sábado, 17 de abril de 2010

Esta primavera ¡me voy a bucear!


La vida de los maniquís tiene que ser muy dura, están expuestos a los deseos de los demás. Cada escaparatista o dependiente en un momento de creatividad sin control, puede decidir vestirles o decorarles de las formas más insospechadas.

Éste es un claro ejemplo: un maniquí con gafas de piscina, sí señor, buena idea. Todos sabemos que es imposible que en ese tipo de gafas no te entre agua y si consigues, haciendo ventosa fuerte sobre los ojos, crear el vacío, te expones a dos riesgos importantes:
- El vaho: puede llevarte a chocar contra el bordillo
- La presión: si consigues quitarte las gafas sin que se te salga el globo ocular, tendras unas ojeras horribles durante el resto del día.
Me imagino al dependiente llegar de la piscina cubierta, con los ojos totalmente rojos y cabreado con las gafas de bucear. De hecho ha estado tanto rato intentando quitárselas sin que se le salgan los ojos, que se ha tenido que vestir a la carrera para llegar a su hora al trabajo.
El tipo llega y ve a sus compañeros en plena faena de montaje del escaparate y se da cuenta de que aún lleva las gafas enrrolladas en su muñeca, las coge y se las zampa al maniquí.
Luego todos se quedan mirando su obra con la tranquilidad del trabajo bien hecho.
¿Quién sabe? ¡quizá creen tendencia!, a lo mejor al año que viene vamos por la calle con gafas de bucear. Por lo menos así seguro que no nos entrará agua, salvo cuando llueva claro.
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2 comentarios:

  1. Esas gafas son una de las mayores estafas del mundo. Yo tengo un pequeño trauma, creo que no he conseguido ver nunca debajo del agua, a pesar de esas gafas...
    M.A.

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  2. Es difícil, pero cuando consigues encontrar las gafas adecuadas, el fondo del mar es un lugar maravilloso. Si la vista se gastase, como antes los carretes de fotos, en las profundidades del océano (esto suena muy latino ¿no?)podríamos perderla.

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