lunes, 16 de marzo de 2009

Ella viaja dentro de su cuadro de pasión


Nunca pensó que la pasión tuviera forma angulosa, le atraían más las formas redondeadas, que le recordaban al cuerpo de una mujer, a las dunas del desierto, a la curvatura de los labios al juntarse en un beso…
Esas formas que tantas veces había recorrido sobre la piel de sus amantes, acariciándolas arriba y abajo, dejándose sorprender por todos los recovecos.
Hasta el momento tenía claro que la pasión si tuviera forma, sería redondeada, como un corazón, como unas nubes o como unas nalgas musculosas que reposan sobre las piernas.
Pero un día algo cambió, empezó a mirar el mundo con otros ojos, quizás estaba cansada de lo oblicuo, lo ovalado que antes tanto le habían atraído…Quizás sólo tenía que pasar no había más explicación.

Salió a la calle con la cámara en mano, hizo fotos aquí y allá, dejándose llevar por sus impulsos. Después paró en un café para mirar sus pequeños recortes del mundo, lo que más le gustó fue que estaban enmarcados en el cuadrilátero de la cámara.
Esa sensación de realidad enmarcada, la absorbió de tal manera que se sintió descolocada. Ahora sólo podía buscar lo cuadrado: se quedó embobada con los paneles de publicidad, los marcos de las ventanas, las cristaleras alargadas de las paradas de autobús. Andando sin rumbo mecida entre tanto ángulo recto llegó hasta la puerta del museo. Allí una idea, fugaz pasó por su mente y la arrastró irremediablemente hacia el interior.

Tantos años engañada, pensó, la pasión no podía estar encerrada dentro de las formas redondeadas. Hay algo que la contiene con mucha más fuerza: todos los marcos de los cuadros encierran la pasión del que los creó.
Rodeada de tanta belleza comenzó a sentir un placer casi sensual, se dejó invadir por los colores y figuras. Continuó avanzando una sala detrás de otra, se sentía como quien nada hacia altamar. Cuando ya casi estaba en lo más profundo de su interior lo vio.
Era un cuadro que nunca antes le había llamado la atención, nunca había percibido toda su belleza. Representaba una manzana, roja brillante, el marco la cortaba resaltando así sus formas redondeadas y jugosas.

Notó cómo la imagen comenzaba a llamarla, a requerirla, le sugirió todas aquellas sensaciones que tantas veces había disfrutado. Sin pensarlo dos veces se dirigió hacia él, como si fuera una puerta que sólo ella veía. En la sala no había nadie, ni siquiera la de vigilancia se dio cuenta, ocurrió en décimas de segundos. Se acercó caminando, llegó hasta la altura del cuadro y éste se la tragó. Desde entonces ella viaja en su cuadro de pasión enmarcada por formas angulosas y envuelta por las redondeces de aquella manzana.

Algunas veces cuando van excursiones de colegios al museo, hay niños que dicen que la manzana del cuadro tiene un gusano. Las profesoras no prestan atención, creen que los niños bromean, pero si mirasen con cuidado podrían distinguir una pequeña figura que se retuerce de placer. Los niños la llaman gusano, a ella ya no le importa cómo nadie la llama.

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