lunes, 6 de julio de 2009

Mudanza


Me imagino tu casa como una barca girada sobre la arena de la playa. Es una de esas barcas de pesca grandes y alargadas. Como una cáscara de nuez gigante que se agarra a la arena.

Ella se dio la vuelta, igual que es pasa a las tortugas, y no consiguió volver a su posición original. Así quedó volcada en la playa. Tú la encontraste un día, habías salido en busca de un hogar mejor. Como a los cangrejos hermitaños cuando crecen, el lugar donde vivías antes se quedó peqeño, vagabundeaste un tiempo pero tuvo su recompensa: una casa al borde del mar.


Los días de viento sales y pasas unas cuerdas alrededor para fijarla al suelo con grandes anclas de hierro para asegurarte de que el aire n se lleva tus pocas pertenencias.

La primera vez que lo hiciste sonreías recordando las sogas que ataban a Gulliver en la playa de Liliput y lo fácil que le resultó romperlas en cuanto quiso. Quizá tu barca se vaya un día, pero tú al igual que los liliputienses, confías en las amarras.


Por la noche, cuando todo está en calma, sales con tu mecedora a mirar el mar, sigues el ritmo el baibén de las olas mientras escuchas música o miras las estrellas sin preocuparte por nada. Dejando que pasen las horas así sin más.


Te sabes varada, como tu barco, tu hogar y tu vida, necesitabas parar, buscar un sitio tranquilo y lo has encontrado. Pero tú sabes tan bien como yo que un día el agua tocará la barca que ahora es tu casa, y por muy amarrada que la tengas ella comenzará a deslizarse, está en su naturaleza, no lo puede evitar. Entonces tú desearas seguirla, con suerte una ola le dará la vuelta y podrás subirte. No debes tener miedo, deja que ella te lleve, te conoce muy bien...

No hay comentarios:

Publicar un comentario