viernes, 20 de enero de 2017

La primera clienta de la mañana


Reflejo del Templo de Debod de esa mañana
Todavía es temprano y hace frío, camino rápido, nada más pasar el escaparate me doy cuenta de que acabo de dejar atrás la tienda. Retrocedo y me asomo, la luz está apagada, aunque en esas tiendas la iluminación es escasa. Agarro el pomo de aluminio, tan frío como la mañana y empujo la puerta. Clin, clin, clin, un sonido de campanitas riega mi cabeza mientras la puerta se abre, es un sonido acogedor muy distinto del canto eléctrico de los felpudos, ése nínaaaa que parece un quejido más que una bienvenida.

Observo a mi alrededor carcasas de móvil, protectores de pantalla y todo tipo de complementos precintados que cuelgan de las paredes como las teclas de un piano de plástico. De repente veo al dependiente mover la cabeza desde el mostrador en lo que parece un saludo somnoliento, ¿estaba ahí antes o acaba de materializarse? Quizá permanecía oculto con la privacidad que dan los mostradores repletos. 

Quiero un protector de pantalla, de esos que se pegan sobre el teléfono como si fueran un cristal. Mientras le explico saco mi móvil del bolso y se lo muestro, él lo coge y acaricia un rayajo profundo que tiene en la parte superior. Luego lo deja con suavidad sobre el mostrador y comienza a buscar entre los distintos modelos que cuelgan de un gancho a su lado.
Saco el monedero, sólo llevo un billete de cinco euros.
—¿Qué precio tiene? —
—Ocho euros
Consigo encontrar una moneda de euro, ya van seis.
—¿Puedo pagar con tarjeta? 
— No, no…
Cojo mi móvil y me doy la vuelta hacia la puerta, entonces iré a sacar, estoy a punto de decirle pero él ni siquiera me deja empezar la frase.
—Déjame tu móvil, yo puedo poner el protector de pantalla.
—Gracias, pero no tengo suficiente.
Entonces me mira, sonríe. Eres la primera clienta de la mañana, no puedo dejar ir así ¡es la tradición! Quiere saber si vivo cerca, más que una pregunta es una afirmación. Le digo que estoy de paso.
Vuelve a extender la mano hacia mí, realmente da igual lo que conteste.
—No importa, cuando vengas me traes los dos euros y listo. Dame.
Sonrío y le tiendo el móvil.
—¿De dónde eres?
Él no me contesta, ni siquiera levanta la cabeza, está sacando el contenido de la caja: además del protector, hay dos sobres de toallitas empaquetadas por separado.
—¿Cuál es tu origen?
—Bangladesh—contesta finalmente, lo hace rápido, luego vuelve a la tarea. Abre el sobre marcado con el número uno y limpia la pantalla de arriba abajo con el mimo con el que acaricia una madre. La pantalla se convierte en el suelo de una pista de baile. 
Paseo la mirada por su silla, es negra e imita a cuero, ¡deben de venir de serie con este tipo de local! Incluso el respaldo desgastado que deja entrever el relleno parece el mismo en todas. Miro al suelo esperando encontrar alguna pelusa o polvo, pero no, está tan limpio como la pantalla de mi móvil.

Ha llegado al paso más difícil, posar la pantalla protectora sobre el cristal. La separa del papel que la cubre y la deja caer mientras frota con la segunda toallita. El aire se acumula en pequeñas burbujas a lo largo de toda la superficie como si hirviera, él las va llevando hacia una de las esquinas del móvil, donde mantiene el protector separado con el pulgar. Las burbujas salen liberadas una detrás de otra. Sus manos me recuerdan a las del Señor Antonio el mecánico de Melgaço.

La primera imagen que tuve de él era a la puerta del taller, secándose las manos con un paño demasiado blanco para ser el de un mecánico.
Tengo que verlo para asegurarme pero con ese sonido, seguro que el tubo de escape. Llegamos hasta el señor Antonio gracias a la hija de la señora Rosa, la dueña de la funeraria. En Portugal todo el mundo se llama señor y señora lo que le da una formalidad antigua al trato. Le preguntamos por un taller a la hija de la señora Rosa, la hija llamó a la madre, la madre pidió un minuto y caminó hasta el taller del Señor Antonio para ver si estaba disponible, y éste, por supuesto, dijo que sí.

Vayan a tomar un café y yo les llamo en un momento. A la vuelta nos invitó a bajar al túnel para mostrarnos la avería. Esos túneles que parecen pozos y que cuando te piden que metas el coche dan como vértigo. Desde ahí nos explicó, como si fuera un cirujano a punto de hacer una gran intervención, que iba a soldarlo por allí y por allá y que tardaría algunas horas. 

Pasamos el día paseando y charlando por Melgaço, hubo más charlas que paseos porque el pueblo rápidamente se nos agotó. Por la tarde, el señor Antonio nos avisó. Le encontramos de nuevo en la puerta con su paño. Nos acompañó dentro y posó la mano sobre el capó mientras contaba la reparación. Antes de separarse del coche, le hizo una caricia suave, de esas tímidas de amantes que se saben observados, y mirando al suelo dijo que le había puesto aceite. Seguro que le puso el mejor.

"Es un buen teléfono" me dice el dependiente. Sonríe y le hace una caricia parecida a la del señor Antonio. Luego mira el protector de pantalla que acaba de colocar, y señala una mancha. Escucha, cuando vuelvas a traerme los dos euros, te cambio el protector, tiene una mancha ¿ves? Tú vienes y yo te pongo una nueva. Vuelve a rebuscar entre los modelos que cuelgan, ahora no tengo más de la tuya ¿ves?, cuando vuelvas yo la cambio. 

Le doy las gracias y le pregunto su nombre, dice que se llama Simón aunque no creo que ese sea su nombre real, me da la sensación de que se lo ha cambiado para ponérselo fácil a quien le llama, es ése tipo de persona.


La tienda de Simón está en la calle Luisa Fernanda de Madrid en la acera de la derecha según vas hacia el templo de Debod. Si pasáis por allí, enviarle un saludo de mi parte, hay varias tiendas de este tipo pero si tiene que ser entraréis en la suya.

*** 
Ese ritual, esa atención tan oriental, me recordó a uno de mis libros preferidos, es un libro oriental, lleno de cuentos que me regaló mi amiga Isabel, se llama "Narradores de la noche" de Rafik Schami. Uno de los capítulos que más me gustan es el que está dedicado a un emigrante. El autor conoce bien esta realidad porque él emigró a su vez aunque ahora quizá después de tanto tiempo haya pasado a ser mestizo: medio alemán, medio sirio. De hecho la edición de mi libro está traducida del alemán. He descubierto hoy que su nombre es un seudónimo que significa:  amigo de Damasco. El autor es un árabe de pura cepa, como él dice en este capítulo, en su familia habrá habido un poeta en cada generación y él es poeta en la suya.

El capítulo cuenta la historia de Tuma el emigrante, un hombre que salió de Latakia saltando al mar a pesar de que no sabía nadar, huyendo de una guerra que no es la de ahora, y consiguió llegar hasta América. 
He buscado Latakia en wikipedia para encontrarme con una ciudad hecha jirones, sirva este pequeño texto como un recuerdo para sus habitantes con mis mejores deseos.
Tuma les cuenta algunos datos de su vida en América:

—Estoy seguro de que no creeréis que los americanos no regatean nunca
—Si no regatean ¿qué hacen? ¿matar moscas? —se indignó Isam
—No, pero tú vas a un shop , miras las etiquetas de los precios, pagas y te vas. 
—Ahora estás exagerando —protestó Isam...

Después el emigrante relata que cuando hablaba el idioma lo suficiente como para entenderse fue a "un gran almacén de seis pisos. Allí encuentras de todo: ropa, comida, juguetes, telas, pintura y aparatos de radio". Uno de los amigos le dice "eso es un bazar" y se sorprende de que todas las tiendas estén amontonadas en una casa de varios pisos en lugar de formando un barrio. 
Tuma le contesta: "Sí, un bazar dentro de una casa, sólo que no puedes regatear. Sé que no me creéis..."Está cansado de que le tomen por mentiroso pero ésta vez tiene un buen motivo para contar esa historia. Así que continúa contando cómo le preguntó a una dependienta por el precio de una chaqueta, y ella le dijo que era el precio que ponía en la etiqueta. 
El emigrante inició una conversación imposible: "pero la vida es un diálogo, pregunta y respuesta, dar y tomar..." Puede que la vida sea un diálogo, en este caso se convierte en el diálogo entre dos mundos que termina con el desconcierto mutuo y que os animo a leer (junto con el resto del libro). Sólo reproduciré el párrafo final que me gusta especialmente:
«Son cincuenta. Coge la chaqueta o déjala, gimió impaciente.
Yo me puse furioso. Pero seguí el consejo de mi padre. Una vez me dijo: "Si un comerciante es tan tonto de negarse a hacer concesiones en el precio, elevas tu oferta un poco y dices, me marcho. Si es tan tonto que no reacciona, entonces echas a andar lentamente. No te des la vuelta. ¡Eso ya lo dice la Biblia! Seguro que él te llamará y bajará el precio". ¡Pobre padre mío, él no ha vivido en América! Así que subí la oferta a cuarenta dólares y le dije a la vendedora: "Si no quieres hacer un negocio en este día, iré a otro comerciante y compraré la chaqueta allí por veinte dólares". Dejé caer la chaqueta y me fui sin darme la vuelta. En Latakia o en Damasco me habrían llamado todos los comerciantes y habrían intentado salvar el negocio, pero ella no me llamó. En treinta años no me llamó nadie. Desistí de regatear.»
En mi recuerdo en este momento Tuma decía que en su vida se había sentido tan solo, pero al releer el libro hoy veo que su narración termina aquí, supongo que esa sensación de soledad que está implícita en la historia.                             Para cerrar estas dos historias, o mejor dicho para continuarlas porque las historias siempre llaman a historias, os dejo esta escena maravillosa del regateo en Vida de Brian.

Si pasas por aquí y te gusta lo que lees ¡comparte! ¡Gracias!

lunes, 9 de enero de 2017

Fuego en la huerta

Amanece en Casa Monaut
He pasado el fin de semana de reyes con unos amigos en casa de Maitina en Navarra (¡sí! es la misma que “Las gallinas de Maitina” puedes leer los primeros capítulos aquí). Me llevé ejemplares de Oyraborá, el libro que acabo de auto-publicar, por si a alguien le interesaba comprarlo. Es curioso porque con las ventas a veces se cruzan los pudores, el que me da a mí de que la gente se sienta obligada a comprármelo, por lo que lo enseño con discreción para que lo compren sólo los interesados.

Y el pudor de alguna gente interesada que me pregunta, después de verlo, cómo lo puede conseguir y cuando les digo que lo vendo directamente, me contestan: no mujer, dime dónde lo puedo comprar y lo compro directamente. ¡Pero si no hay forma más directa que yo misma! Que voy como los libreros antiguos con los libros en las alforjas.

El sábado les enseñé el libro recordándoles que era un cuento que ellos conocían porque el año anterior se lo había contado pero que ahora había nacido en papel e ilustrado. Esther y Maitina ya me habían pedido ejemplares previamente pero Xanti y Amaia no, lo miraron muy interesados y después me lo devolvieron, y yo lo guardé.


El domingo por la mañana Xanti y Amaia se marcharon temprano y el resto estábamos terminando de recoger la casa para salir a dar un paseo. Entonces antes de irnos, saqué los libros de Esther para no olvidarme. Ella estaba en la puerta esperando, yo le tendí los libros, ella los recogió con una sonrisa. Le pregunté si quería que se los dedicara y me devolvió uno ¡El mío claro que sí!
En el momento en el que recogí el libro de su mano, entró Xanti en la habitación. Todos dimos un respingo, creo que él no esperaba encontrar a nadie tan cerca de la puerta y nosotras no esperábamos verle a él de nuevo. Yo me había quedado congelada con el libro levantado como si le estuviera sacando una tarjeta a Xanti y le pregunté ¿os habéis dejado algo? ¡Eso!, me contestó él, señalando mi libro. Se nos había olvidado llevarnos y nos dimos la vuelta.

Yo estaba con la lagrimilla en el ojo cuando apareció Maitina desde su cuarto y dijo señalando hacia la ventana ¿qué habéis echado ahí? Fuera se veía una columna de humo gris. Luego miró a Xanti ¿habéis vuelto?, ¿pasa algo? No, por el libro dijo él.

Ejemplares de Oyraborá
Salí corriendo hacia la puerta ¡es la huerta, las cenizas! Eché los restos de la chimenea en la huerta, como me dijo Maitina, sólo que lo hice en una zona que estaba algo seca y me dio miedo porque me pareció que todavía había algunas brasas, por eso le pregunté al subir ¿no importa donde lo eche en la huerta? No, donde quieras va bien. Había intentado echarle agua por seguridad pero me encontré con que la manguera estaba cortada por el hielo, luego busqué un cubo pero mientras lo hacía me despisté ¿será por mi cabeza llena de pájaros (urbanos)? y me subí. Como estaba con el run, run, le dije a Maitina lo he echado ahí, ella miró sin mirar como esa madre de la película de Superman cuando el niño le dice ¡mira mamá! lo que hago mientras pone a prueba su equilibro en la barandilla de las cataratas del Niágara y ella distraída dice: sí, sí. Maitina hizo lo mismo y me dijo cualquier sitio estará bien aunque en realidad quería decir cualquier sitio verde estaba bien.

O quizá sí regué las brasas pero mi emoción porque Xanti y Amaia se dieran la vuelta a mitad de camino para venir a recoger el libro hizo que volvieran a encenderse y que la huerta estallara en llamas. Luego todos para celebrarlo comimos verduras a la brasa.

Las gallinas mientras tanto observaban desde su campo que queda justo debajo de la huerta. Ellas no entendían que había podido ocurrir, además el fuego había pasado muy cerca hasta que Maitina y Claudia lo apagaron con la manguera. Según les había contado Udi, el fuego lo había provocado la turista escritora con sus poderes telequinésicos, Clara quiso explicar en qué consistía eso pero perdió el hilo cuando los tres gallos jóvenes revolotearon a toda velocidad huyendo del Gallo mayor.
Udi, la turista escritora (una servidora) y Maitina

Udi continuó, la turista ha vuelto pero no con nuestro libro publicado sino con otro. ¡Se puede tener poca vergüenza! Pensó una de las hermanas, pero no lo dijo porque la otra hermana ya no está allí para completarle la frase, hace meses que Maitina cansada de sus cacareos contínuos la regaló.
Finalmente cuando el humo cesó y Maitina les echó los restos de verduras calcinadas, se quedaron tranquilas, sobre todo cuando les dijo que la próxima vez que viniera, la turista escritora había prometido traer su libro.

Esta anécdota me ha recordado a una de mis películas favoritas "Como agua para chocolate" en la que también hay un fuego ocasonionado por la pasión. En este caso surge a partir de una receta: Codornices en pétalos de rosa. Os dejo la escena aquí y os deseo que 2017 sea un año lleno de pasión.



***

Latxas comiendo avena 
Acabo de publicar mi segundo libro Oyraborá, lo he auto editado yo y ando con ejemplares debajo del brazo todas las navidades. La buena noticia es que desde el 17 de diciembre que salió la primera impresión, hasta la fecha he vendido casi la mitad de ejemplares. En esta entrada cuento cómo nacióOyraborá desde el principio hasta el final. Si te interesa un ejemplar del libro, puedes pedírmelo a través de mi correo electrónico mardelrey24@gmail.com


sábado, 31 de diciembre de 2016

Mi caja de música

Uno de los objetos de mi habitación que más me gustaban de pequeña era mi caja de música.
Era una caja blanca, alargada, decorada con algunas flores. Cuando la abrías crujía con un sonido de autómata. Ese sonido venía de la bailarina que tenía dentro preparada para actuar. Levantabas la tapa hacia arriba y ella se estiraba, suavemente como si calentara antes de salir al escenario, cuando abrías la caja del todo, la bailarina daba vueltas al ritmo de la música. Una música también de autómata. Cada nota avanza como si le costara, las notas salían tejidas en un telar metálico, y la música avanzaba como tirada por un carro.

Se supone que la caja era un joyero, para mí la caja era la joya. A veces vi otros joyeros, tenían bailarina como la mía pero en vez de girar sobre su eje crujiente, lo hacían sobre una superficie lisa que parecía un espejo. Se movía con un mecanismo suave y silencioso, como si no tuvieran corazón.


Entro en mi habitación, cojo la caja de música, le doy la vuelta y encuentro la cuerda de metal, la giro suena como una carraca. Dejo la caja en la estantería de la entrada y la abro. Cruje, la bailarina  me saluda, con una reverencia y empieza a bailar, vueltas y vueltas lentas, al ritmo de una partitura metálica, como si el tiempo jamás fuera a detenerse. 

***

Aquí queda mi último relato del año 2016 sobre joyeros vacíos, llenos de música y el ritmo y partituras invisibles. Espero que os guste, si pasáis por aquí, dejaros ver, comentar algo y nos saludamos.

La foto está tomada en la Plaza de Oriente de Madrid y en el extremo de la izquierda, al borde del palacio hay una figura que bien podría ser mi bailarina.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Él gira el mundo II

En julio de 2014 me encontré con este malabarista en el Retiro, al principio pasé de largo pensando en mis cosas y casi sigo sin verle cuando un reflejo de luz atravesó su mundo y me llamó la atención. Paré y me acerqué a él con curiosidad, no sólo por los movimientos que hacía con la bola sino también por lo que ésta movía con ellos.

Le pedí permiso para grabarle, aceptó sin dudar y además se ofreció a cambiarse de sitio para que el vídeo fuera más bonito, así que los dos nos fuimos hacia el lago y ahí grabé unos segundos de su magia. Le prometí que le nombraría en el vídeo y los dos nos haríamos famosos juntos. Después cuando busqué su página, el enlace no funcionaba, quizá el malabarista no existiera y sólo apareció para mí ese momento, quizá se fuera en un viaje elíptico como el del cuento.

Para recordarle y por si volvía monté este pequeño vídeo y escribí un relato. Hoy al releerlo he querido escribirlo de nuevo, ésta vez más sencillo. Ahí tenéis "Él gira el mundo versión II"



El malabarista, recién llegado de un vuelo elíptico, elige el parque más bello de la ciudad para girar su mundo. No recuerda cuánto lleva haciéndolo bailar, sólo que no puede evitarlo. Cada día lo toma entre sus manos y le da vueltas y vueltas, a veces gira ligero, otras le pesa como si realmente contuviera un mundo.

Una niña que se ha sentado a mirarle con calma le pregunta: cómo lo mueves y él contesta que con caricias redondas, como la vida.
Ella sonríe, su madre la llama, que ya casi es hora de comer. Antes de irse le dice sonriendo quizá alguien mueva la tierra como tú con tus manos, quizá tú la estés moviendo ahora.

La observa alejarse por un instante, entonces la bola se le escapa y sale despedida por el aire. El malabarista alarga las manos con la esperanza de recuperarla.


***

Hoy por el día que es se lo dedico a los que el 28 de diciembre de hace algunos años se gastaron una buena broma que tuvo que ver entre otras cosas con que yo esté en este mundo imprevisible. ¡Gracias!


jueves, 15 de diciembre de 2016

Ha nacido mi segundo libro ¡Oyraborá llega por Navidad!

Oyraborá nace hoy, acaba de llegar de la imprenta y ésta es su foto de familia.
Estoy feliz de ver la luz y el color que desprende desde la cubierta y deseosa de compartirlo con todas las personas que seguís este blog y mis andanzas literarias.

Oyraborá es el nombre de la cueva de la que nació todo lo que existe. Ésa que desde tiempos inmemoriales custodia el pueblo Mandala. Aunque ellos no podrían sobrevivir en el desierto de Anouk Sé si no contasen con la ayuda de las Cuentagotas, ellas las de melena plateada que nacieron de los reflejos de luna en las olas del mar antiguo...

Oyraborá significa: ombligo del mundo, Oyraborá es un nombre redondo para un libro que viene a cerrar un año de números redondos, doses, ceros y seises. Esperemos que su futuro sea también redondo.

Este sábado 17 de diciembre lo contaré en su versión oral en Libertad 8 (otro número redondo). Si quieres escucharlo y también otros cuentos de mis compañeros de Juan Sapón Ataim. ¡vente el próximo sábado a las 19.30 a la calle Libertad número 8!

Los relatos como las personas, tienen raíces y me gustaría dedicar unas líneas a las de éste. La primera versión del cuento se llamó Árbol nube y nació de una propuesta de Juan Jacinto Muñoz Rengel  de escribir a partir de fotos que inspiran. Yo elegí una de Chema Madoz ese fabuloso fotógrafo-poeta.
Fotografía del esqueleto de un árbol usando una nube como ramas
 A partir de ella escribí la historia de un pueblo que vivía en el desierto y estaba celebrando la fiesta que conmemoraba el nacimiento de un árbol que no tenía hojas sino nubes. Luego el relato fue creciendo y cambiando, creciendo, transformándose, la semilla se hizo brote y el brote árbol.

Recuerdo que mi amiga Matilde Fuentes me dijo que le faltaba un hervor y tenía razón, recuerdo que lo retomé cuando iba a clases de narración oral con Victoria Siedleki y sus comentario sobre el cuento oral también sirvieron para darle más fuerza a algunos elementos.

Por supuesto recuerdo los comentarios, consejos y compañía de mis amigos escritores: Ana, Jesús, Amparo, Amanda, Pilar, Chusa. Ahhh y a Carmen Tortuga que siempre ha confiado en este libro.

Y también el apoyo de quien tenía más cerca en ese momento: Rita.

Así nació un texto terminado y que a fecha de hoy podría seguir corrigiendo...dicen que García Márquez  en un viaje en tren desde Madrid a Barcelona le llevaba a un amigo un ejemplar de uno de sus libros, como no tenía otra cosa que leer, se le ocurrió leer su libro. No pudo evitar corregir algunas cosas, al principio a lápiz. Finalmente corrigió tanto que cuando llegó a Barcelona desistió de regalar ese libro. No es que yo quiera compararme con Gabriel García Márquez...pero como Oyraborá tiene algo de realismo mágico, ¿por qué no darle un padrino como García Márquez?

Una vez tuve el texto, hacían falta las ilustraciones y para eso conté con el gran trabajo de Ana Cardona, una amiga que entra y sale de mi vida como el Guadiana. Para ver su energía sólo hay que fijarse en los colores con los que pinta. Así reescribimos el libro de otra manera, porque las pintoras piensan el mundo en profundo, me dí cuenta de que mis imágenes mentales eran planas ¡genial darle otra capa más a este cuento!

Después había que maquetarlo, colocar cada letra y cada ilustración en su sitio,  y para ello ¿qué mejor que contar con la paciencia y el buen hacer de Carina Galliano? Hemos estado con correcciones y matices hasta el último momento y ella ahí al pie del cañón. Y eso que tenía el tiempo justo, al perro ladrando y el móvil escacharrado por un lanzamiento de su bebé.

Y para terminar este cuento por supuesto la impresión de la que se ha encargado Tomás Orcoyen de Nemac Comunicación, es bonito reencontrarse con viejos amigos a los que les gusta hacer las cosas bien.

Ahhhh finalmente el parto de Oyraborá se adelantó gracias a la invitación de Mercedes Carrión a contar en Libertad 8, así que gracias a ella también

Yo también tengo raíces, ramas y hojas, todas ellas están en mi corazón, Gracias a mi padre, fan incondicional y a mi madre que siempre me acompaña.

Si he olvidado nombrar a alguien, que sepa que le recuerdo, le quiero y le agradezco.
A ti no te recuerdo porque no hace falta y sí te agradezco cada día.
Estoy algo sentimental...serán las hormonas.

¿Quieres un ejemplar?
Pídemelo a mí y te lo haré llegar de la mejor manera posible.
El precio son 15€
 Si te interesa, escribeme aqui mardelrey24@gmail.com


Princesas sin cuento




El domingo se presentó "¿Salvados? por primera vez en lo que fue su estreno mundial. Una obra de microteatro escrita por mí. Lo hicimos en un espectáculo conjunto de cuentos y micro teatro en el que también participó mi grupo de narración Juan Sapón Ataim (léase pensando en inglés, somos un grupo con proyección internacional). Poder contar en todos los sentidos de la palabra con todo el equipo de la obra por un lado y por otro con mis compañeros narradores fue un lujazo.
Además tuvimos un público entregado, sí, es verdad lo que se dice que sin el público no habría obra. Muchas de ellas amigas incondicionales que vienen siempre, que apoyan siempre. Da la sensación de que te subes a un escenario donde hay red, donde la gente está deseando recogerte y apoyarte o darte la mano para seguir si hay cualquier problema.


Conté un cuento basado en una historia real sobre unas ballenas que se quedaron atrapadas en el hielo en Alaska. El hecho es que ocurrió un gran milagro porque toda la gente puso de su parte, su granito de arena para ayudar a salvar a esas ballenas hasta que finalmente lo consiguió. Y eso que según avanzaban hacia el objetivo, más problemas surgían para conseguirlo pero ante las barreras aparecían nuevas colaboraciones y nuevas soluciones. 

Para ayudar a avanzar a las ballenas, los voluntarios fueron construyendo agujeros en el hielo que servían de respiradero para que ellas fueran avanzando. Y así poco a poco, paso a paso, entre todos, llegaron a producir un gran milagro. Así me siento yo en este momento, gracias a la colaboración de mis compañeros, a la ilusión y al trabajo de todos, hemos podido construir algo bello y compartirlo con quien nos ha regalado su tiempo. Sólo queda agradecer y desear que este sea un buen comienzo de una gran amistad.

¡Ah! Y tenemos fecha para la próxima contada será en Libertad 8 cuna de narradores y cantautores el próximo 17 de diciembre a las 19:30. Os sorprenderemos con nuestros cuentos con llave, venid a escuchar los relatos prohibidos, abrimos todas las puertas y postigos para contaroslo todo. Un buen inicio de la Navidad.


viernes, 4 de noviembre de 2016

Una historia sobre París que es ficción pura

Un grupo de adolescentes se coloca alrededor del profesor, mientras éste les habla del origen de la plaza: edificada para conmemorar la victoria en la batalla de Trocadero en Cádiz, que puso fin a las guerras Realistas...

Protegido por un compañero algo más alto, se oculta un chico con gorro de lana. El rotulador hace un ruido rugoso mientras escribe la palabra "fake".

Para él no hay nada más falso que esa piedra, ni nada más real que un cuerpo deseado. Ése que desea y que probablemente, como castigo inevitable por dañar lo bello, nunca recibirá.

Desde que vio la estatua se sintió atraído hacia ella, acercó su mano pero no se atrevió a tocarla, sólo la rozó para encontrarse un tacto rugoso y frío.  Se sintió como un amante despechado, sacó el rotulador y profanó su espalda con letras rojas. Cuatro letras para escribir "falso" cuando no hay nada más real que esa belleza. ¿Qué ocurrirá con este adolescente? ¿Le descubrirá su profesor? ¿Recibirá algún castigo? No lo sabemos, tampoco nos importa porque esta no es una historia realista y él no es su protagonista.

No, la protagonista es ella, porque la ganadora de las guerras realistas en este relato, es la ficción.
Sólo habrá que esperar una noche para que desaparezca hasta la última letra roja. En cuanto los rayos de Luna toquen su cuerpo, ella se convertirá y bajará con paso delicado hasta la fuente a bañarse. Dejará que el agua vuelva a recorrer su piel ahora suave y volverá a subir a ocupar su lugar, o al menos el que ha sido su lugar en los últimos años.

En un suspiro se convirtirá en piedra cuando el primer rayo del amanecer toque su cabeza. Y volverá a mirar hacia el horizonte exactamente en la misma dirección en que otra escultura  mira hacia ella.

¿Cómo se conocieron? Quizá fueron creadas en el mismo taller o en un tiempo compartieron materia prima, o coincidieron en los sueños de quien las imaginó o simplemente se sueñan la una a la otra y ni siquiera existen...ya advertimos que en este relato gana la ficción por lo que no hay nada cierto, lo cual no significa que no haya verdad.

Creamos entonces que se saben, que se intuyen, que se miran desde hace años.
Esta podría ser la otra escultura, o no.
En la realidad es el Víctor Hugo de Rodin con sus musas
  

                                                                                                                                       

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Escalera hacia el cielo


Paseaba tarareando "Stairway to heaven". En realidad no sé si empecé a tararear la canción al ver la escalera apoyada en el peral o si vi la escalera apoyada en el peral porque tarareaba.
La tarde estaba tranquila, el único movimiento perceptible eran las hojas nuevas que se movían con el viento saludando a la primavera.

Me llamó la atención la escalera ahí, sola, en mitad del campo, camuflada por el tronco, sin una función concreta.

Decidí quedarme detrás de un árbol para observar sin ser vista. Algo me decía que esa escalera era un principio. Al atardecer llegó una silueta blanca, caminaba con tanta suavidad que parecía que no tocaba el suelo. Si fuera un instrumento sería una flauta travesera, si fuera un elemento sería el viento. La figura a veces se confundía con el espacio entre los árboles y me hacía pensar que había desaparecido pero no, luego volvía a aparecer iluminando el bosque.

Llegó hasta la escalera y subió pero lo hizo sin agarrarse con los brazos a los lados, como si fuera la escalera de un palacio. Sólo posaba los pies y avanzaba como si algo tirara de ella hacia arriba. Un peldaño, otro peldaño, otro más, llegó a la copa cuando los últimos rayos del sol se ocultaban tras las montañas, continuó subiendo a pesar de que a la escalera ya no le quedaban más peldaños. Superó las ramas del frutal, el contacto con el cielo la hizo estremecerse, mientras su cuerpo temblaba, ella extendió los brazos blancos, éstos se hincaron en el cielo. Ella jadeó, su cuerpo se volvió translúcido y emitió un fuerte destello que la recorrió de arriba a abajo.

El cuerpo desapareció en el aire igual que llegó, sólo quedó el rayo congelado por un momento sobre el árbol. Después continuó su viaje hacia el cielo. Levanté la mirada, encima del frutal había una estrella que lucía más que el resto, la escalera había desaparecido.

Abandoné el campo rodeada del silencio de la noche, un perro ladra desde el fondo del valle.

***

Hasta ahí el relato, ahora os dejo dos referencias a Stairway to heaven, la primera es de mi adolescencia y me recuerda a cuando estaba aprendiendo a tocar la guitarra y todos punteábamos el principio de esta canción. Y la segunda es la canción en sí.
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There's a feeling I get
When I look to the west
And my spirit is crying for leaving
In my thoughts I have seen
Rings of smoke through the trees
And the voices of those who standing looking

martes, 18 de octubre de 2016

Las voces del Festival Parla Cuenta

El sábado por la noche llegué emocionada a casa del festival de cuentos de Parla que terminó con la actuación de Victoria Siedlecki. Una guinda perfecta para todas las palabras que volaron hasta nuestros oídos esa tarde.

Me incorporé al festival poco antes de que empezara la parte de cuentos para adultos en la que yo iba a participar. Cuando alguien de la organización anunció que habían acabado los cuentos familiares, quedaba todavía un grupo de niños sentados justo debajo del escenario que permanecieron allí como los irreductibles galos del poblado de Astérix.

A mí me tocó contar en la transición niños-adultos donde había familias saliendo, niños chillando, gente entrando, niños chillando, gente escuchando, niños chillando, gente atenta, niños chillando, bedeles paseando, niños chillando...

Una experiencia inolvidable. En honor a la organización (quee fue impecable) hay que decir que los micrófonos funcionaban perfectamente y a pesar de los niños chillando, ¿he dicho ya que había niños chillando?,  se podía escuchar bastante bien la narración.

Recuerdo un compañero cuentero que proponía hacer crítica del público, igual que los críticos culturales hacen de los espectáculos. Podría ser algo así como: "El pasado sábado 15 de octubre durante el festival Parla Cuenta disfrutamos de un público familiar muy implicado que seguía con atención el desarrollo de cada cuento. Algunos, atrapados por las historias, resistieron hasta el final, dejando a sus hijos correr libremente por todo lo ancho, alto y largo de la casa de Cultura de Parla..."

Sí, estoy exagerando, exagerar es una de las formas de hacer humor. En realidad la transición duró una media hora, sobre las nueve el público maduró y los niños desaparecieron. Digamos que el público envejeció. En el escenario se creó ese ambiente de cuento que hace que todos veamos la fogata y la noche y las historias empezaron a bailar con el público.

Pero unos minutos antes, yo subía el escenario para contar "La encantadora de voces", un cuento poético que escribí hace tiempo y he rescatado y transformado en un cuento oral. Está pensado para adultos principalmente porque tiene muchas imágenes y cierta complejidad. En el enlace lo podéis leer aunque es una versión del año 2009 y hoy ha cambiado mucho, el actual, sólo existe en versión oral y en dibujitos.

Me sorprendió que durante la narración algunos de los niños permanecieron sentados atentos y escuchando. ¿Qué pasaría por su cabeza en ese momento?
Esquema de la Encantadora de voces

Otros aparte de chillar, corrían de un lado a otro. Yo me consolaba pensando que algo de curiosidad les generaba la historia porque en lugar de correr de lado a lado, lo hacían yendo y viniendo hacia el escenario.

Sí, me va el riesgo, recuerdo que Israel Hergón, que es el narrador/reportero más dicharachero y se dedicó a documentar en tiempo real todo el evento (¡gracias por las fotos!), me decía que había decidido contar otro cuento viendo que todavía había niños por allí. Yo no, yo fui adelante con mi Encantadora de voces, la historia quería salir y yo dejarla flotar.

En mi cuento revelo el secreto de las voces. ellas nos son infieles. En cuanto pueden abandonan nuestro cuerpo para jugar por ejemplo en la megafonía de los aeropuertos (por eso es tan difícil entender lo que dicen), o dentro de la garganta de un adolescente y hacer gallos. Lo que hacen todas ellas es meterse en el cuerpo de otros mientras duermen para convertirse en las narradoras de sus sueños.
Foto del momento
exacto en que desvelo el secreto

El sábado empecé la narración desvelando ese secreto y pedí silencio para que pudiéramos escuchar si había alguna voz perdida que hubiera quedado por ahí jugando. Y sí había muchas, os lo aseguro.
¡Las voces también quisieron disfrutar del festival de cuentos de Parla!

Con todo, no me arrepiento creo que los cuentos crecen así y los narradores también. Para mí fue un placer participar. Me siento muy agradecida a la organización que ha gestado el festival con tanto cariño.
Y como si fuera una de las hadas madrinas del cuento de la Cenicienta os dejo mi pequeño deseo al lado de la cuna:  Deseo que el festival de Parla Cuenta crezca sano y fuerte hasta convertirse en un niño más de Parla, con una voz tan potente como ellos y siga atrayendo a miles de narradoras a participar.

¡Enhorabuena!

Esta foto la he robado del evento en Facebook de Parla Cuenta, lo escribo para que no se entere nadie
Aquí podéis escuchar el programa que le dedicó Menudo Castillo al Festival Parla Cuenta con Eugenia Manzanera, Ana Titiricuento y Susana Sinpecas.






lunes, 11 de julio de 2016

"Leopoldo no es un topo" escucha el relato en audio aquí

Hoy me han hecho un regalo que quiero compartir con todas las personas que visitáis este blog.
Leí una vez que en la vida avanzamos en forma de espiral, por eso a veces tenemos la sensación de que volvemos al mismo sitio de hace años cuando en realidad estamos un poquito más arriba, a otro nivel.
Anoche por circunstancias de mi vida, volví a dormir a casa de mis padres, he olvidado cuándo fue la última vez que dormí allí.
Tumbada en la cama viendo cómo las lámparas se movían con el poco viento que entraba por la ventana, recordaba mi infancia y esos pensamientos de por las noches, sobre la vida, el paso del tiempo y a veces también la muerte y pensaba en las espirales...

Esta mañana me he encontrado con un regalo: Pilar y Jose me han enviado la grabación de mi cuento "Leopoldo no es un dragón" que forma parte de un proyecto maravilloso llamado Dragonario lleno de imágenes y cuentos de dragones.

El cuento nació hace un año cuando me encontré con Pilar en la Feria del Libro de Madrid. Yo acababa de tomar la decisión de dejar de trabajar en la editorial de mi familia y darme un tiempo para buscar mi camino como escritora. Ese año era la primera vez en mi vida que no pisaba una caseta de la feria, desde niña he estado allí con mi madre, con mi abuela, con mis compañeros y también sola en esas mañanas frescas de junio.

Foto que le saqué a la ilustración en el Retiro
Entonces me acordé de que sería el último año que podría encontrarme con Pilar y Jose como libreros en su caseta y me acerqué a saludar. Como digo estaba de despedida de etapa y me daba un poco de pena andar por la feria. Nada más ver a Pilar me cambió el día, sobre todo por sus palabras "ven por detrás que tú eres de la casa..."

No fue ése su único regalo, allí me esperaba para darme un abrazo y contarme su nuevo proyecto.

La gente que da mucho, como Pilar y Jose, suele también recibir mucho. Pilar me contó que con motivo de su retirada de la librería sus amigos ilustradores les estaban regalando dragones. Entonces sacó una carpeta y me tendió el de Emilio Urberuaga ¿quieres escribir un cuento sobre él?

Acepté claro y mientras caminaba de vuelta a casa el cuento empezó a escribirse solo. Surgió de ese dragón un poco picudo de Emilio que me recordó a un topo. Nació de la tierra como las plantas y de la vida y de los momentos de mi vida y del descubrimiento, y de los libros del Dragón Lector y de las palabras y de dejar volar la imaginación.

Conocí a Pilar y Jose gracias al Principito por lo que no podían faltar algunos guiños. Cuando he escuchado la voz de Jose leer el título del libro "Existen los dragones" me acordaba de ese primer capítulo del Principito en el que nos cuenta lo de las boas abiertas y las boas cerradas. Luego llega Pilar haciendo de serpiente y se me saltaban las lágrimas (el primer año que conté con ellos el Principito yo hice de serpiente).

Leopoldo tiene algo más, creo que podría ser primo de Manolito Gafotas porque comparte padre de imagen. Manolito Gafotas es uno de mis libros favoritos, con los que más me río, de los que siempre recuerdo. Emilio Urberuaga también le puso cara a él...

Gracias por este regalo en el enlace podéis entrar a la página de Dragonario para leer la historia directamente o si lo preferís pinchar más abajo para escuchar el cuento completo con las voces de Jose y Pilar.

¡Volemos!


viernes, 17 de junio de 2016

4. Las gallinas de Maitina en: Los turistas no se enteran de nada

Continúo aquí con un nuevo capítulo de la saga de las gallinas de Maitina, si es la primera vez que lo lees, te recomiendo que empieces por el primero "Con la piel de gallina". ¡Que lo disfrutéis! Os dejo con "Los turistas no se enteran de nada"

Ser gallina en casa de Maitina es todo un lujo, ya conocéis el dicho de nuestro valle ¡quién fuera gallina de Maitina! Pero vivir aquí no está exento de peligros y por bien que nos cuide el ama y mucho que intente evitarlos no hay forma...
¡Quién fuera gallina de Maitina!

Cuando yo era pequeña, antes de llegar a este gallinero, esto es antes de ni siquiera soñar que sería gallina de Maitina, vivía en un corral donde les gustaba mucho contar historias de terror en las que aparecían todo tipo de criaturas: comadrejas (aunque por aquí las llaman fuinas), zorros, milanos y también basiliscos y vampiros ¡Cómo se nota que ninguna había sufrido un trauma como la gallina Clara! Ese tipo de historias en nuestro gallinero serían inconcebibles.

De la fuina decían que si te agarraba, te chupaba la sangre y que si no llegaba a matarte del todo, podías convertirte en una gallina inmortal que sólo se alimentaría de la sangre de otros seres ¡un horror!, vamos. Cuando yo era pequeña no sabía qué parte de estas historias era verdadera y cuál no. Pues bien desde hace unos días he descubierto que las fuinas existen y que efectivamente chupan la sangre de sus presas.

La fuina llevaba tiempo rondando el gallinero, nosotras intentábamos estar alerta pero ella tenía nuestros movimientos estudiados y consiguió atacar y terminar con la vida del pobre pollo depresivo.
Desde ese día la gallina Clara no baja de su viga y permanece en silencio, a veces tiembla. Gato que casualmente está en unos de sus días tranquilos, viene de vez en cuando, se sienta a su lado, ronronea, y le da calor, eso debe reconfortarle.
Nosotras intentamos no hacer mucho ruido ni molestarla demasiado con nuestras preguntas. A los tres pollos de la madraza les dejamos que estén con ella porque con sus ganas de conocer más sobre el mundo por lo menos la entretienen un poco.


La gallina Clara habla con un pollo
Es duro perder a un compañero así, yo no lo conocía mucho porque era joven y muy tímido. No llegó a abrirse con nosotras. Desde el día en que su madre le independizó en contra de su voluntad, se quedaba solo por las lindes de nuestro campo (donde no hay ningún interés y por supuesto ningún gusano), había dejado de ir detrás de ella pero la seguía con la mirada a todas partes. Ojalá hubiera nacido hijo de la Madraza, serían tal para cual pero el pobre tuvo poca suerte. La fuina que es más lista que el hambre, vio que era un objetivo fácil y fue a por él.

Cuando Maitina bajó y se encontró con el espectáculo casi le da un mal, tapó los restos con su pañuelo y nos reunió a todas en el gallinero. Durante un momento estuvimos en silencio, después puso una música de relajación que le han pasado en su curso e hicimos una visualización en la que el pobre pollo muerto subía volando como si fuera un milano hacia las peñas y allí se unía con su familia, me acordé de mi padre y mi madre y de mis hermanos pollos y me emocioné mucho.
_Chicas -nos dijo el ama- no hay vida sin muerte, como no hay luz sin sombra...
Eso no lo entendimos y la gallina Clara no estaba como para explicar nada...Habrá que preguntarle a las ovejas que con lo místicas que son seguro que algo nos pueden explicar. Maitina continuaba con su sermón.
Escuchando a Maitina

_Por mucho que nos duela es el ciclo de la vida. Hoy parte de nuestro amigo se ha convertido en parte de la fuina que a su vez será alimento de otro animal. Así funciona desde siempre la madre tierra y lo hará hasta la eternidad.
Entonces Gallo voló hasta el palo más alto y desde ahí empezó a cantar.
_Cualquier gallina acepta el equilibrio de la madre tierra, los que nos parecen odiosos son los animales que vienen buscando el alimento fácil.
_Como la fuina y el milano y las zorras -cacareó la gallina Punki.
El gallo batió las alas y continuó hinchando su pecho de gallo castellano:
_Nosotras las gallinas también cazamos. Nos pasamos la vida buscando un buen gusano, una tarea que lleva tiempo y dedicación, conocer bien la tierra y su olor, tener paciencia...Saberlo rodear, engañarlo para que no sospeche y sacarlo con fuerza y seguridad para que salga entero.
_Respetamos a los gusanos y ellos nos respetan -cortó una de las hermanas.
_¡Se puede ser cazador sin perder la dignidad! -añadió la otra.
_Venir aquí a un lugar cerrado donde el escape es imposible ¡es de cobardes!
Eso dijo Gallo sí señor y por una vez todas nosotras le dimos la razón, hasta la gallina Clara cacareó desde su viga.
_Algo haremos para que no venga más esa fuina, ¡ya veréis! -dijo el ama que continuaba sentada con nosotras y parecía una más siguiendo la conversación del gallinero. ¡Es una mujer impresionante! Un día os digo que se sube a un palo y duerme con nosotras.
Maitina y Udi en nuestra pradera

Dicho y hecho, al ama no le hace mucha falta mucho tiempo para tomar una resolución, así es ella.
A la mañana siguiente metió a Udi en el prado. Si el día del crimen experimentamos emociones fuertes, ése ¡no sabíamos lo que nos esperaba! Como sabéis Udi todavía es joven y tiene energía para dar y tomar, nada más entrar se dio tres vueltas completas corriendo por el gallinero sin que el ama pudiera controlarlo. Ya os he contado la manía que tiene por reunirnos a todas, pues nos reunió ¡vaya si nos reunió!...¡qué mareo! Eso sí Maitina fue a su lado y le pegó tal bronca que se sentó en un rincón con el rabo entre las piernas.

Pobre Udi, todavía le cuesta entender, que aunque vivamos bien en el valle a veces el ama nos pide cosas a cambio y no es porque hayamos hecho algo mal. Él había pasado un fin de semana con unos turistas que tenían otros dos perros. Maitina le dejó que fuera con ellos para que hiciera de guía porque a pesar de tener pocos meses, Udi ya conocía bien todos los caminos. Cada día el ama .
le lleva al paseo y él disfruta aprendiendo los recorridos. Va memorizando el olor de las toperas, de las madrigueras de conejos y por supuesto tiene ya sus árboles favoritos marcados en el camino.

Al principio estuvo entretenido contándoles a los tres pollos y a la gallina Punki, que siempre está interesada en los turistas que nos visitan, cómo eran, dónde habían estado y las excentricidades de los perros de ciudad...
_¿Sabéis que uno de ellos llevaba chubasquero? -decía Udi
_¿Cómo abrigo? -preguntó curiosa la gallina Punki a la que siempre atrajo el tema de la vestimenta animal.
_Sí, como el que se pone el ama cuando llueve pero adaptado a su cuerpo...¡era tan ridículo! En uno de los ríos que cruzamos se le enganchó la capucha y casi se queda ahí colgando como un murciélago...
Udi el viajero

Pero cuando ya no tenía más que contar y después del fin de semana que había pasado corriendo de acá para allá con los turistas que te hacen creer que la vida siempre es estar de vacaciones, Udi empezó a agobiarse con lo de estar encerrado con nosotras y el espacio de la pradera (que la verdad es muy agradable) se le quedaba pequeño. Empezó a hacer preguntas sin sentido fruto de sus nervios.

_¿Tendré que pasar aquí toda mi vida?
Yo intentaba explicarle que no, que era por la fuina. Y que decía el ama que sólo hacía falta que la pradera oliera un poco a perro.
_¿Y si no se va nunca? -me contestaba receloso- ¿y si vienen otras fuinas?
Se puso tan pesado que la mayoría de mis hermanas optaron por meterse en el gallinero para no oírle y con miedo de que le diera por reunirnos a todas otra vez. Udi se quedó fuera con la gallina Punki y conmigo en silencio. Al rato vimos cómo se acercaba Biberón desde la colina. Ella no acostumbra a bajar a la casona, salvo excepciones porque normalmente Udi sube con el ama hasta donde están las latxas. A los dos les encantaba ponerse al día de las noticias como una nueva madriguera de topos o que ya habían empezado a salir las setas o que Lore, la perra amiga de Udi, le llamaba desde Lusarreta.

Si la gallina Clara hubiera estado al cien por cien seguro que habría estado atenta a este encuentro por miedo a lo que Udi pudiera hacer. Pero siendo la situación que era, ninguna gallina se dio cuenta de la mezcla explosiva que hacíamos la gallina Punki, Udi, Biberón y (está mal que yo lo diga) yo.
Maitina y Biberón

Biberón es una latxa, una de las más jóvenes, nosotras la conocemos bien porque Maitina la crió en la casona y tuvo que darle biberón siendo recién nacida. Es una de las ovejas blancas, la más blanca, la que más se parece a una nube.
Un día mientras le daba de comer sentada entre nosotras, el ama se enterneció y dijo:
_Es dulce como el algodón de las ferias...¡madre mía ni se os ocurra decir alguna vez que he dicho algo tan cursi!
Nosotras no sabíamos qué era el algodón de las ferias, el ama debió darse cuenta porque la gallina Clara cuando no entiende algo pica la viga con cierta incomodidad. Maitina nos contó que es una golosina a la que llaman algodón dulce y tiene forma de nube, a veces te da pena comerla añadió pero cuando hundes los dientes muerdes algo muy ligero que cuando los aprietas, cruje.

Biberón debió ser la primera amiga que tuvo Udi cuando casi era cachorro y durante un tiempo crecieron tan unidos que uno no sabía si era perro u oveja y la otra si era oveja o perro. Realmente tienen las mismas lanas y una complicidad fuera de lo común.
Nosotras estábamos encantadas de presenciar este encuentro. La gallina Punki porque no se pierde una y yo porque como habrás comprobado, mi vocación de reportera me lleva a estar atenta ante cualquier aventura y ésta parecía de las que tienen miga.
Nada más verle encerrado en nuestro campo Biberón se extrañó.
_¿Qué haces ahí Udi?
_Es por la fuina
_¿La fina?
_Sí, la comadreja, ya ha matado una gallina y el ama tiene miedo de que cuando no esté vuelva al ataque, y me metió aquí...lo peor es que no sé cuándo me sacará, creo que está molesta porque no hago una a derechas.
Iba a decirle a Udi que eso no es así para motivarle un poco pero Biberón exclamó.
_¡Yo la vi!
_¿Al ama? Sí, se marchó por la carretera...
_No al ama no, ¡a la fina ésa! Si quieres puedo indicarte hacia dónde está y ¡la cazamos!
_¡Contad con todo mi apoyo! -dijo la gallina Punki, las dos escuchábamos la conversación aprovechando la discreción de nuestro tamaño.
_Pero, ¿cómo salgo de aquí? -preguntó Udi.
_Como si fueras un topo -respondió al momento la gallina Punki.
_¿Cómo?
_Haciendo un túnel, mira ves ahí debajo del puente, donde la valla queda más alta, ahí es fácil, además el puente te tapará.
La gallina Punki es increíble, como es pura curiosidad ¡se conoce todos los recovecos de nuestra pradera!
_Vale, haré eso. Biberón tú vete para allá y no pierdas el rastro de la fuina.
_¿Te acuerdas cuando jugamos a ser lobos?
_Sí, claro.
_Vuelve y olfatea como te enseñé.
Da gusto ver a estos dos trabajar en equipo.
_¡Genial! ¡Síguela sin que se dé cuenta! En cuanto salga te avisaré...¿Cómo te aviso?
_Puedo cantar fuerte tres veces a modo de señal- se ofreció la gallina Punki
_¡Y yo con ella! -me uní.
_Muy bien, ésa será la señal, ¡en marcha amiga Biberón!
Udi, la gallina Punki y yo fuimos hacia el puente, entre las dos empezamos a picotear por debajo en busca de la tierra más suelta. Debo confesar que si por casualidad aparecía un gusano nos lo comíamos...¡A mí este tipo de misiones me da un hambre! Le señalamos a Udi dónde tenía que cavar y nos quedamos fuera vigilando por si aparecían el ama o las otras gallinas. Si se enteraban no compartirían nuestro criterio sobre cazar a la fuina.
_¿Va a ser tu primera cacería Udi? -preguntó la gallina Punki.
_Sí, fuera de mis sueños sí -respondió desde el agujero- el ama siendo yo muy cachorro me contó que nosotros, los perros, antes éramos lobos. Me enseñó un collar antiguo que tiene colgado en la casona, de cuando había lobos por nuestras montañas. Era muy pesado, de hierro y con pinchos. Los perros lo llevaban para proteger el cuello de un posible ataque. El aita lo colgó sobre la chimenea como recuerdo de los perros de su abuelo.
El collar de los perros del abuelo

_¡Caramba! Ojalá pudiera ver esa maravilla - exclamó la gallina Punki.
_Sí, el ama me dijo que pesaba casi lo mismo que yo. Me venían a la cabeza miles de imágenes de luchas entre lobos y perros.
_¡Eran encarnizadas! -me decía el ama que de verdad hay veces que da miedo porque parece que te lee el pensamiento- Y lo peor de todo es que es una guerra entre hermanos, una especie de guerra civil.
_Eso no le entendí – menos mal que continuó con la explicación.
_Los perros antes de ser domesticados fuisteis lobos. Dentro de ti descubrirás muchos recuerdos de lobos. Son las voces de tus ancestros, escúchalas, te ayudarán a saber quién eres realmente. No lo olvides.
_¡Guau!- soltó la gallina Punki.
_Eso mismo dije yo...-le contestó Udi- Desde entonces empecé a practicar con Biberón y descubrí que puedo olfatear y cazar si me lo propongo. ¡Veréis cuando encuentre a la fuina y le dé su merecido!

Udi terminó el agujero bastante rápido, y salió disparado al encuentro con Biberón ¡tiene una energía! Como iba con la idea fija, no se dio cuenta de que por la pradera de arriba a la que daba el túnel acaba de aparecer una turista. Nosotras tampoco pudimos avisarle porque nos distrajimos al ver toda la tierra que había dejado removida que olía a gusano fresco que mataba.
Era una turista algo diferente, ella quería entrar de lleno en la vida del campo...
_La conocí en un viaje -nos decía el ama día antes de que viniera a la casona- al principio no nos llamamos mucho la atención, pero un día empezamos a charlar, ella me habló de sus cuentos y yo le conté de mi vida aquí y demás y conectamos. Luego me pidió si podía venir aquí a conocerlo y a entrevistarme, decía que quería escribir sobre mí. Después de su visita a la casona, quedó encantada y decidida a escribir un libro pero no sobre mí, ¿sabéis? Sino sobre vosotras. Me quitasteis el protagonismo ¡de un plumazo! Así que quiere aprender de vosotras y observaros.
_¡Saldremos en un libro! -exclamaron los polluelos.
_Podría titularlo “Las gallinas de Maitina” -dijo la gallina Clara desde su viga.
_”Las gallinas de Maitina” sería un buen nombre -afirmó el ama y nosotras la miramos entre sorprendidas y encantadas con ese oído que ella tiene. El único que no parecía muy contento fue el gallo que picoteó el suelo molesto.
Con esa presentación ya os imagináis que no era una turista común, esa gente que viene a pasar un fin de semana y solo sabe mirar a todas partes sin atender a nada en concreto, como las moscas. Tampoco era de los que se agobian con el silencio y están deseando poner la televisión o música bien fuerte. O como los que parece que del lugar donde vienen no tienen qué comer y aquí no paran de ir de restaurante en barbacoa y de barbacoa en restaurante.
La turista con Udi
A ella le gustaba pasar tiempo con el ama y charlar, ¡hasta le ayudó a limpiar nuestro gallinero!
Si ya había caído bien con eso de que quería escribir sobre nosotras, a partir de ese momento la Madraza y la gallina Gris le están eternamente agradecidas. Una por la salud de sus polluelos y la otra por la de sus huevos imaginarios. Estaban halagándola cuando una de las hermanas las interrumpió.
_Será muy buena pero hubo un momento sacando el estiércol en el que casi vomita -se quejó.
_¡Nadie es perfecto! Afirmó la otra.
Por un momento ambas hermanas se miraron en un silencio incómodo, creo que es la primera vez desde que las conozco que no están de acuerdo.

La turista escritora que como acostumbra iba pensando en sus cosas, se sobresaltó al encontrarse de repente a Udi. Él se quedó quieto un momento a la espera de su reacción.
_¡Buenos días Udi! -y le acarició la cabeza cariñosa. Por mucho que se esfuercen...los turistas no se enteran de cómo va la vida en el campo.
Ella se sentó con un bloc de notas en la hamaca y empezó a hacer dibujitos con un lápiz mientras Udi seguía su camino, al final va a tener razón la gallina Clara cuando dice eso de que los turistas no se enteran de nada...y estos que escriben ¡menos! Como dice Maitina ¡cada uno tiene su pedrada!

De todas formas prefiero a la escritora mil veces más que a la ansiosa, una a la que el ama la dejó a cargo de la casona y de nosotras y el resto de familia porque tenía ganas de encontrarse con la naturaleza y consigo misma. Pues cuando lo hizo se debió asustar porque a la mañana siguiente, después de un primer día tranquilo, empezó a hacer recuento de todos los animales cada diez minutos por miedo a que nos hubiera pasado algo. He exagerado un poco, no eran cada diez minutos, pero como mínimo nos quería contar tres veces al día.
Creo que de esos días aciagos le viene a la Madraza la ansiedad por los pollos y no me extraña. Hasta yo llegué a temer que faltara alguien.

Esta turista o era un poco más despistada o estaba con sus cosas, el caso es que dejó que Udi continuara con su camino.
El plan habría ido a la perfección si a la Madraza no le hubiera dado por salir a cotillear. Cuando nos descubrió entre la tierra cercana al agujero picoteando en busca de algún gusano, le olió mal y se metió decidida debajo del puente hasta que descubrió el agujero y ¡la lió! Nada más verlo empezó a cacarear.
_¡Alarma!, ¡alarma!, ¡alarma!
Montó tal algarabía que las gallinas al completo salieron del gallinero, todas menos la gallina Clara que empezó a llamarlas de vuelta.
_¡Adentro! ¿No os dais cuenta de que el peligro siempre está fuera!
Las mismas que habían salido volvieron a entrar aún más rápido. Las últimas fuimos la Madraza y yo. La gallina Punki no consintió en abandonar su puesto.
Estampida de gallinas

_¡Paciencia hay que tener!- dijo antes de que nos marcháramos- explícales que era necesario, que es una medida de protección...aunque tal y como está Clara me temo lo peor.

Cuando llegué, las otras gallinas se habían colocado en los palos y en las vigas, yo me quedé abajo sintiéndome muy pequeñita. Por primera vez en mi vida tenía toda la atención del gallinero y no parecía que fuera a ser fácil de gestionar.
La gallina Clara picó en su viga y se hizo un silencio inmenso.
_La madraza nos ha contado que habéis hecho un agujero en la valla, ¿es así?
_Sí debajo del puente..., Udi dijo que...
_¿Dónde está Udi? -me cortó Gallo.
_Ha salido por el agujero porque...
_¿Qué pasará si viene la fuina...? -preguntó temblando la gallina Clara.
_¿Qué es una fuina? -dijeron los tres pollitos a la vez.
_¡Dejad hablar a la niña! -interrumpió la gallina Gris que de repente me miraba con un cariño inusitado.
_Vino Biberón que había visto a la fuina, Udi dijo que irían juntos a cazarla y así no nos molestaría más. Hace ya un rato que salió.

Mis hermanas cacareaban y subían y bajaban nerviosas de las vigas. Entonces se escuchó la voz de Gato que caminaba en dirección a la gallina Clara.
_¡Ey! Chicas, para una vez que el lanas tiene una buena idea...Si la cazan ¡se acabaron los problemas!
_Pero ¿y si viniera aquí? Ahora tiene una entrada todavía más fácil -respondió Clara temblando.
_No, si la vigilamos -dijo Gato.
A Clara no se la veía convencida.
_Podríamos llamar la atención de la turista -dijo la Madraza- si alguna sale por el agujero posiblemente se sorprenda e intente taparlo.

Acordamos que ésa sería una buena solución, la gallina Punki se ofreció voluntaria. Parecía un buen plan porque la turista sin saberlo, se había sentado muy cerca de la salida del agujero y cualquiera con dos dedos de frente se sorprendería al ver una gallina revoloteando fuera de su pradera...cualquiera menos ella. La gallina Punki salió haciendo la mejor interpretación de su vida, revoloteó y cacareó como si fuera su último día pero la turista sólo levantó un momento la vista de su libreta y sonrió. ¡Estos turistas no se enteran de nada!
Ya sólo nos quedaba mantenernos alerta y esperar a que viniera el ama.

Montamos turnos de vigilancia. La fuina no apareció para la tranquilidad de todas especialmente de la Madraza. En cuanto escuchó el coche de Maitina se abalanzó hacia el agujero y salió montando una escandalera digna de haber puesto tres o cuatro huevos del tirón. Ahora la turista sí reaccionó, se levantó sobresaltada, miró a la Madraza y le preguntó si ocurría algo pero ella no tiene el don de entendernos tan bien como el ama. Menos mal que llegó Maitina y rápidamente se dio cuenta de que algo andaba mal.
La Madraza con sus pollos
La Madraza con los nervios había olvidado dónde estaba el agujero e intentaba volver a entrar en nuestra pradera volando y no hace falta que diga que las gallinas no somos muy buenas en eso de volar. Sobre todo sin carrerilla y nerviosas, así que por más que lo intentaba, terminaba chocándose con la valla y cayendo en el lugar equivocado. Maitina le pidió a la turista que la cogiera. ¡Vaya dos buenas prendas se juntaron! Entre la Madraza con su vuelo confuso y la turista con su pedrada...estuvieron un buen rato intentando ayudarse sin conseguirlo hasta que por fin, la turista pudo coger a la Madraza en brazos y ayudarla a volver a la pradera.

El ama mientras tanto, descubrió el agujero y lo tapó con un cubo lleno de agua, ¡por fin estábamos seguras! Después se fue en busca de Udi.
_Se la va a cargar -le oí decir y deseé que ella pudiera entender nuestra misión.

Empezó a anochecer y ni Udi ni el ama habían vuelto. Entonces escuchamos unos pasos familiares acercarse al otro lado de la valla. Udi llevaba a la fuina entre los dientes.

_¡Bien por Udi! Coreamos. Con el alboroto, la gallina Clara se animó a asomarse hasta la puerta y al comprobar que lo había conseguido fue hasta él y le dijo que se había ganado tres huevos.
Udi estaba feliz y contento y ahora con los huevos mucho más pero cuando le contamos que el ama había salido a buscarle un poco enfadada se quedó preocupado.
_Tú, tranquilo- dijo la gallina Punki- ¡Da la cara! Quédate aquí y deja que el ama vea la fuina cuando venga a cerrarnos el gallinero, ¡ella entenderá!
Y así fue, Maitina llegó corriendo detrás de Biberón.
Biberón de mayor
_¡Vaya día! -decía- ¡me tenéis loca! ¿se puede saber qué quieres tú de aquí abajo!
Cuando Biberón llegó a la altura de Udi nos guiñó un ojo. Nosotras estábamos esperando a su lado, queríamos darle todo nuestro apoyo a Udi el cazador.
_Bueno, así que ya te has paseado suficiente ¿no? -dijo Maitina a Udi.
Entonces Biberón empujó con el morro la fuina y el ama entendió.
_¿Y esto?
Udi el cazador
Udi se agachó, la cogió con los colmillos, la lanzó lejos y aulló.
El ama aplaudió y empezó a acariciarle.
_Muy bien Udi, buen perro ¡te has ganado tres huevos como mínimo!
Maitina es increíble. Nosotras aleteábamos y cacareábamos felices en el prado, pero la gallina Gris tuvo que romper este momento mágico, empezó a corretear hacia el gallinero y a decir que a ella nadie le iba a quitar sus huevos.

El ama se rió, antes de cerrarnos la puerta del gallinero nos dijo que iba a ir al monte a dejar la fuina para los buitres porque el ciclo de la vida tenía que continuar, fuera le esperaba la turista con una linterna. 

CONTINUARÁ...
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