemento sería el viento. La figura a veces se confundía con el espacio entre los árboles y me hacía pensar que había desaparecido pero no, luego volvía a aparecer iluminando el bosque.

Llegó hasta la escalera y subió pero lo hizo sin agarrarse con los brazos a los lados, como si fuera la escalera de un palacio. Sólo posaba los pies y avanzaba como si algo tirara de ella hacia arriba. Un peldaño, otro peldaño, otro más, llegó a la copa cuando los últimos rayos del sol se ocultaban tras las montañas, continuó subiendo a pesar de que a la escalera ya no le quedaban más peldaños. Superó las ramas del frutal, el contacto con el cielo la hizo estremecerse, mientras su cuerpo temblaba, ella extendió los brazos blancos, éstos se hincaron en el cielo. Ella jadeó, su cuerpo se volvió translúcido y emitió un fuerte destello que la recorrió de arriba a abajo.

El cuerpo desapareció en el aire igual que llegó, sólo quedó el rayo congelado por un momento sobre el árbol. Después continuó su viaje hacia el cielo. Levanté la mirada, encima del frutal había una estrella que lucía más que el resto, la escalera había desaparecido.

Abandoné el campo rodeada del silencio de la noche, un perro ladra desde el fondo del valle.

***

Hasta ahí el relato, ahora os dejo dos referencias a Stairway to heaven, la primera es de mi adolescencia y me recuerda a cuando estaba aprendiendo a tocar la guitarra y todos punteábamos el principio de esta canción. Y la segunda es la canción en sí.
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There's a feeling I get
When I look to the west
And my spirit is crying for leaving
In my thoughts I have seen
Rings of smoke through the trees
And the voices of those who standing looking

martes, 18 de octubre de 2016

Las voces del Festival Parla Cuenta

El sábado por la noche llegué emocionada a casa del festival de cuentos de Parla que terminó con la actuación de Victoria Siedlecki. Una guinda perfecta para todas las palabras que volaron hasta nuestros oídos esa tarde.

Me incorporé al festival poco antes de que empezara la parte de cuentos para adultos en la que yo iba a participar. Cuando alguien de la organización anunció que habían acabado los cuentos familiares, quedaba todavía un grupo de niños sentados justo debajo del escenario que permanecieron allí como los irreductibles galos del poblado de Astérix.

A mí me tocó contar en la transición niños-adultos donde había familias saliendo, niños chillando, gente entrando, niños chillando, gente escuchando, niños chillando, gente atenta, niños chillando, bedeles paseando, niños chillando...

Una experiencia inolvidable. En honor a la organización (quee fue impecable) hay que decir que los micrófonos funcionaban perfectamente y a pesar de los niños chillando, ¿he dicho ya que había niños chillando?,  se podía escuchar bastante bien la narración.

Recuerdo un compañero cuentero que proponía hacer crítica del público, igual que los críticos culturales hacen de los espectáculos. Podría ser algo así como: "El pasado sábado 15 de octubre durante el festival Parla Cuenta disfrutamos de un público familiar muy implicado que seguía con atención el desarrollo de cada cuento. Algunos, atrapados por las historias, resistieron hasta el final, dejando a sus hijos correr libremente por todo lo ancho, alto y largo de la casa de Cultura de Parla..."

Sí, estoy exagerando, exagerar es una de las formas de hacer humor. En realidad la transición duró una media hora, sobre las nueve el público maduró y los niños desaparecieron. Digamos que el público envejeció. En el escenario se creó ese ambiente de cuento que hace que todos veamos la fogata y la noche y las historias empezaron a bailar con el público.

Pero unos minutos antes, yo subía el escenario para contar "La encantadora de voces", un cuento poético que escribí hace tiempo y he rescatado y transformado en un cuento oral. Está pensado para adultos principalmente porque tiene muchas imágenes y cierta complejidad. En el enlace lo podéis leer aunque es una versión del año 2009 y hoy ha cambiado mucho, el actual, sólo existe en versión oral y en dibujitos.

Me sorprendió que durante la narración algunos de los niños permanecieron sentados atentos y escuchando. ¿Qué pasaría por su cabeza en ese momento?
Esquema de la Encantadora de voces

Otros aparte de chillar, corrían de un lado a otro. Yo me consolaba pensando que algo de curiosidad les generaba la historia porque en lugar de correr de lado a lado, lo hacían yendo y viniendo hacia el escenario.

Sí, me va el riesgo, recuerdo que Israel Hergón, que es el narrador/reportero más dicharachero y se dedicó a documentar en tiempo real todo el evento (¡gracias por las fotos!), me decía que había decidido contar otro cuento viendo que todavía había niños por allí. Yo no, yo fui adelante con mi Encantadora de voces, la historia quería salir y yo dejarla flotar.

En mi cuento revelo el secreto de las voces. ellas nos son infieles. En cuanto pueden abandonan nuestro cuerpo para jugar por ejemplo en la megafonía de los aeropuertos (por eso es tan difícil entender lo que dicen), o dentro de la garganta de un adolescente y hacer gallos. Lo que hacen todas ellas es meterse en el cuerpo de otros mientras duermen para convertirse en las narradoras de sus sueños.
Foto del momento
exacto en que desvelo el secreto

El sábado empecé la narración desvelando ese secreto y pedí silencio para que pudiéramos escuchar si había alguna voz perdida que hubiera quedado por ahí jugando. Y sí había muchas, os lo aseguro.
¡Las voces también quisieron disfrutar del festival de cuentos de Parla!

Con todo, no me arrepiento creo que los cuentos crecen así y los narradores también. Para mí fue un placer participar. Me siento muy agradecida a la organización que ha gestado el festival con tanto cariño.
Y como si fuera una de las hadas madrinas del cuento de la Cenicienta os dejo mi pequeño deseo al lado de la cuna:  Deseo que el festival de Parla Cuenta crezca sano y fuerte hasta convertirse en un niño más de Parla, con una voz tan potente como ellos y siga atrayendo a miles de narradoras a participar.

¡Enhorabuena!

Esta foto la he robado del evento en Facebook de Parla Cuenta, lo escribo para que no se entere nadie
Aquí podéis escuchar el programa que le dedicó Menudo Castillo al Festival Parla Cuenta con Eugenia Manzanera, Ana Titiricuento y Susana Sinpecas.






lunes, 11 de julio de 2016

"Leopoldo no es un topo" escucha el relato en audio aquí

Hoy me han hecho un regalo que quiero compartir con todas las personas que visitáis este blog.
Leí una vez que en la vida avanzamos en forma de espiral, por eso a veces tenemos la sensación de que volvemos al mismo sitio de hace años cuando en realidad estamos un poquito más arriba, a otro nivel.
Anoche por circunstancias de mi vida, volví a dormir a casa de mis padres, he olvidado cuándo fue la última vez que dormí allí.
Tumbada en la cama viendo cómo las lámparas se movían con el poco viento que entraba por la ventana, recordaba mi infancia y esos pensamientos de por las noches, sobre la vida, el paso del tiempo y a veces también la muerte y pensaba en las espirales...

Esta mañana me he encontrado con un regalo: Pilar y Jose me han enviado la grabación de mi cuento "Leopoldo no es un dragón" que forma parte de un proyecto maravilloso llamado Dragonario lleno de imágenes y cuentos de dragones.

El cuento nació hace un año cuando me encontré con Pilar en la Feria del Libro de Madrid. Yo acababa de tomar la decisión de dejar de trabajar en la editorial de mi familia y darme un tiempo para buscar mi camino como escritora. Ese año era la primera vez en mi vida que no pisaba una caseta de la feria, desde niña he estado allí con mi madre, con mi abuela, con mis compañeros y también sola en esas mañanas frescas de junio.

Foto que le saqué a la ilustración en el Retiro
Entonces me acordé de que sería el último año que podría encontrarme con Pilar y Jose como libreros en su caseta y me acerqué a saludar. Como digo estaba de despedida de etapa y me daba un poco de pena andar por la feria. Nada más ver a Pilar me cambió el día, sobre todo por sus palabras "ven por detrás que tú eres de la casa..."

No fue ése su único regalo, allí me esperaba para darme un abrazo y contarme su nuevo proyecto.

La gente que da mucho, como Pilar y Jose, suele también recibir mucho. Pilar me contó que con motivo de su retirada de la librería sus amigos ilustradores les estaban regalando dragones. Entonces sacó una carpeta y me tendió el de Emilio Urberuaga ¿quieres escribir un cuento sobre él?

Acepté claro y mientras caminaba de vuelta a casa el cuento empezó a escribirse solo. Surgió de ese dragón un poco picudo de Emilio que me recordó a un topo. Nació de la tierra como las plantas y de la vida y de los momentos de mi vida y del descubrimiento, y de los libros del Dragón Lector y de las palabras y de dejar volar la imaginación.

Conocí a Pilar y Jose gracias al Principito por lo que no podían faltar algunos guiños. Cuando he escuchado la voz de Jose leer el título del libro "Existen los dragones" me acordaba de ese primer capítulo del Principito en el que nos cuenta lo de las boas abiertas y las boas cerradas. Luego llega Pilar haciendo de serpiente y se me saltaban las lágrimas (el primer año que conté con ellos el Principito yo hice de serpiente).

Leopoldo tiene algo más, creo que podría ser primo de Manolito Gafotas porque comparte padre de imagen. Manolito Gafotas es uno de mis libros favoritos, con los que más me río, de los que siempre recuerdo. Emilio Urberuaga también le puso cara a él...

Gracias por este regalo en el enlace podéis entrar a la página de Dragonario para leer la historia directamente o si lo preferís pinchar más abajo para escuchar el cuento completo con las voces de Jose y Pilar.

¡Volemos!