miércoles, 1 de julio de 2009



Al principio se intuían en la cubitera de al lado, pero no se vieron por primera vez hasta que los echaron en la copa. El primer contacto fue muy frío, piel sobre piel, hielo sobre hielo, todos rodeados de un café caliente que les hacía deshacerse adelantando el principio de su inexistencia.

Sintieron cómo sus líquidos se mezclaban con el café, mientras su vida como cubitos pasaba sin que pudieran remediarlo. Las caricias y los roces en el pequeño espacio de la copa de cristal eran inevitables. Entre ellos surgió algo, un sentimiento que no eran capaces de nombrar, pero que les llevó a juntarse inevitablemente.

Luego todo pasó muy rápido, alguien golpeó el vaso de tubo y el contenido se desparramó sobre la mesa. Los hielos al caer giraron sobre sí mismos y se encontraron en un beso frío y a la vez cálido que selló el final de su existencia.

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