martes, 2 de febrero de 2010

Darse cuenta


Me encantan las fotos donde se ve que la tierra es redonda, no las típicas del planeta azul sino las que haces casi sin darte cuenta y de repente ahí está delante de ti: la curva de la tierra.
Parece como si el planeta, coqueto, sólo nos enseña sus curvas cuando hay confianza.
Son momentos de revelación como cuando de pequeña miraba los visillos de mi cuarto y pensaba que algun día me haría mayor y mis padres ya no estarían. La imagen de la ventana de noche con el reflejo de alguna que otra luz despistada contribuía a crear este momento de realidad sobre la realidad. Entonces sentía que estaba viva que mi crecimiento me llevaba irremediablemente hacia la muerte y cerraba los ojos para no pensar, para intentar volver a la inconsciencia del día a día, cerraba los ojos y esperaba dormir confiando que el sueño borraría esa gran verdad. Al rato caía rendida de desesperación y me llegaba el sueño. La noche teñía los recuerdos de ese momento hasta la siguiente vez donde todo volvía a aparecer y la vida y la muerte se mostraban de nuevo en los visillos como si éstos fueran una pantalla de cine.
Hace años que duermo en otro cuarto, desde entonces, no he vuelto a tener visillos.

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