domingo, 10 de septiembre de 2017

Ahora puedes escuchar las gallinas de Maitina en la radio

Durante todo el mes de septiembre os leeré los capítulos de "Las gallinas de Maitina" que se publicarán cada viernes en el podcast Va por nosotras.


Ya podéis escuchar la presentación del libro, opiniones de las lectoras y el primer fragmento en este enlace.

Y por último una primicia, estamos a punto de agotar la primera impresión, esto me pone contenta a mí y a los de mi alrededor ¡gracias por vuestra confianza!



¿Todavía no conoces a mis gallinas? Entra aquí para saber todo sobre el libro.

viernes, 8 de septiembre de 2017

El rescate de los caracoles transparentes

Hoy continuaré con la historia de los caracoles transparentes sorianos porque después de escribirla en el blog, mi amiga Nuria Rita me contó una información relevante que hizo que apareciera otro relato.
Si no habéis leído el primer capítulo de los Caracoles transparentes, podéis hacerlo aquí.

Nuria Rita, la pequeña Editora con Carrito es un personaje de novela, aunque sea real.
Es una de esas personas que alimenta mi imaginación. Ella vive en  un mundo paralelo. Si por ejemplo le propones dar la vuelta a una manzana cada una por un lado y reunirte después, tú das la vuelta tan normal y como mucho consigues esquivar una caca de perro, ella te contará que conoció un chino, y que a pesar de que no conseguían encontrar un lenguaje común en el que comunicarse, le estuvo explicando el proyecto cultural en el que trabaja y el chino aceptó apoyarlo económicamente.

Escribí la historia de los caracoles transparentes hace poco y se la mandé a Nuria. Bastó un intercambio de mensajes en Twitter para que el contenido ganara todavía más.


Aquí tenéis una segunda entrega de los caracoles, esta vez "El rescate de los caracoles transparentes"

Hay gente machacona con su pueblo, gente que de tres frases que hace, dos son sobre lo bueno que es tal o cual cosa en su pueblo, ésos son unos principiantes al lado de Nuria.
_Mi pueblo tiene un lavadero, mi pueblo tiene un río ya seco perooo, mi pueblo...

Y dale que te pego con su pueblo, así es contínuamente. Un poco cansina, quizá, pero ella sabe que lleva razón e insiste.

_En mi pueblo han descubierto un caracol -nos dijo ese día.
_¡Enhorabuena! en el mío también cuando llueve,
_que no me entendéis, que han descubierto un caracol autóctono. ¡Si se llama Celtiberis en honor a Soria!

La conversación derivó por otros berenjenales, pero ella no se rendía, al día siguiente volvió a la carga, para que me creáis he traído una prueba. Aquí tengo seis, en ese momento sacó la famosa bolsita de plástico, que parecía más de pastillas que de especímenes autóctonos.

_No hay nada, Nuria, está vacía_ le dijimos entre risas
_No, no son minúsculos, aquí hay seis.
Acercamos uno a uno la cara a la bolsa. No había forma, no se veía nada.
_No los podéis ver, son transparentes. Les costó muchísimo localizarlos y sobre todo encontrar uno con vida.

En ese momento me vino a la memoria uno de mis cuentos preferidos "El maravilloso traje del emperador".

Ella nos dio una disertación científica sobre el descubrimiento de los caracoles. Todavía más complejo porque para justificar el descubrimiento de una nueva especie de animales hay que presentar pruebas.

Sería un caracol maravilloso y la bolsa de los seis transparentes,  la mejor prueba de que el pueblo de Nuria es un lugar fantástico, pero resulta que esa bolsa casi le desaparece.

En una ocasión se la dejó encima de la mesa de un bar, debía tenerla ahí para contar su anécdota preferida y en un despiste, la tiraron a la basura.Volvió en cuanto se dio cuenta, no le importó que fuera casi de madrugada y estar sola. El bar había cerrado. Se encontró en medio de la calle oscura con el contenedor de basura frente a ella y una gran determinación.

Si crees en algo, tienes que estar dispuesto a jugártela, por lo que ella, sin dudarlo, apretó la palanca del contenedor con el pie, era de estos grandes que hay que abrir con mucha fuerza. Tomó impulso y dando un salto de ninja de película, de esos que te levantan a tres metros del suelo a cámara lenta, entró en el cubo.

Todo muy llamativo si no fuera porque la tapa del cubo se cerró con la misma velocidad con la que se había abierto y Nuria quedó en la oscuridad, rodeada de basura. Esto no fue un problema porque llevaba su Blackberry y una de las pocas aplicaciones que tiene, es la de linterna. Nuria defendería a mansalva su dispositivo, casi tanto como su pueblo. Aunque si te quedas atrapada en un cubo de basura a altas horas de la noche, da igual las aplicaciones que pueda tener tu dispositivo, lo más importante es poder llamar para que te saquen.

Pero ella no quería que la sacaran, no mientras los caracoles autóctonos, minúsculos y transparentes estuvieran dentro. Tenía una misión: encontrar esos ejemplares y llevarlos a buen recaudo, un museo quizá, Casa tía Julia, a saber, cualquier lugar que no fuera la basura.

¿Los encontró? Claro que los encontró, buceó en el cubo, pataleó, rebuscó y con manos y dientes hasta localizarlos. Y una vez los tuvo, se le planteó un segundo problema, ¿cómo abrir el cubo desde dentro? La respuesta llegó después de muchos intentos, no se puede, la única alternativa es esperar a que alguien vaya a tirar su bolsa.

Horas después, una señora pulsó la palanca y estaba echando el brazo hacia atrás para lanzar la bolsa cuando Nuria se levantó como si tuviera un resorte y le dijo "¡no!" Levantando las manos. La señora dio un chillido, la bolsa cayó a sus pies, Nuria sujetó la tapa con las dos manos por miedo y empezó a explicarle. Estaba aquí buscando mis caracoles.

La señora del susto se dejó caer al lado de la bolsa, Nuria salió del cubo, se sentó a su lado y le puso la cabeza en el regazo mientras le abanicaba y continuaba con su historia.

Alguien debió llamar a una ambulancia, cuando llegaron Nuria le estaba contando a la señora que era una especie autóctona y transparente que...No pudo terminar la historia, la sirena la interrumpió y los del Samur le pidieron que abriera paso. Nuria Rita, respetuosa, dejó hacer al personal sanitario y después puso una tarjeta sobre la camilla de la señora, por si tenía interés en conocer su proyecto.

Ella se fue a casa,a poner los caracoles a buen recaudo. Hasta que en una mudanza pasaron a mejor vida. Quizá los caracoles sorianos sólo estén destinados a unos pocos y sea  mejor conservarlos en secreto.
Obsesionada por los caracoles, me hallo


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  • Momento de digresiones:


Para justificar la existencia de una nueva especie, hay que presentar pruebas, eso me recuerda al Principito, al capítulo del geógrafo. Aquí transcribo una parte maravillosa donde habla de cómo debe comportarse un buen explorador:
– ¡Usted es geógrafo !
– Exactamente – dijo el geógrafo – pero no soy explorador. Carezco totalmente de exploradores. No es el geógrafo quien va a contar las ciudades, los ríos, las montañas, los mares, los océanos y los desiertos. El geógrafo es demasiado importante para andar paseando. No abandona su escritorio. Pero en él recibe a los exploradores. Los interroga y toma nota de sus recuerdos. Y si los recuerdos de alguno de ellos le parecen interesantes, el geógrafo debe hacer una encuesta sobre la integridad moral del explorador.
–¿Por qué?
–Un explorador que mintiera provocaría catástrofes en los libros de geografía. (...) Entonces, cuando la moralidad del explorador parece buena, el geógrafo investiga sobre su descubrimiento.
–¿Va a verlo ?
–No. Es demasiado complicado. Se le exige al explorador que presente pruebas. Si se trata por ejemplo del descubrimiento de una gran montaña, se le exige que traiga de ella grandes piedras.
El Principito Capítulo XV






viernes, 1 de septiembre de 2017

Volver de vacaciones es mejor siempre con cuentos

Estas son fechas de transición, fechas extrañas en las que, si has vuelto de vacaciones, te dan ganas de ir en chanclas y con la toalla al cuello por la calle. Y si no estás paliducha y con una sonrisa en los labios recibiendo a todos los morenos porque estás a punto de irte.

Para los que hemos vuelto, dicen que es tiempo de aterrizar pero quizá no, quizá podamos seguir volando y para volar, la mejor compañía son las historias.

Hoy podréis escucharlas en vez de leerlas porque este verano he comenzado a colaborar con el podcast Va por nosotras, podéis leer cómo empezó todo aquí.

Las historias que os contaré, serán de esas que nos gustan porque son ficción de verdad.

Hace algunos años decidí hacer el Camino de Santiago y se me ocurrió la fantástica idea de que la experiencia no sería verdadera si no dormía sola en algún bosque.
¡Ocurrencias que se le ocurren a una!
¿Cómo iba yo a imaginar que durante la noche aparecería como salida de la nada y precedida por un sonido entre mecánico y siniestro una pata de palo seguida de un rebujo de huesos humanos?

Mira que tengo imaginación pero eso jamás lo pensé, de haberlo hecho, no me habría quedado sola en mitad de la noche, en ese bosque. Aquí podéis escuchar lo que pasó, podéis hacerlo en este enlace.

Con las primeras luces del día corrí hacia el pueblo más cercano en busca de un lugar donde refugiarme. El lugar fue el bar, el único sitio abierto a esas horas. Estaba desierto, entonces escuché un carraspeo y di un brinco, en un lateral de la barra, en la penumbra, había un hombre fumando. Parecía borracho, eso era lo último que me faltaba. Él levantó la mirada, y me clavó los ojos rojos.
Entonces, me dijo
_¿La has visto?
Yo asentí. Me hizo un gesto para que me acercara, obedecí.
_¿Quieres conocer su historia?
Aquí tenéis la historia que me contó aquel hombre que también se había encontrado con el esperpento de la pata seguida por un enjambre de huesos. Tiempo después descubrí que ya Espronceda recogió esta historia que se lleva contando muchos siglos, el mismo tiempo que la pata lleva caminando sola, movida por no sabemos qué fuerza misteriosa.
Si alguien de los recién llegados a Madrid quiere escuchar cuentos de viva voz, hoy viernes 1 de septiembre a las 21.30 contaré con Los Encandilados en la Fuente de la Alcachofa del Retiro.
Será el Cuento del caracol zurdo, si no puedes venir y quieres escucharlo, puedes hacerlo aquí.
Esperemos que la pata no ande rondando por el Retiro.

¿Te ha gustado este podcast? Déjame un comentario para que sepa que pasaste por aquí.

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Escuchar y ver la entrevista que me hicieron en Va por nosotras
Escuchar el Cuento del Caracol Zurdo
Conocer mis publicaciones

lunes, 14 de agosto de 2017

Amplío mi radio de acción, empiezo a colaborar con el podcast "Va por nosotras"

Durante el mes de agosto comienzo a colaborar con el programa de radio “Va por nosotras” en la sección dedicada a audio relatos. Aquí podéis escuchar dos relatos cortos*: el primero “Las plumas son para volar” locutado por Marta Yébenes, una de las componentes del programa y el segundo “Jeremy el caracol zurdo” contado por mí.

Todo preparado para contar la historia de Jeremy el caracol zurdo 
Los caracoles han dado mucho de sí, la semana pasada publicaba la historia de los Caracoles transparentes del pueblo de mi amiga Nuria (también real) y ésta tocaba publicar el cuento del caracol zurdo. Incapaz de relacionarse íntimamente con sus congéneres, sólo porque su caracola girara hacia el lado equivocado. Esta historia está basada en caracoles reales, podéis encontrar más información en Internet.

Inicio mi experiencia de contar en la radio, por favor escuchad teniendo en cuenta que estoy empezando. De hecho he querido contar el relato, y no leerlo, para mantener la frescura de lo oral. Ya iremos viendo cómo evolucionan los siguientes relatos.

La colaboración con “Va por nosotras” surge a raíz de la entrevista que me hicieron en el programa durante el mes de julio, que podéis escuchar en este enlace si todavía no la habéis escuchado.

*¿Cómo puedo escuchar el enlace? Si entras a través del PC lo podéis escuchar aquí directamente



Si es a través del móvil, tenéis que tener una aplicación específica para Podcast (como IVoox) o hacerlo a través de Itunes.

Si os gusta, compartid, si pasáis por aquí, dejad algún comentario para que sepa de vuestra visita! ¡Gracias!
La próxima semana toca un cuento de miedo.

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lunes, 7 de agosto de 2017

"Las gallinas de Maitina" un fenómeno de masas

Casi cuatro meses después de su publicación, "Las gallinas de Maitina" se ha convertido en un fenómeno de masas.

Las gallinas: Clara, la Punki, las Hermanas y la Gris, son conocidas en todo el Valle de Arce y alrededores, también más allá donde se forman verdaderas filas de nuevas lectoras que acuden en manada a comprarlo.

¡No te quedes sin tu ejemplar de la primera edición! En este enlace puedes ver dónde encontrarlo. Desde librerías, pedirme que te lo envíe y te lo haré llegar firmado o pasar por Saragüeta, conocer a las gallinas en persona, y hacerte con tu ejemplar.
¡No le dejes escapar y veeee a buscarlo!


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Leer el artículo del Diario de Noticias "Una historia inspirada en las gallinas del Valle de Arce"
Conocer más a fondo el proyecto de "Las gallinas de Maitina"
Leer las primeras páginas de las gallinas de Maitina
Ver todas mis publicaciones

viernes, 4 de agosto de 2017

¿Cómo encontrar un caracol minúsculo y transparente?

Los caracoles, aunque pequeños, dan mucho de sí y las historias sobre ellos son inversamente proporcionales a su tamaño. Ocurre lo mismo con mi amiga Nuria Rita Sebastián, una pequeña mujer llena de grandes historias, basta un rato con ella para que te cuente varias.
Un caracol en la bota de Cristina R
Como la de la especie de caracol que se ha descubierto en su pueblo, Ciria, una localidad perdida en los parajes sorianos. Nuria siempre encontrará alguna historia de allí. Es una gran admiradora de su pueblo. De hecho está trabajando en un proyecto llamado Casa tía Julia que consiste en rehabilitar la que fue la casa de su tía para que se convierta en un refugio de ideas.

Este invierno visité Ciria por primera vez, es un pueblo escondido al final de una carretera, donde cuando cae la niebla te puedes perder y aparecer en cualquier otro lugar. En su interior guarda un puente como recuerdo de por donde pasó el río y tiene un antiguo colegio con dos puertas y dos escaleras para que salieran por un lado las niñas y por otro los niños. Y por supuesto la casa de Nuria, un edificio que hay que saber mirar con sus ojos, como si fueran unas gafas mágicas que detrás de esos viejos muros te muestran lo que ella es capaz de ver.
Nuria consiguió convencerme y descubrí su pueblo pero le costó insistir en las historias maravillosas y espectaculares como ésta.

Acabábamos de conocernos, y estábamos tomando tranquilamente un té con unos amigos. Ella insistía en las bondades de su pueblo y en que debíamos ir. Como ya llevaba un rato hablándo, mi atención estaba bajando un poco, entonces ella, como buena narradora, picó mi curiosidad:

¿Sabes que han descubierto un caracol autóctono de mi pueblo?
Eso me dijo, creo que en ese momento no le estaba prestando mucha atención. Ella metió la mano en el bolsillo y sacó una pequeña bolsa, de esas que tienen un cierre de plástico.
—¡Tengo la prueba!
La miré, acerqué la cara a la bolsa intentando adivinar qué habría dentro y no vi nada de nada.
—Aquí dentro hay seis
—¡Y un circo de pulgas! —contesté entre risas.
Hablo en serio, son mínimos y transparentes, les ha costado muchísimo encontrarlos.
—No me extraña, siendo tan pequeños que no se ven ni en grupo.
Casi microscópicos y acuáticos me corrigió— ha sido muy difícil localizar uno vivo, es lo que piden para justificar la nueva especie.

La imagen de dos científicos en mitad del campo soriano, escavando en una fuente en busca de unos caracoles mínimos y transparentes, me hizo llorar de la risa. Quizá fue su empeño el que no dejó ninguno con vida, tanto cavar y cavar. Debe ser muy pero que muy complejo localizar un caracol transparente, al menos sabemos que se moverá despacio.

Una pequeña excavando
Le sugerí a mi amiga que para otra investigación similar, podían avisar a la congregación de Monjas Mínimas. Hay que tener fe para encontrar a un caracol de esas características. Ella continuó con su relato sin prestar atención a mis bromas. El caracol finalmente apareció y fue bautizado como Corbellaria Celtibérica tal y como explican en este artículo. En honor a su descubridor, Jorge Corbelia, y también al terreno donde fue hallado.

Entiéndase que respeto enormemente el trabajo de estos científicos capaces de encontrar piezas tan singulares, minúsculas y transparentes.

Tiempo después Nuria me pasó una nueva historia sobre caracoles, que guardé en el cajón de las historias que tengo que contar en algún momento porque son geniales. Es aún más desternillante que la de los caracoles mínimos, aunque no tiene nada que ver con su pueblo, cosa rara.
Próximamente podréis escucharla en un audio relato que acabo de grabar y que saldrá publicado el día 11 de agosto en el programa Va por nosotras.

¿Te gustó esta historia? Compártela para que llegué a más oídos.

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domingo, 30 de julio de 2017

Contando cuentos entre paréntesis y gatos en el programa de radio "Va por nosotras"

Una foto que da buena onda 
El día 24 de julio fue mi cumpleaños y el 25, de regalo, publicaron el programa de radio "Va por nosotras". Me encanta la radio, la escucho desde siempre. Cuando era pequeña mi madre tenía un transistor (porque antes la radio se escuchaba en transistores)... Contarlo así me hace sentirme mayor, en realidad sólo quería usar la palabra "transistor".
Mi madre tenía un transistor pequeño que llevaba por toda la casa: ponía las noticias en el desayuno, lo dejaba en la cocina mientras cocinaba o en el baño mientras se duchaba.

Cuando me fui a vivir sola, me imponía mucho los sonidos de una casa vacía y un amigo me dijo: ¿por qué no escuchas la radio? Entonces me hice con mi pequeño transistor y empecé a llevarlo por toda la casa.

Ahora a veces la escucho en el transistor que heredé de mi madre, otras en el móvil, pero las historias, las noticias y las tertulias me siguen acompañando. Por eso me parece tan especial la oportunidad que me dieron desde el programa "Va por nosotras" de participar y además hacerlo para compartir  mis proyectos y contar cuentos en antena.

Allí estrené la versión oral de un cuento sobre paréntesis y uno de los relatos que aparece en mi último libro "Las gallinas de Maitina", el resultado puede verse y escucharse. Os dejo aquí el vídeo y más abajo el enlace del podcast por si preferís escucharlo a la vieja/nueva usanza.
Espero que os guste.



Aquí podéis escuchar el podcast el programa: Érase una vez las cuentacuentos

miércoles, 19 de julio de 2017

Gallinas de toda España planean escapar hacia Saragüeta

Y para muestra un botón, nos ha llegado este vídeo de una conversación robada entre dos gallinas que comentaban de la existencia de unas gallinas que sólo mueren de viejas y de lo bien que se vive en el gallinero de Casa Monaut, sólo pueden haberse enterado a través del libro "Las galllinas de Maitina"



Quizá te interese:
Saber por qué las Gallinas de Maitina fueron noticia
Leer cómo empezó esta historia en "Con la piel de gallina". Este libro se cocinó en Mar Abierto y después pasó a ser libro, aquí puedes ver sus primeros pinitos.
Ver el libro original y leer sus primeras páginas

martes, 27 de junio de 2017

Las gallinas de Maitina son noticia

Las gallinas de Maitina ha salido en la prensa navarra. Yo estaba escribiendo una crónica de la feria, lo hacía a ritmo lento y mientras tanto,ellas han sido noticia. En este enlace podéis leer el artículo publicado en el Diario de Noticias de Navarra escrito por Patricia Carballo que tan bien refleja el alma de este libro para que leáis por vosotros mismos y a continuación mi crónica.



Mi tercer libo "Las gallinas de Maitina" nació en plena Feria del Libro de Madrid. Surgió la posibilidad de presentarlo allí y para más inri Maitina decidió acompañarme en ese gran día.

Ése fue el planteamiento de origen, después llegó la gran pregunta ¿quién vendrá a la firma? Recuerdo en mis paseos de antaño por la feria ver a algún autor novel tumbado encima de sus ejemplares observando el río de gente. Por supuesto si te posabas cerca, se moría de ganas de contarte su libro. Así fue cómo acabé con un libro de coaching y cine que tampoco necesitaba especialmente, sólo por darle un alegría a un novel solitario. Me lo contó con tanta ilusión que no pude resistirme.

Siempre que te planteas un reto hay un momento de salto al vacío, dicen que es ahí cuando aparece la red, en este caso la red habéis sido mi público fiel y sólo puedo daros las ¡gracias!

Vinisteis tantos que hubo cola ¡sí! Había una fila. Una amiga que vino y estuvo pacientemente esperando hasta el final, me contaba que cuando la gente veía la cola pasaba y miraba y luego preguntaba pues está firmando Las gallinas de Gallinas de Maitina ¿te suena?
Pasaron por la caseta una abuela con su nieto, desconocidos para mí. La abuela se interesó por mis libros y empezó a preguntar sobre Oyraborá y el nieto se dejó caer con suavidad encima de los libros y se apoyó sobre las manos como si fuera a dormir la siesta. 
Yo le contaba que Oyraborá es la historia de la creación de un mundo diferente, un mundo donde hay tres soles que van apareciendo poco a poco y con el nacimiento de los soles, llegan nuevas eras...Entonces la abuela miró a su nieto y le dijo "Marco no te estás enterando de nada", el niño se incorporó y mirándome muy serio repitió palabra por palabra lo que yo había contado. Después la abuela le preguntó si le gustaba y él dijo "me flipa".


No sé clasificar mis libros, por ejemplo Oyraborá nació como un relato para adultos y después pidió ser ilustrado, con las ilustraciones tan coloridas, de Ana Cardona, la gente empezó a preguntarme que si era para niños. A lo que yo suelo contestar que es para el niño que hay en ti. Algunas lectoras lo han puesto a prueba con sus hijos, de ahí he recibido comentarios como que parece un sueño, eso lo dijo Hugo y su hermano Drago, que se había quedado dormido mientras su madre le leía, al día siguiente recordaba exactamente el punto donde se lo llevó el sueño y quería continuar con la lectura. También está Dani al que cuando sus padres le leen el libro porque todavía es muy peque como para hacerlo solo, les fríe a preguntas de por qué hay tres soles, por qué están las Cuentagotas recogiendo el agua, por qué...
Todos los pequeños lectores pasaron por la feria, ahora tengo que quedar con Dani porque tiene la exclusiva de la primera entrevista sobre Oyraborá.

 Me alegró ver a mis incondicionales, que antes de abrir, estaban esperando fuera a pesar del calor. Encontrarme con mi familia, mi tía se acercó con la lagrimilla porque acababa de oír mi nombre por megafonía. Menos mal que desde dentro de la caseta no se oía, lo llego a oír y se me cae la lagrimilla a mí también.

Ah y agradecer las fotos que me habéis pasado del evento. Esta la hizo Sole y me gusta mucho, mucho. Me ha sacado el lado bueno. Ya me ha dicho la gallina Punki que le pida que venga a Saragüeta a hacer un reportaje.


Días antes de ir a la Feria estuve en Casa Monaut, quería enseñarle a Marcela Mora y al resto de gallinas cómo había quedado el libro. Las gallinas estaban felices del resultado, eso sí cuando les dije que alguien tenía que venir a la feria en representación y que, después de hablarlo con Maitina, nos parecía que lo más equitativo era que viniera ella. ¡Cómo se pusieron! Montaron un revuelo que no veas. Intenté explicarles que si venía una gallina, las latxas dirían que por qué no iba una latxa y por supuesto Karol (la yegua del cencerro) diría que le corresponde a ella venirse conmigo, así que me pareció lo mejor contar directamente con Maitina. Sólo se quedaron tranquilas cuando les prometí que para próximas ferias intentaría llevar una representación más amplia.

Todavía no les he contado que hemos salido en el Diario de Noticas de Navarra para que no se les suba el ego demasiado, pero a vosotros sí os puedo enseñar el artículo que apareció este domingo en prensa:


Puedes ver aquí las primeras páginas de Las gallinas de Maitina
Aquí puedes empezar a leer Oyraborá
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domingo, 4 de junio de 2017

¡Vente el miércoles a la Feria del Libro de Madrid!

El próximo miércoles estaré firmando en la Feria del Libro de Madrid, y firmaré toda mi obra publicada, así dicen de los escritores famosos en la feria "Fulatina de tal firma toda su obra en la casteta, y en la caseta...". Toda mi obra por ahora son tres libros: el recién estrenado "Las gallinas de Maitina" , el cuento ilustrado "Oyraborá" y también el "Gato enamorado" (en los enlaces podéis ver las primeras páginas de los tres).


Estoy feliz de ver cómo lucen, todos ellos han nacido después de mucho trabajo y dedicación.
Nacen de una mezcla de facetas: la de narradora, la de escritora, la de editora. No tengo paciencia a veces para seguir los procesos estándar, para llamar a puertas, para esperar a que otros decidan si quieren publicar mis relatos o no...Así que a veces, me lío la manta a la cabeza y los saco yo. Eso sí, si apareciera algún editor o editora interesado en publicarme ¡yo encantada de la vida!

Firmo en la Feria del Libro de Madrid

Es lo que tiene tener un perfil mixto, en esta sociedad en la que vivimos normalmente nos identificamos con lo que hacemos, mucha gente cuando te acaba de conocer te pregunta ¿a qué te dedicas? o ¿dónde estás ahora? Esa segunda pregunta me encanta porque yo suelo contestar que aquí.
Bien pues yo soy narradora y no hay narrador sin público, es una profesión que nace del encuentro, de la escucha, de la mirada y del compartir. Para mí no tiene sentido escribir estas líneas si tú no las lees. En realidad sí, necesito escribirlas y si tú las lees es un placer compartirlas...Supongo que decir eso, como respuesta a un ¿a qué te dedicas? es demasiado para el body...

Por eso es especial estar el miércoles en la feria porque es la culminación de un proceso, de un sueño y el momento de compartir que ¡han nacido las Gallinas de Maitina! y ¡Oyraborá! El otro día tras una representación alguien del público se acercaba y me decía que se lo había pasado muy bien, que se había reído mucho ¿hay mejor regalo que ese? Para mí el mejor regalo es emocionarnos juntos, conmovernos, movernos con.
Udi, Matina,una gallina y yo delante del gallinero con el libro 
Cuando conocí a Maitina me llamó la atención y quise conocerla más en profundidad.
Le pedí si podía ir a pasar unos días con ella a Saragüeta y entrevistarla, ella me invitó. No hizo falta la entrevista, compartimos uno semana de conversaciones, paseos y también silencios. Me fascinó su relación con los animales, estar cerca de ella es encontrar motivos e historias constantes o por lo menos yo los encontré. Y de ahí nacieron las ideas, volví a Madrid y empecé a escribir las gallinas, al principio como publicaciones del blog y después como un libro.

Con ese tempo, con esa curiosidad y dejando que las cosas se fueran formando, así poco a poco: a Cuentagotas.

Las Cuentagotas son también personajes de otro cuento, de Oyraborá. Son unas mujeres mágicas, las que le cantan a la piedra, para recoger las gotas de agua que cuelgan de las paredes de la Cueva que se tragó el océano. Ellas toman las gotas en sus manos y las insertan en hilos de plata.
Oyraborá otro cuento que nació hace poco y que el hijo de una amiga describió como un sueño.

De ahí viene el logo de "Libros a cuentagotas" este proyecto, una mujer que transporta agua en un cántaro por el desierto, pero no cualquier agua sino un agua pura, un agua filtrada durante miles de años a través de la pared de roca. Las gallinas es el primer libro que lleva el sello, un sello de edición slow que tiene su tempo propio y que se irá abriendo como hacen las flores, poco a poco.
Y poco a poco, gota a gota también va tomando forma mi sueño, mi sueño de compartir lo que escribo, de tocar la belleza y el sentimiento y de mostrarlo.
En la película "Shakespeare in love" definen el teatro como una concatenación de obstáculos que finalmente se van resolviendo hasta que todo termina bien. ¿Cómo? Es un misterio. Ester proyecto vital es así, una concatenación de eventos que se van resolviendo hasta que al final terminará bien, contando con el misterio ¡claro!
Además quiero dedicarle este momento a mi tía abuela que falleció recientemente, ella que me acompañó hasta el final, ella que revisó mis publicaciones, ella que también ocupó muchos papeles pero el principal, fue mi abuela. ¡Va por ti!


El libro de las gallinas se terminó de cocer durante la Feria del Libro de Madrid, por eso pensé que sería bonito presentarlas allí. Y me dieron la oportunidad de presentarlas montada en un dragón, como Atreyu en La historia interminable. Estaré en el Dragón Lector, ¿qué mejor lugar?
Luego vino la sorpresa cuando de manera natural nos pareció que Maitina podía acompañarme, ella vendrá desde su valle a la capital porque Maitina existe...así lo dice la parte de atrás de su libro: "Advertencia: este libro está basado en hechos reales, cualquier parecido con la realidad podría ser, efectivamente, real"
Es la primera vez que estoy con Maitina en Madrid. Ella se ofreció a traer alguna gallina pero luego pensamos que la mejor manera de conocerlas es a través del libro y después, una vez puestos en antecedentes, si queréis las visitáis in situ, ¡adelante!.

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miércoles, 24 de mayo de 2017

Adios tía Cari

Ayer falleció mi tía abuela Cari, mi tía Cari, Cacari. Tenía noventa y tres años, hace muy poco que en su casa miraba con ella las correcciones que había hecho a “Las gallinas de Maitina”, corregía a lápiz, para no manchar, aunque las páginas las hubiera impreso para ella, para que viera bien, a doble espacio ¡qué letra más grande, qué gusto!

Tía Cari escribe a boli, no que no quiero manchar, pero si son para ti…Correcciones a lápiz hechas con uno que ya había vivido bastante, por eso había que ponerlo en el portalápices, ése que llevaba su nombre para que en la editorial no se lo quitaran los demás.
Tenía muy pocos caprichos, muy pocos excesos, era pequeña como sus manos, como sus pasos.
Si es que vuestros pies son más grandes, un paso vuestro equivale a tres míos. Caminabas con ella y era fácil no darte cuenta y correr algo más, ella no se quejaba, pero si atendías podías escuchar sus pasitos, intentando llevar el ritmo ¿vamos muy rápido?
Vente a casa tía Cari que luego volvemos andando y es todo cuesta abajo. Y venías y me traías una vela a pilas, esa que yo quería regalarte, porque parece de verdad. No entiendo las velas a pilas…te puse una vela encendida, podíamos haberla estrenado, dijiste. Ayer la encendí, ahí está iluminando, aunque esta noche en tu casa se fue la luz. No se fue, te la llevaste tú…
Estuvo en mi casa hace poco, le enseñé la hamaca que me regalaron colgando porque ya es verano. Con los encajes que hiciste es todavía más bonita, me gusta tumbarme ahí tía Cari porque me arropa . Ahora se bambolea vacía con el viento, las golondrinas vuelan fuera y en el balcón el hueco para poner el esqueje de incienso que me habías preparado.

La tía Cari, de pasos pequeños, de manos pequeñitas. Ésas con las que jugaba a la hormiguita con Olivia “ota ves”. O pintaba una mano en un papel y luego le ponía anillos y un reloj.
Esas manos mañosas que todo lo cosían, que todo lo arreglaban, ésas con las que te hacía cosquillas incansables
.
Una mujer querida y queriente, que vivió siempre dedicada a la familia y a los que tenía cerca con total generosidad.

Con ganas de aprender cada día, hasta el último, con ganas de vivir, resuelta en su sencillez, que nunca quiso "dar la lata" pero estuvo siempre para cuidar. Dime cuando vayas al médico y yo te acompaño, ay tía Cari, vamos al cine mejor, ya sabes que yo no soy muy de cine, pues a dar un paseo, cuando llegue el buen tiempo.

A veces contaba de cuando fue Dama de la Cruz Roja, ayer encontré una foto está vestida de blanco entre otras amigas, está feliz. Ella no habría aceptado la palabra “dama” se vería muy grande, siempre fue la señorita Cary. Pequeña gran mujer.

Caridad Morata, la segunda empezando por la izquierda
Cuando la tristeza hacía que el cariño, la caricia, la cercanía, costara y no éramos capaces de decirnos, porque eso sería echarnos a llorar, nos cogíamos de la mano y apretábamos fuerte. Ella agradecía un chiste y luego decía eso de ya sabes que yo os quiero mucho y yo le decía que sí que sabía que claro, que cómo no saberlo.

Los amigos llaman para dar el pésame y dicen: la tía Cari falleció…Era la tía de todos, tenía un corazón inmenso que latió hasta que ya no pudo más.

Se va una pequeña gran mujer, una dama. ¡Abran paso a Caridad Morata! Caminos de flores, arcos de viento, luces de luna. Allá va directa al cielo.

lunes, 22 de mayo de 2017

Llega mi nuevo libro "Las gallinas de Maitina"

Sí, se han hecho de rogar pero finalmente llega el libro completo de "Las gallinas de Maitina" y mola un huevo.

Eso no suena muy serio, ¿verdad? Empecemos otra vez, resulta que la gallina Marcela Mora, una de las habitantes del gallinero de Maitina, descubrió la riqueza que tenía la tradición oral de los animales de Casa Monaut y fue recogiendo historias de las ovejas, las yeguas, el perro, el gato y por supuesto de las gallinas. Después por estas cosas que tiene el destino, la gallina Marcela y yo nos conocimos y me ofrecí a transcribir sus descubrimientos.

Nace así "Las gallinas de Maitina" para mí la primera vez en mi vida que trabajo en conjunto con una gallina y sinceramente, espero que se repita.
Pero como una imagen vale más que mil palabras, os dejo aquí las primeras páginas del libro para que valoréis por vosotros mismos.

El libro ya está en el horno, los ejemplares me los podéis pedir a mí directamente.
Estoy muy emocionada porque también es el principio de otro proyecto que se llama Libros a cuentagotas y que inicia su andadura con esta primera publicación.

El próximo miércoles 7 de junio estaré firmando en la Feria del Libro de Madrid de 18:00 a 21:00 en las Casetas número 75 y 76. Todo mi agradecimiento en las amigas del Dragón Lector que me acogen allí.

lunes, 15 de mayo de 2017

Las plumas están hechas para volar


Hoy encontré una pluma de buitre. Me la regalaste en Tiermes cuando trepábamos desde canales rojos labrados por los romanos. Cuánta historia, ¿verdad? ¡Cuántas historias!
La guardé en un bolsillo lateral del bolso para no perderla o puede que para encontrarla en este viaje en que me faltas.

Atravieso el puente más antiguo de Budapest: El puente de las Cadenas, mientras escucho el viento soplar. Llevo tu pluma en la mano, la acaricio con los dedos y siento su textura suave. Estoy en el centro del puente, me paro y observo el agua pasar y mi sombra y la sombra del puente proyectadas sobre el agua. Todo pasa: pasa el agua, pasa el puente, pasa la sombra, paso yo.

Saco la pluma del bolsillo, quiero tirarla aguas abajo, liberarla, que el río la lleve donde quiera. Justo cuando la suelto el viento deja de soplar. No sopla ni una brisa, la pluma se detiene en el aire, luego se desliza a la altura de mis pies al otro lado de la barandilla y se posa. No puedo cogerla sin riesgo de caerme, la miro, ahí está totalmente quieta. Estoy a punto de irme como una niña enfadada, entonces una ráfaga de viento sopla y la pluma inicia su viaje pero no hacia el río como yo imaginé sino que vuela por encima de mi cabeza, otra racha más fuerte y sube todavía más alto separándose del puente, con la siguiente ráfaga sube en zigzag como si fuera un pájaro, me cuesta seguirla está muy lejos ya y se confunde con las colinas de Pest.
Vuelve a aparecer una última vez, un pájaro va hacia ella, vuelan juntos, la pluma, mi pluma continúa su camino: arriba, arriba, arriba hasta perderse en el cielo mientras una frase resuena en mi cabeza: las plumas son para volar.


***
Aquí podéis escuchar una canción húngara es de una cantante que quizá conozcáis por una nana que aparece en el Paciente Inglés, se llama  Márta Sebestyén.

domingo, 7 de mayo de 2017

El viento en el cuento, el cuento en el viento (historias del Cuenbate)


Ayer terminó el Cuenbate edición 2017 y gané. Me  hace ilusión porque el año pasado me quedé a las puertas. Aunque esto de ganar en algo artístico es muy relativo ¿se puede competir en belleza?¿en emociones? Creo que no.
Pero me gusta la idea de juego en la que el público vota y  participa en la actuación.  Es divertido y luego la gente está pendiente del resultado como en los partidos del Madrid Barça. ¡Ojalá tuviéramos ese quorum! Como siempre le digo a Alberto Guerra Obispo, que es el creador del evento: el Cuenbate me gusta.
Por supuesto el Cuenbate es lo que es gracias a los oponentes, desde aquí un saludo cariñoso a Diana Irazabal, Israel Hergón y Luis del Amo.

Esta vez fui cuentoautora, esto es conté un cuento de mi propia cosecha. Parte esencial del trabajo en narración es elegir la historia que vas o contar, o quizá sea más adecuado decir que parte esencial de nuestra profesión es dejar que la historia te elija. Enamorarte de ella. Cuando miras con los ojos muy abiertos descubres que el mundo está lleno de historias, anécdotas, cuentos que nos cuentan o nos contaron, canciones,...En el fondo son esos lugares, esos retales, esos detalles que nos emocionan de alguna forma, por algún motivo.
Cuando encuentras esa chispa, impregna toda la narración y cuando la compartes con el público simplemente emociona. Es algo sencillo y a la vez complejo. Como una flor, o una estrella¿alguien puede explicar su belleza?

Ayer fui cuentoautora porque el cuento que conté lo había escrito yo. Está basado en algunos hechos y tiene algunas influencias, por supuesto. Las historias, como las pinturas, las canciones, las esculturas, como nosotros mismos, están hechas de retales de vida.

Concretamente el cuento del viento y el viento del cuento nace de un viaje al mar. Hicimos escala en Consuegra y pude visitar un molino y aprender cómo funciona y descubrir en cada uno de los ocho ventanucos de arriba del molino los nombres de los vientos. Vientos que cuentan historias: Ábrego, Moriscote, Villacañero, Matacabras, Toledano, Cierzo, Levante, Solano. Vientos de la Mancha con otro carácter de los vientos del este que yo conozco: Siroco, Tramontana,...Con un carácter  diferente que los vientos que nombran en una de mis pelis favoritas "El Paciente Inglés".

Y luego fueron llegando otras ideas, como las hojas que arrastra el viento en otoño. Los retales de una historia de amor, enmarcada en el viento, un encuentro en mitad de una tormenta de arena. La historia de un ejército que se enfrenta a un enemigo invisible y termina desapareciendo para siempre.
En el  libro de El Paciente Inglés te cuenta de manera muy detallada como Kip el zapador encuentra una mina y busca cómo ha sido activada, intenta entender a quien la ha puesto ahí para poder desactivarla. Cómo ha ocultado la mina bajo cemento, cómo ha pintado los cables para que no se reconozcan, cómo ha invertido los cables. Tiene que estudiarla para ver cómo está hecho.
Yo buceé en la película, en el libro, en la persona de Álmasy, pasé semanas cantando la canción de Szerelem, una canción húngara que me llegó como un regalo días antes de visitar Budapest.


Encontrar la letra y la traducción, intentar cantar ese lenguaje enrevesado y bello a la vez que es el húngaro. Leer que quien canta la canción en la película es una cantante tradicional húngara que ya oía esta canción dentro del vientre de su madre y saber que ahí hay más historia.

Ponerme a cocinar el texto y descubrir que es fértil como un oasis en el desierto que sus historias, llaman a mis historias y todas se entrelazan como si tuvieran sentido, como si en realidad las estuviera descubriendo y no creando. Como si este cuento que está naciendo, se tejiera con los otros que ya son, los que fueron y los que serán.


Cuando las cosas fluyen así, cuando sientes que te nace una historia sólo queda contemplarlo y disfrutar. Y después por supuesto compartirla, ¿qué sentido tendría si no? Y encontrarme con todos vosotros ahí de nuevo, con vuestras caras de niños, con vuestra atención, con vuestros ojos redondos, con vuestras bocas abiertas, con ese silencio atento que me regaláis, con esos aplausos y esa emoción y esas historias que me contáis de vuelta.

No tiene precio, miles de gracias por estar.  Miles de gracias por venir, por compartir, por estar atentos, y por seguir ahí.

Si queréis saber de próximas contadas, dejadme vuestros datos en el formulario de más abajo y prometo manteneos informados porque las historias siguen naciendo, nacen cada día y yo quiero compartirlas.

Si queréis comentarme algo, darme alguna idea, hacer alguna crítica (constructiva) podéis escribirme a mardelrey24@gmail.com


miércoles, 22 de marzo de 2017

Tortugas en Atocha

Atocha es una estación de trenes sí y también una estación tropical. Aunque en su interior no haya lluvias tropicales, sí crece un jardín con otro tipo de viajes y conexiones.
Las vías horizontales desaparecieron para dejar paso a las plantas que ahora crecen verticales hacia el cielo.

La estación tropical tiene otro ritmo muy distinto del de la otra estación. Sobre todo tiene habitantes. Las tortugas, ésas que se apilan sobre las piedras del  pequeño estanque de la entrada. Puede que unos y otros las hayan ido dejando allí cuando el vigilante estaba despistado. Aunque delante del estanque hay un cartel que dice: "prohibido abandonar tortugas". Entonces, si la gente ha sido obediente, puede que las torguas hayan llegado hasta allí viajando, por su propio pie y todavía están esperando un buen transbordo.

Hace años del jardín tropical salían trenes, dentro de poco serán las tortugas quienes comiencen a salir de la estación tropical. Llevarán a los niños subidos en su caparazón. Pero todavía hay que esperar, porque esas tortugas vivirán muchos años, quizá más que quienes las dejaron allí. Dentro de unos años ellas pasearán entre los andenes de una nueva estación, serán ellas quienes irán de un lado para otro, cambiando de andenes o en busca de un taxi.

Así lo ha contado la estatua del hombre que lee esta última noche. Y así se la ha escuchado contar uno de los vagabundos que duerme escondido entre las plantas del jardín tropical. La estatua les ha dicho a las tortugas que está escrito, que ellas serán las próximas viajeras. Al vagabundo no le importa que la historia sea verdad o mentira, sólo quiere que cuando la estación se quede vacía, la estatua que lee,  les lea en voz alta a las tortugas, sólo eso.




viernes, 20 de enero de 2017

La primera clienta de la mañana


Reflejo del Templo de Debod de esa mañana
Todavía es temprano y hace frío, camino rápido, nada más pasar el escaparate me doy cuenta de que acabo de dejar atrás la tienda. Retrocedo y me asomo, la luz está apagada, aunque en esas tiendas la iluminación es escasa. Agarro el pomo de aluminio, tan frío como la mañana y empujo la puerta. Clin, clin, clin, un sonido de campanitas riega mi cabeza mientras la puerta se abre, es un sonido acogedor muy distinto del canto eléctrico de los felpudos, ése nínaaaa que parece un quejido más que una bienvenida.

Observo a mi alrededor carcasas de móvil, protectores de pantalla y todo tipo de complementos precintados que cuelgan de las paredes como las teclas de un piano de plástico. De repente veo al dependiente mover la cabeza desde el mostrador en lo que parece un saludo somnoliento, ¿estaba ahí antes o acaba de materializarse? Quizá permanecía oculto con la privacidad que dan los mostradores repletos. 

Quiero un protector de pantalla, de esos que se pegan sobre el teléfono como si fueran un cristal. Mientras le explico saco mi móvil del bolso y se lo muestro, él lo coge y acaricia un rayajo profundo que tiene en la parte superior. Luego lo deja con suavidad sobre el mostrador y comienza a buscar entre los distintos modelos que cuelgan de un gancho a su lado.
Saco el monedero, sólo llevo un billete de cinco euros.
—¿Qué precio tiene? —
—Ocho euros
Consigo encontrar una moneda de euro, ya van seis.
—¿Puedo pagar con tarjeta? 
— No, no…
Cojo mi móvil y me doy la vuelta hacia la puerta, entonces iré a sacar, estoy a punto de decirle pero él ni siquiera me deja empezar la frase.
—Déjame tu móvil, yo puedo poner el protector de pantalla.
—Gracias, pero no tengo suficiente.
Entonces me mira, sonríe. Eres la primera clienta de la mañana, no puedo dejar ir así ¡es la tradición! Quiere saber si vivo cerca, más que una pregunta es una afirmación. Le digo que estoy de paso.
Vuelve a extender la mano hacia mí, realmente da igual lo que conteste.
—No importa, cuando vengas me traes los dos euros y listo. Dame.
Sonrío y le tiendo el móvil.
—¿De dónde eres?
Él no me contesta, ni siquiera levanta la cabeza, está sacando el contenido de la caja: además del protector, hay dos sobres de toallitas empaquetadas por separado.
—¿Cuál es tu origen?
—Bangladesh—contesta finalmente, lo hace rápido, luego vuelve a la tarea. Abre el sobre marcado con el número uno y limpia la pantalla de arriba abajo con el mimo con el que acaricia una madre. La pantalla se convierte en el suelo de una pista de baile. 
Paseo la mirada por su silla, es negra e imita a cuero, ¡deben de venir de serie con este tipo de local! Incluso el respaldo desgastado que deja entrever el relleno parece el mismo en todas. Miro al suelo esperando encontrar alguna pelusa o polvo, pero no, está tan limpio como la pantalla de mi móvil.

Ha llegado al paso más difícil, posar la pantalla protectora sobre el cristal. La separa del papel que la cubre y la deja caer mientras frota con la segunda toallita. El aire se acumula en pequeñas burbujas a lo largo de toda la superficie como si hirviera, él las va llevando hacia una de las esquinas del móvil, donde mantiene el protector separado con el pulgar. Las burbujas salen liberadas una detrás de otra. Sus manos me recuerdan a las del Señor Antonio el mecánico de Melgaço.

La primera imagen que tuve de él era a la puerta del taller, secándose las manos con un paño demasiado blanco para ser el de un mecánico.
Tengo que verlo para asegurarme pero con ese sonido, seguro que el tubo de escape. Llegamos hasta el señor Antonio gracias a la hija de la señora Rosa, la dueña de la funeraria. En Portugal todo el mundo se llama señor y señora lo que le da una formalidad antigua al trato. Le preguntamos por un taller a la hija de la señora Rosa, la hija llamó a la madre, la madre pidió un minuto y caminó hasta el taller del Señor Antonio para ver si estaba disponible, y éste, por supuesto, dijo que sí.

Vayan a tomar un café y yo les llamo en un momento. A la vuelta nos invitó a bajar al túnel para mostrarnos la avería. Esos túneles que parecen pozos y que cuando te piden que metas el coche dan como vértigo. Desde ahí nos explicó, como si fuera un cirujano a punto de hacer una gran intervención, que iba a soldarlo por allí y por allá y que tardaría algunas horas. 

Pasamos el día paseando y charlando por Melgaço, hubo más charlas que paseos porque el pueblo rápidamente se nos agotó. Por la tarde, el señor Antonio nos avisó. Le encontramos de nuevo en la puerta con su paño. Nos acompañó dentro y posó la mano sobre el capó mientras contaba la reparación. Antes de separarse del coche, le hizo una caricia suave, de esas tímidas de amantes que se saben observados, y mirando al suelo dijo que le había puesto aceite. Seguro que le puso el mejor.

"Es un buen teléfono" me dice el dependiente. Sonríe y le hace una caricia parecida a la del señor Antonio. Luego mira el protector de pantalla que acaba de colocar, y señala una mancha. Escucha, cuando vuelvas a traerme los dos euros, te cambio el protector, tiene una mancha ¿ves? Tú vienes y yo te pongo una nueva. Vuelve a rebuscar entre los modelos que cuelgan, ahora no tengo más de la tuya ¿ves?, cuando vuelvas yo la cambio. 

Le doy las gracias y le pregunto su nombre, dice que se llama Simón aunque no creo que ese sea su nombre real, me da la sensación de que se lo ha cambiado para ponérselo fácil a quien le llama, es ése tipo de persona.


La tienda de Simón está en la calle Luisa Fernanda de Madrid en la acera de la derecha según vas hacia el templo de Debod. Si pasáis por allí, enviarle un saludo de mi parte, hay varias tiendas de este tipo pero si tiene que ser entraréis en la suya.

*** 
Ese ritual, esa atención tan oriental, me recordó a uno de mis libros preferidos, es un libro oriental, lleno de cuentos que me regaló mi amiga Isabel, se llama "Narradores de la noche" de Rafik Schami. Uno de los capítulos que más me gustan es el que está dedicado a un emigrante. El autor conoce bien esta realidad porque él emigró a su vez aunque ahora quizá después de tanto tiempo haya pasado a ser mestizo: medio alemán, medio sirio. De hecho la edición de mi libro está traducida del alemán. He descubierto hoy que su nombre es un seudónimo que significa:  amigo de Damasco. El autor es un árabe de pura cepa, como él dice en este capítulo, en su familia habrá habido un poeta en cada generación y él es poeta en la suya.

El capítulo cuenta la historia de Tuma el emigrante, un hombre que salió de Latakia saltando al mar a pesar de que no sabía nadar, huyendo de una guerra que no es la de ahora, y consiguió llegar hasta América. 
He buscado Latakia en wikipedia para encontrarme con una ciudad hecha jirones, sirva este pequeño texto como un recuerdo para sus habitantes con mis mejores deseos.
Tuma les cuenta algunos datos de su vida en América:

—Estoy seguro de que no creeréis que los americanos no regatean nunca
—Si no regatean ¿qué hacen? ¿matar moscas? —se indignó Isam
—No, pero tú vas a un shop , miras las etiquetas de los precios, pagas y te vas. 
—Ahora estás exagerando —protestó Isam...

Después el emigrante relata que cuando hablaba el idioma lo suficiente como para entenderse fue a "un gran almacén de seis pisos. Allí encuentras de todo: ropa, comida, juguetes, telas, pintura y aparatos de radio". Uno de los amigos le dice "eso es un bazar" y se sorprende de que todas las tiendas estén amontonadas en una casa de varios pisos en lugar de formando un barrio. 
Tuma le contesta: "Sí, un bazar dentro de una casa, sólo que no puedes regatear. Sé que no me creéis..."Está cansado de que le tomen por mentiroso pero ésta vez tiene un buen motivo para contar esa historia. Así que continúa contando cómo le preguntó a una dependienta por el precio de una chaqueta, y ella le dijo que era el precio que ponía en la etiqueta. 
El emigrante inició una conversación imposible: "pero la vida es un diálogo, pregunta y respuesta, dar y tomar..." Puede que la vida sea un diálogo, en este caso se convierte en el diálogo entre dos mundos que termina con el desconcierto mutuo y que os animo a leer (junto con el resto del libro). Sólo reproduciré el párrafo final que me gusta especialmente:
«Son cincuenta. Coge la chaqueta o déjala, gimió impaciente.
Yo me puse furioso. Pero seguí el consejo de mi padre. Una vez me dijo: "Si un comerciante es tan tonto de negarse a hacer concesiones en el precio, elevas tu oferta un poco y dices, me marcho. Si es tan tonto que no reacciona, entonces echas a andar lentamente. No te des la vuelta. ¡Eso ya lo dice la Biblia! Seguro que él te llamará y bajará el precio". ¡Pobre padre mío, él no ha vivido en América! Así que subí la oferta a cuarenta dólares y le dije a la vendedora: "Si no quieres hacer un negocio en este día, iré a otro comerciante y compraré la chaqueta allí por veinte dólares". Dejé caer la chaqueta y me fui sin darme la vuelta. En Latakia o en Damasco me habrían llamado todos los comerciantes y habrían intentado salvar el negocio, pero ella no me llamó. En treinta años no me llamó nadie. Desistí de regatear.»
En mi recuerdo en este momento Tuma decía que en su vida se había sentido tan solo, pero al releer el libro hoy veo que su narración termina aquí, supongo que esa sensación de soledad que está implícita en la historia.                             Para cerrar estas dos historias, o mejor dicho para continuarlas porque las historias siempre llaman a historias, os dejo esta escena maravillosa del regateo en Vida de Brian.

Si pasas por aquí y te gusta lo que lees ¡comparte! ¡Gracias!

lunes, 9 de enero de 2017

Fuego en la huerta

Amanece en Casa Monaut
He pasado el fin de semana de reyes con unos amigos en casa de Maitina en Navarra (¡sí! es la misma que “Las gallinas de Maitina” puedes leer los primeros capítulos aquí). Me llevé ejemplares de Oyraborá, el libro que acabo de auto-publicar, por si a alguien le interesaba comprarlo. Es curioso porque con las ventas a veces se cruzan los pudores, el que me da a mí de que la gente se sienta obligada a comprármelo, por lo que lo enseño con discreción para que lo compren sólo los interesados.

Y el pudor de alguna gente interesada que me pregunta, después de verlo, cómo lo puede conseguir y cuando les digo que lo vendo directamente, me contestan: no mujer, dime dónde lo puedo comprar y lo compro directamente. ¡Pero si no hay forma más directa que yo misma! Que voy como los libreros antiguos con los libros en las alforjas.

El sábado les enseñé el libro recordándoles que era un cuento que ellos conocían porque el año anterior se lo había contado pero que ahora había nacido en papel e ilustrado. Esther y Maitina ya me habían pedido ejemplares previamente pero Xanti y Amaia no, lo miraron muy interesados y después me lo devolvieron, y yo lo guardé.


El domingo por la mañana Xanti y Amaia se marcharon temprano y el resto estábamos terminando de recoger la casa para salir a dar un paseo. Entonces antes de irnos, saqué los libros de Esther para no olvidarme. Ella estaba en la puerta esperando, yo le tendí los libros, ella los recogió con una sonrisa. Le pregunté si quería que se los dedicara y me devolvió uno ¡El mío claro que sí!
En el momento en el que recogí el libro de su mano, entró Xanti en la habitación. Todos dimos un respingo, creo que él no esperaba encontrar a nadie tan cerca de la puerta y nosotras no esperábamos verle a él de nuevo. Yo me había quedado congelada con el libro levantado como si le estuviera sacando una tarjeta a Xanti y le pregunté ¿os habéis dejado algo? ¡Eso!, me contestó él, señalando mi libro. Se nos había olvidado llevarnos y nos dimos la vuelta.

Yo estaba con la lagrimilla en el ojo cuando apareció Maitina desde su cuarto y dijo señalando hacia la ventana ¿qué habéis echado ahí? Fuera se veía una columna de humo gris. Luego miró a Xanti ¿habéis vuelto?, ¿pasa algo? No, por el libro dijo él.

Ejemplares de Oyraborá
Salí corriendo hacia la puerta ¡es la huerta, las cenizas! Eché los restos de la chimenea en la huerta, como me dijo Maitina, sólo que lo hice en una zona que estaba algo seca y me dio miedo porque me pareció que todavía había algunas brasas, por eso le pregunté al subir ¿no importa donde lo eche en la huerta? No, donde quieras va bien. Había intentado echarle agua por seguridad pero me encontré con que la manguera estaba cortada por el hielo, luego busqué un cubo pero mientras lo hacía me despisté ¿será por mi cabeza llena de pájaros (urbanos)? y me subí. Como estaba con el run, run, le dije a Maitina lo he echado ahí, ella miró sin mirar como esa madre de la película de Superman cuando el niño le dice ¡mira mamá! lo que hago mientras pone a prueba su equilibro en la barandilla de las cataratas del Niágara y ella distraída dice: sí, sí. Maitina hizo lo mismo y me dijo cualquier sitio estará bien aunque en realidad quería decir cualquier sitio verde estaba bien.

O quizá sí regué las brasas pero mi emoción porque Xanti y Amaia se dieran la vuelta a mitad de camino para venir a recoger el libro hizo que volvieran a encenderse y que la huerta estallara en llamas. Luego todos para celebrarlo comimos verduras a la brasa.

Las gallinas mientras tanto observaban desde su campo que queda justo debajo de la huerta. Ellas no entendían que había podido ocurrir, además el fuego había pasado muy cerca hasta que Maitina y Claudia lo apagaron con la manguera. Según les había contado Udi, el fuego lo había provocado la turista escritora con sus poderes telequinésicos, Clara quiso explicar en qué consistía eso pero perdió el hilo cuando los tres gallos jóvenes revolotearon a toda velocidad huyendo del Gallo mayor.
Udi, la turista escritora (una servidora) y Maitina

Udi continuó, la turista ha vuelto pero no con nuestro libro publicado sino con otro. ¡Se puede tener poca vergüenza! Pensó una de las hermanas, pero no lo dijo porque la otra hermana ya no está allí para completarle la frase, hace meses que Maitina cansada de sus cacareos contínuos la regaló.
Finalmente cuando el humo cesó y Maitina les echó los restos de verduras calcinadas, se quedaron tranquilas, sobre todo cuando les dijo que la próxima vez que viniera, la turista escritora había prometido traer su libro.

Esta anécdota me ha recordado a una de mis películas favoritas "Como agua para chocolate" en la que también hay un fuego ocasonionado por la pasión. En este caso surge a partir de una receta: Codornices en pétalos de rosa. Os dejo la escena aquí y os deseo que 2017 sea un año lleno de pasión.



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Latxas comiendo avena 
Acabo de publicar mi segundo libro Oyraborá, lo he auto editado yo y ando con ejemplares debajo del brazo todas las navidades. La buena noticia es que desde el 17 de diciembre que salió la primera impresión, hasta la fecha he vendido casi la mitad de ejemplares. En esta entrada cuento cómo nacióOyraborá desde el principio hasta el final. Si te interesa un ejemplar del libro, puedes pedírmelo a través de mi correo electrónico mardelrey24@gmail.com