viernes, 5 de junio de 2009

El montaje de Belén


Como en las series norteamericanas, que pasan ahora en la TV, hoy mi blog se pone de Navidad.


Me gustaría compartir algunas reflexiones que después de año tras año de montaje y observaciones de Belenes me han surgido:
Creo que pocas veces somos conscientes de que el único momento del año en que las figuras viven fuera de sus cajas es en Navidad. Si nosotros sólo viviéramos libremente quince días al año, nos gustaría que nos tuvieran cierta consideración y eso no siempre ocurre en el trato que les damos.

Si hablamos de las condiciones geográficas:
Hay veces que a los habitantes de Belén no les ofrecemos ninguna facilidad para llegar hasta el portal. Recuerdo una ocasión en que lo pusimos en una montaña con tanta pendiente que el ayuntamiento tuvo que ofrecer durante el periodo de Navidad un curso intensivo de escalada. A los habitantes se lo informamos con post it situados en los lugares más transitados.
Cuando se ponen superficies inmensas de musgo y las figurillas son de plástico, les cuesta mucho atravesar esas explanadas verdes (a las que por otra parte no están habituados) ya que sus piernecillas se enredan con la maleza. Eso cuando son capaces de estar de pie porque hay algunas figuras que se pasan la navidad tiradas encima del frío musgo.

Las figuras: protagonistas principales
Otro tema de gran interés que tampoco se ha discutido, son las figuras repetidas, en el Belén de mi casa hay lo menos cuatro o cinco iguales. Tanto discutir sobre la clonación humana o no y resulta que en los belenes ha estado presente durante años. No nos ponemos en el lugar de las figuras porque si lo hiciéramos…Imaginaros que vais un día por la calle a hacer vuestras compras navideñas y de golpe os encontráis con vosotros mismos (vestidos igual y todo). ¡A mí me daría un soponcio! Claro que quizá la explicación de este fenómeno es que en los belenes existían los partos múltiples y se trata de gemelos y no de las mismas personas…Pero si son gemelos no deberían vestir igual (que eso influye negativamente en el desarrollo de su identidad). Desde aquí hago un llamamiento a los profesionales que trabajen en planificación familiar y apoyo a las familias de las figuras de Belén para que les pinten los vestidos de otro color. ¡Dejen volar su imaginación! Rompamos moldes, no siempre el panadero tiene que ir de blanco o beige con un gorro redondo en la cabeza…

Y ya lo que es inhumano es cuando están repetidos los papeles, en nuestro belén hay dos San Josés, dos Vírgenes (Algunos pensarán ¿sólo en todo Belén? Las figurillas están más salidas que… Me refiero a Virgenes María, que hay que explicarlo todo), dos Herodes (por eso no hay más que un niño en todo el Belén, el resto a saber qué han hecho con ellos). Si ya tiene que ser un shock cruzarte contigo mismo por la calle, imaginaros cruzaros con alguien que ejerce vuestro mismo papel. Llega San José al portal y como si fuera un casting, “lo siento no da lo necesario para el papel” y a ver qué hace, sólo trabaja una vez al año y encima le quitan el sitio. Y si eres San José pues no puedes hacer otra cosa, no te vas a poner a adorar el portal con el anillo ese redondo que te sale de la cabeza que es un cante (y además viene de serie, porque si por lo menos lo hicieran de quita y pon). Que los papeles estuvieran repetidos sería útil si tuvieran que representar alguna escena peligrosa, podrían hacer de dobles del otro pero imaginaros qué peligros puede haber en un Belén donde nunca se mueve nadie.
A lo mejor por eso como solución se han inventado los belenes que representan distintos momentos temporales: la huida a Egipto, la búsqueda de posada, el portal… aunque a mí eso pues no me convence mucho.

El tamaño sí importa
En la misma línea de la salud psíquica de las figuras del Belén, creo que sería interesante que todas ellas fueran de la misma escala. A ver a lo mejor pensáis que me estoy poniendo muy tiquis miquis pero para alguien que se pasa un año encerrado en una caja envuelto en papel de periódico, por lo menos que puedan disfrutar de unos días tranquilos, vamos digo yo. Porque no está documentado que en tiempos del niño Jesús hubiera gigantes, ni enanos, vamos que hay algunos Belenes que parecen el Señor de los Anillos, entre los ángeles blanquecinos que parecen elfos, las figuras enanas, que parecen enanos y las inmensas que podrían ser orcos, sólo faltan Frodo Bolson y Gollum acechando al niño como si fuera “su tesoro”.

Y ya no digamos nada de los belenes pop donde conviven Papá Noel y los Reyes Magos con los clic de famobil y una figura de Homer Simpson, ¡qué pinta Homer en el Belén! Bueno y Papá Noel, vaya desubicación…

Claro que para mí los mejores Belenes, los que he visto este año en Francia: no tenían portal, te pones a mirar y ves un pueblecito con su puente, su pozo, su huerto, su cura, (¡de dónde había curas si en tiempos de Jesús aún no existía la iglesia!) y nada que el portal no está por ninguna parte…Si los franceses quieren hacer maquetas genial, pero que no las pongan en Navidad, en los escaparates adornadas, confundiendo al personal.

En una época donde lo que se busca es el encuentro y las relaciones humanas, me he dado cuenta de algo un poco triste: las figuras no se relacionan, van todas en fila hacia el portal o vuelven, pero ninguna para un rato a hablar con alguien de sus cosas. Qué estrés ¿no? Y tampoco es que tengan que hacer mucho, sólo llegar al portal y esto supuestamente porque al final los únicos que se mueven son los Reyes Magos.
Si cualquiera de nosotros tuviera que ir a un Belén sabiendo que nos tenemos que quedar ahí parados tiempo, cogería buen sitio, como hacemos en las fiestas de los pueblos para ver pasar las cabalgatas.
Quizá lo bonito sería que se pudieran encontrar y ver Belenes donde todas las figuras se relacionasen desde la felicidad, sin importar su tamaño, su origen, su rol o incluso que sea igual que tú, qué porras que para algo es Navidad.

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