lunes, 31 de agosto de 2009

Otro camino




Era una calle tranquila, o quizá esa tarde estaba tranquila, no sabía. Nunca antes había paseado por allí, deambulaba sin rumbo fijo, dejándose envolver por la tranquilidad de la ciudad a principios de agosto. Quizá por ese motivo que pudo escuchar con claridad una voz que le llamaba a su izquierda. Era profunda y con carácter de esas voces a las que nadie se atreve a contrariar.

Se dio la vuelta pero no vio nadie en la acera, pensó que su imaginación le había jugado una mala pasada y continuó andando pero la voz resonó de nuevo con fuerza. Qué pasa ¿no me has oído?. Miró a su alrededor, estaba sola, al final de la calle unos niños jugaban distraídos pero estaban lo suficientemente lejos como para no haber sido ellos. Las ventanas de los edificios permanecían cerradas, incapaz de ver de dónde provenía la voz se quedó parada quería averiguar de dónde provenía.

Veo que tienes interés, volvió a hablar la voz, solo que no sabes buscar en el sitio oportuno, si mirases un poco más arriba. Levantó la vista y ahí estaba la voz no podía venir de otro sitio que de esa escultura, era una cara antigua, de guerrero griego, formaba parte de la fachada de un edificio de ladrillo de principios del siglo pasado. Parecía la parte superior de una puerta de azulejo, extrañada observó cómo a pesar de encontrarse en Nueva York, la leyenda estaba escrita en castellano "año 1868".
Ahora que he conseguido atraer tu atención dijo la voz, le pareció notar cómo los contornos de la escultura se movían pero no estaba segura. Me gustaría compartir algo contigo: hoy es un día especial, eres la primera persona que pasa por aquí a la hora exacta en que esta puerta se abrirá.
¿Qué puerta? preguntó ella escéptica, ésta puerta, la puerta de azulejo, contestó la voz, cuál si no.
Mientras la voz hablaba, la pared se volvió transparente, podía ser un efecto de la luz, sería más razonable pensar eso, aunque también sería más razonable no hablar con voces desconocidas.
Si fuera cierto dijo ella, y no es una broma de mal gusto ¿dónde me conducirá esta puerta?
Eso depende de tí, claro. La puerta lleva años aquí, hace tiempo la cerraron, la gente tenía miedo de adentrarse por ella, pensaban que era algo de brujería y generación tras generación fueron olvidando su existencia. Solo una vez cada cincuenta años la puerta vuelve a abrirse, ella elige a la persona que quiere que la atraviese, yo solo soy el encargado de llamar a esa persona.
Podías no haber escuchado, haberte dado la vuelta y seguir tu camino. Pero no lo has hecho, quizá andes buscando algo, quizá ésta sea tu posibilidad de encontrarlo.
Pensó en ese viaje, en cómo se había animado a hacerlo por su cuenta a pesar de las advertencias de su familia, en los últimos meses y en su deseo de cambiar algo en su vida sin saber el qué. En cómo no conseguía estar donde realmente se sentía feliz...Sí tenía muchas preguntas sin respuesta y estaba buscando, este viaje formaba parte de la búsqueda.
Miró de nuevo a la puerta, se sintió atraída hacia ella, el azul le llamaba, como lo hace el mar en un día de verano con el agua clara. De pronto le pareció que la puerta se convertía en una masa parecida al mar, cada vez se senía más atraída hacia ella, un olor a humedad y a vida le vino de repente. No pudo evitar dejárse llevar, envuelta en esa fragancia que le recordaba a su infancia y a los veranos en la playa avanzó hacia la puerta. Ésta la abrazó y en cuestión de segundos ella ya no estaba allí, solo un sonido hueco como cuando tiras una moneda a una fuente de la suerte quedó flotando en la tarde.

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