domingo, 10 de mayo de 2009

Tiburcio el ordenador literato

Tiburcio era un ordenador de lo más responsable con su trabajo, siempre lo tenía todo muy bien clasificado y ordenado. Si alguien estaba usándolo prestaba mucha atención a todas sus órdenes para no cometer ningún error.
Parte de la consecución de un buen trabajo de Tiburcio venía de la concentración y atención que prestaba en cada tarea. Por ejemplo si alguien estaba escribiendo algún texto, él iba leyendo todo con idea de anticiparse a sus necesidades. Así de manera indirecta, Tiburcio aprendió sobre muchos temas diferentes que los usuarios iban trabajando con él.

Él se enorgullecía de ser un ordenador de esos que casi nunca daba error, ni se bloqueaba, ni había que reiniciarlo ni nada.
Sólo había una cosa del trabajo de sus usuarios que le daba mucha pero que mucha pena, esto era cuando borraban algo de lo que habían escrito o diseñado o trabajado. ¡Qué tristeza le daba ver palabras, gráficos y fotos bonitos que se perdían !

Su alegría del trabajo del día a día era el buen funcionamiento y todas las cosas nuevas que iba aprendiendo. Y su tristeza era ver cómo todas aquellas palabras, frases, títulos, fotos, gráficos...desaparecían con rapidez.
Tantos archivos perdidos, tirados en la papelera de reciclaje o eliminados peor aún eliminados para siempre.

Un día se le ocurrió una idea: si ellos no lo guardan, yo lo guardaré.
Así Tiburcio se convirtió en un gran coleccionista de archivos borrados, de textos cortados sin vuelta atrás, de fotos olvidadas, de frases despreciadas. Una especie de biblioteca de abandonados.
Al principio esta información la guardaba en carpetas ocultas por miedo a ser descubierto. Pero después de un tiempo de tanto leerlo y repasarlo se dio cuenta de que podía crear una gran historia con todo aquel material que en otros relatos o trabajos había sido despreciado.
En los ratos en que nadie trabajaba con él, fue ordenando toda la información, mezclando unas cosas con otras, poco a poco los recortes de miles y miles de trabajos se convirtieron en una gran obra de arte.

Un día tras examinarlo con atención decidió que ya estaba acabado. ¡Qué alegría! Pero ahora tenía un problema, sentía ansias de compartirlo con alguien pero ¿con quién? No se atrevía a hacerlo con los usuarios ¿y si después del trabajo que le había llevado todo ello decidían hacerlo desaparecer?

La solución llegó cuando le conectaron a internet ¡eso sí fue un descubrimiento! ahora podía enviar su creación a todos los ordenadores que quisiera. Así lo hizo, cuando le mandaban conectarse a la red aprovechaba el más mínimo descuido para colar trozos de su obra (toda completa sería muy descarado) dentro de los mensajes de los usuarios.

Rápidamente por la misma vía que él había utilizado, empezó a recibir respuesta de muchos de los ordenadores, algunos de ellos le animaban a seguir y le pedían que les fuese enviando el resto de su obra. Otros se disponían a imitarle, otros más precavidos le advertían de los peligros que podría acarrear el ser descubierto.

De esta manera comenzó un verdadero arte en el mundo de los ordenadores: Uno se hizo especialista en combinar fotos, otro en mezclar gráficos, otros en crear canciones… La creatividad reprimida de todos esas “mentes cuadriculadas” surgió con una fuerza tal que se volvió muy difícil camuflarla dentro de las memorias y sobre todo en los mensajes. A esto se unió que todos los ordenadores estaban tan felices de su descubrimiento que fueron dejando de ser cuidadosos.

Sin quererlo con sus primeras creaciones Tiburcio había comenzado un proceso que dificultaba tanto su trabajo como el de sus compañeros. Ahora todos estaban pendientes de ver lo último que habían recibido o de mandar algo nuevo y esto enlentecía su manera de funcionar.
Esto unido a las múltiples incursiones en los mensajes enviados de unos y otros hizo que finalmente se destapase todo.
Ahora los usuarios estaban descolocados ¿cómo podía tal cantidad de información haber ido ocupando sus ordenadores? No entendían nada. Se dieron cuenta de que había muchos programas que estaban modificados, muchos errores que aparecían de repente.

Dentro de los ordenadores había distintas reacciones: desde los que se lamentaban de que toda aquella tontería hubiera afectado a su trabajo, hasta los que se negaban a renunciar a lo que habían creado.

Una vez que los usuarios fueron conscientes de lo que había ocurrido, comenzaron a destruir todos aquellos archivos que ellos en su momento ya habían desterrado. Los ordenadores que estaban a favor de mantener su arte, buscaron la manera de ocultar todo lo posible los archivos creados por ello, esto se convirtió problemas en el funcionamiento general de muchos programas…
Los usuarios crearon programas para destruir la información oculta… fue así como con la mejor intención del mundo Tiburcio un ordenador creativo y artista contribuyó a la aparición de los virus informáticos. Con ello comenzó una guerra que aún dura: la guerra entre los ordenadores y los usuarios.

Madrid algún momento de 2003

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