viernes, 24 de abril de 2009

Historia de un encuentro


Hasta entonces nunca me habían aterrado de esta forma los aeropuertos
Lléname de abrazos, lléname de besos creo que anunciaron tu vuelo
Fugaz e indeterminado esta historia ha comenzado como un sueño y no sé en verdad
Si fue real
Ismael Serrano



Era temprano, cuando ella salió de casa, prácticamente no circulaba ningún coche. El taxi se desplazó con rapidez hasta la Terminal a las afueras de la ciudad.
Ir en un vehículo de noche camino del aeropuerto sola siempre le recordaba al principio de algunas películas, cuando la protagonista se desplaza en taxi mientras se escucha de fondo una canción (normalmente de un grupo inglés) mientras las luces de los edificios a los lados de la carretera bailan a coro.
Por fin llegaron al final del viaje, nada más coger el desvío a la terminal la escena cambió totalmente, era como si toda la gente de Madrid estuviera en ese momento en el aeropuerto, normal pensó ella, se trata del mejor puente de todo el año, aunque nunca hubiera creído que tan temprano se movilizase tanta gente.
Muchos taxis hacían cola para descargar a sus viajeros, también había coches particulares de gente que se despedía, por todos lados salían hombres y mujeres cargando con maletas, padres regañando a sus hijos porque no habían prestado atención al cruzar, parejas de enamorados que no atendían a nada más que al otro…La Terminal se había convertido en una verdadera ciudad a las seis de la mañana.
Pagó el taxi y se dispuso a entrar. Nada más pasar la puerta le sorprendió la imagen que tenía ante ella, una cola sin principio ni fin de gente que se iba enroscando sobre sí misma ocupaba todo el espacio de lado a lado de la gran sala donde se repartían los mostradores de la línea aérea. De vez en cuando se movía enroscándose más sobre sí misma y escondiendo su final.
Ella pensó que a pesar de haber llegado casi con dos horas de antelación jamás conseguiría facturar a tiempo.
En un lateral de la gran sala encontró la solución: los billetes electrónicos. Podía sacarlo con una computadora sin necesidad de enfrentarse a aquella serpiente humana. Con ayuda del resto de la gente (esas máquinas son infernales) consiguió sacar el billete y por fin pudo dirigirse hacia la zona de embarque.
Su sueño de desayunar tranquilamente en el aeropuerto mientras pensaba en sus vacaciones se vio frustrado, todos los cafés estaban llenos de gente que a pesar de la hora, parecía que se había levantado con ganas y hablaba a un volumen para ella insoportable.
Decidió acercarse a la puerta de embarque porque con la aventura de sortear las hordas de gente, se le había hecho bastante tarde.
La puerta de embarque F39 parecía estar al final del mundo, anduvo mucho rato, cogió varias cintas magnéticas hasta que consiguió llegar cuando quedaban aún unos minutos para entrar en el avión. Justo enfrente de la puerta vio una máquina de café, a pesar de no ser lo que había imaginado, pensó que podría servir. Se dirigió hacia la máquina y sacó un capuchino, fue entonces cuando se dio cuenta de que un poco más allá había una zona habilitada para fumadores. Genial un café y un cigarro justo lo que necesitaba para enfrentarse con fuerzas al resto del camino.
La zona era un cuadrado de paredes de plástico blanco, con cuatro entradas en cada uno de sus extremos. En las esquinas tenía ceniceros para que los fumadores pudieran tirar sus colillas. Dentro del cuadrilátero había tres personas fumando tranquilamente. A ella aquel lugar le recordó a una narcosala, por un momento le agobió fumar allí como si fuera una toxicómana, pero se consoló con la idea de que a la vuelta del puente lo dejaba definitivamente.
Pasado el espacio de fumadores a pocos metros estaban las cristaleras del aeropuerto, había un escalón donde algunos viajeros esperaban sus vuelos.
Ella se dirigió hacia allí pensando que le atraía más fumarse un cigarro en espacio abierto que en la narcosala, se sentó, dejó su maleta a un lado y comenzó a liar un cigarrillo, al terminar reparó en un chico sentado a su izquierda,
-¿te molesta que fume? Le preguntó,
-no, dijo él, acabo de apagar uno.
En ese momento ocurrió algo extraño, aquel chico la miró fijamente mientras le hablaba y ella encontró en esos ojos algo familiar, como cuando miras a una persona con la que tienes mucha confianza, era como si ya le conociera.
No sabía si él había sentido lo mismo pero lo que estaba claro es que ambos habían mantenido la mirada durante un largo rato. Después como ocurre en estas situaciones con extraños, los dos volvieron a sus cosas un poco violentos.
Ella a rebuscar en su bolso un mechero y él a sus pensamientos. La búsqueda no tuvo mucho éxito por lo que de nuevo se dirigió a él,
- Perdona ¿te importa darme fuego?
- Claro, no problem
Ahora era él quien rebuscaba por los bolsillos, ¿qué pasa con los mecheros que cuando uno los busca se hacen los interesantes?. Mientras él estaba a la caza y captura del mechero, ella le miraba, realmente era un tío atractivo: alto, moreno, pelo corto, una pequeña perilla por debajo del labio, vaqueros, zapatones…Por fin lo encontró, y ella volvió a reparar en su mirada, era lo que más le gustaba con diferencia, aquellos ojos verdes, redondos y cálidos que la atravesaban.
Se dio cuenta de que él llevaba un rato dándole el mechero y se disculpó.
- Aún estoy un poco dormida
- No pasa nada, yo estoy igual
Ella intentó encenderse el cigarro pero el mechero se resistía
- Funciona cuando quiere, insiste que seguro que lo consigues, pocas veces enciende a la primera.
Por fin el mechero se encendió
- ¿De dónde vienes?
- De Argentina ¿y tú?
- De mi casa
Los dos rieron,
- parece que cuando estás en el aeropuerto sólo puedes venir de algún lugar lejano ¿verdad?
- Sí, aunque con lo que me ha costado llegar hasta la zona de embarque me siento como si hubiera hecho un viaje trasatlántico.
- ¿En serio?
- No te puedes imaginar cómo está Barajas, es una verdadera locura, todo Madrid parece querer irse de vacaciones al tiempo. Tú ¿dónde vas?
- Vuelvo a Barcelona, tengo ganas de llegar a casa, ha sido una semana agotadora.
Siguieron hablando, él contó sus aventuras y desventuras por Latinoamérica, ella suspiró al oír hablar de Argentina, no lo conocía y tenía muchas ganas desde hacia tiempo. Él le comentó que merecía mucho la pena ir para allá, claro que a ser posible no sólo a trabajar. De ahí pasaron a hablar de los viajes que habían hecho cada uno, de los que soñaban hacer…El tiempo pasaba casi sin que se dieran cuenta, claro que ella no podía evitar mirar hacia la puerta de embarque quedaba justo frente a donde estaban sentados. Ya había gente haciendo cola, aunque no avanzaban, pero cada vez la hora de su vuelo estaba más cerca.
Él continuaba hablando, ahora decía algo de una vez que le habían registrado la maleta en Colombia.
Ni siquiera nos hemos presentado, pensó, sólo sé que vive en Barcelona, que viaja por trabajo y me siento como si le conociera de siempre. Pero sobre todo lo que siento es que no quiero marcharme.
Él calló, y comenzó a mirarla ¿no te parece? Creyó oír entre sus pensamientos
- ¿Qué? perdona
- No te has enterado de nada de lo que he dicho ¿verdad?
- No, lo siento estaba pensando en que voy a tener que embarcar dentro de poco y ahora preferiría no marcharme
- Entiendo, quizá pueda ayudarte si te invito a un café
- Entre todas las cafeterías que hay por aquí no sabría cuál elegir
- Me pareció ver que antes disfrutabas de un fabuloso café de máquina
- En ese caso acepto tu invitación sin lugar a dudas.

Cuando llegaron a la máquina él descubrió que no tenía monedas de euro, amenazó con abrir la maleta porque estaba convencido de que las había guardado por allí.
Finalmente fue ella quien invitó a los cafés. No sin antes decirle que había usado el típico truco de invitar y luego no poner un duro, cómo se nota que eres catalán…

No haré caso a ese comentario y para compensarte la invitación permíteme que te lleve lejos de aquí a uno de mis cafés preferidos.
Me encantaría pero mi avión…
No te preocupes llegarás sin problemas, sólo vamos a viajar con la imaginación, cierra los ojos.

Hemos quedado en el metro de las Ramblas, yo llevo un rato esperando, tú has llegas tarde con cara de prisa. Avanzamos un poco por las Ramblas que como es habitual están llenas de gente que sube y baja, para después girar a la izquierda.
Las calles del centro de Barcelona están formadas por altas casas antiguas, en esta época del año a pesar de que haga calor, el sol entra con dificultad. Parece que estemos dentro de un laberinto entre todas esas callejas con olor a humedad.
Seguro que si en ese momento soltase tu mano y te dejase allí no sabrías volver…
Acabamos de llegar. El café está en una calle tan estrecha que casi no te das cuenta de que hay un local hasta llegar a la puerta. Eso hace que no lo conozca mucha gente, es un sitio tranquilo y casi diría que familiar, pocos extranjeros consiguen encontrarlo por no decir la gente de la ciudad…A veces he llegado a pensar cómo hacen para mantenerlo abierto, pero no nos distraigamos.
Pasa por favor, la puerta es antigua, modernista de madera y cruje un poco cada vez que la abres, actúa como una señal para que Juan el dueño levante la cabeza del periódico que lee en la barra y nos salude.
La barra es inmensa en forma de L, detrás se agolpan botellas antiguas, si sumásemos la fecha de caducidad de todas ellas serían más viejas que el mundo. Al fondo una gramola, de lejos da la impresión de que es sólo para decorar pero al acercarte te das cuenta de que todavía funciona. La música que suena siempre en el café va a acompañada por el carraspeo de los discos al rozar con la aguja. A un lado y a otro de la barra hay muchas mesas, ahora vacías.
Ambos laterales del café tienen ventanas rodeadas con motivos modernistas, los cristales son opacos de tal forma que permiten entrar la luz conservando la intimidad del local. Llama la atención que con esa entrada tan discreta el café tenga ese tamaño. Es como si entrases en uno de esos lugares mágicos que salen en los libros fantásticos, sí los locales que son una puerta a otro mundo. Claro que ahora somos nosotros los que estamos construyendo una puerta para llegar hasta él.
Nos sentaremos en mi mesa preferida, justo al lado de la gramola, pegada al mayor ventanal de todos. Juan vendrá como siempre sonriente con su larga barba blanca a saludarme y preguntarnos qué queremos tomar.
- ¿Qué quieres tomar? Ya sabes invito yo
- Un café vienés ¿ok?
- Yo quiero un té americano.
- Mientras trae el café ¿te gustaría que pusiéramos algo en la gramola?
- The sound of silence de Simon y Garfunkel,
- creo que sí que la tienen, espera, aquí está.
La música comienza a sonar Hellow darkness my old friend, I´ve come to talk with you again… ¿la oyes? A mí también me gusta mucho esta canción.

PASAJEROS CON DESTINO GRANADA EMBARQUEN POR LA PUERTA F 39

Ambos abrieron los ojos asustados, no había tiempo para cafés. Estaban sentados muy cerca el uno del otro, de hecho parecía que por el ambiente romántico de aquel café acompañado de la música les hubiera llevado a sentirse cada vez más cerca.
- Es mi vuelo
- Ya lo sé
- Tendremos que dejar el café para otro día, gracias de todas formas, me encantará poder ir allí otra vez, claro que no sabría llegar.
- Tranquila yo te acompaño.
Era una situación extraña, ninguno de los dos conocía el nombre del otro pero no les hacía falta. Ahora la realidad del aeropuerto parecía un sueño mientras que el café de Barcelona aún no se había desvanecido de sus cabezas.

La llamada de megafonía volvió a sonar, cortándoles de nuevo la posibilidad de soñar. Ella se levantó, tengo que irme, le dijo haciendo un gran esfuerzo, y volvió a encontrarse con esos ojos, no podía mirarle más entonces no se iría nunca, era absurdo, no le conocía de nada, ella ya no era una adolescente…
Él también se puso de pie,
- ya sabes, le dijo, los aeropuertos siempre están llenos de gente despidiéndose.
- Sí sólo que hace poco nosotros no nos conocíamos
- Quizá también sean lugares donde la gente se encuentra…
- Sea como sea me alegro de haber pasado este rato contigo, le dijo mientras le daba un rápido beso en la mejilla.

Comenzó a cruzar hacia la puerta de embarque, notaba como él la seguía mirando, no sabría explicar por qué sentía un calor especial en la espalda. De repente se paró, se dio la vuelta, él estaba justo detrás alargando la mano a punto de tocarla. Soltó la maleta y le abrazó, sólo sabía que eso era lo que quería hacer, él también la abrazó. Ambos estuvieron así un rato como si no hubiera nada más alrededor. Se acariciaban, se olían, se apretaban, hasta que a esa distancia volvieron a encontrarse, ambos se perdieron en la mirada del otro y como si fuera lo más natural del mundo se besaron. Fue un beso largo cualquiera que les viera desde fuera pensaría que era una pareja despidiéndose.
Poco a poco se fueron separando, la megafonía volvía a recordarles que el tiempo se acababa, que aquello no era más que un intermedio en la película de su vida, ella tenía que irse y él en pocas horas volvería a su ciudad.

Continuarían la vida como si nada, en apenas minutos habrían olvidado la cara del otro o quizás no, nunca se sabe. Simplemente los dos se habían dejado llevar, habían hecho lo que en ese momento más deseaban y ahora había que seguir con sus vidas.
- Tengo que irme ya
- Ni siquiera sé tu nombre
- Para qué puede servirte, no nos conocemos, quizá no volvamos a vernos nunca más.
- Es extraño: sólo hace un rato que te conozco y la idea de no verte nunca más me produce dolor.
- A mí también pero ¿qué podemos hacer?
- Está bien he tenido una idea, sacaré mi mechero y si enciende a la primera entonces es que tenemos que volver a vernos, si se apaga significará que ya no hay fuego entre nosotros.
- ¿Habremos perdido la pasión después de tanto tiempo? Bromeó ella sin poder evitar una risa nerviosa mientras veía como sacaba el mechero.
Él lo cogió con fuerza, la miró a los ojos otra vez y movió el dedo pulgar hacia abajo, ella retiró la mirada, le daba miedo aquello pero rápidamente volvió la vista hacia el mechero. Sobre él lucía una gran llama.
- Parece que aún hay pasión entre nosotros
- Eso parece
Como ya estaban cerca de la puerta de embarque, ambos pudieron percibir cómo las azafatas se ponían nerviosas pendientes de que ella entrase en el avión.
- No hay tiempo que perder, dijo él y garabateó rápidamente su móvil en una tarjeta.
- Estaré esperando tu llamada, nadie me deja a medias en mi cafetería preferida.
- Está bien, te llamaré.

Volvieron a besarse esta vez con más calma, disfrutando del contacto con el otro. Éste era un beso que decía continuará, muy distinto del primero que decía FIN

Ella atravesó la puerta de embarque no sin antes acercarse a su oído y susurrarle su nombre, él correspondió mordisqueando su oreja y murmurando algo también.

La vio marcharse igual que la había visto llegar: tirando de su maleta mientras andaba con paso rápido, decidida y sonrió pensando: CONTINUARÁ

Entre Granada mayo y Madrid junio de 2007




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