lunes, 23 de agosto de 2010

Poesía urbana (primera parte)




Esta frase sólo podía haberla encontrado alguien tan romanticón como A. Maya, así que en honor a tu buen ojo, te dedico este relato.


Estaba escrita justo a la altura de los ojos y llamaba la atención.


¿Quién lo escribiría? ¿en que momento? ¿pudo leerlo la otra persona?

Yo diría que...




Marta salió de su casa de madrugada. A pesar de que la luz de la mañana empezaba a clarear, las farolas seguían encendidas, quizá le hacían un guiño después de lo que habían sido testigos la noche anterior.




Hacía tiempo que Maya le gustaba pero nunca se había atrevido a decírselo, no tenía la valentía de hacerlo. Tardó en darse cuenta, o más bien en aceptarlo, terminó por reconocer que no la miraba como a una amiga más, que el mero hecho de acercarse a ella le excitaba, que era capaz de reconocerla por el sonido de sus pasos y que su olor le producía un calor que le recorría todo el cuerpo.


Una noche dando vueltas en la cama se dio cuenta de que se había enamorado de su mejor amiga. Desde ese día intentó ocultarlo, taparlo, disimularlo, pero su cuerpo se empeñaba en recordárselo cada vez que Maya estaba cerca. Llegó a desear que empezaran las vacaciones para no tener que verla cada día en la facultad.

Y las vacaciones llegaron, pero con ellas también vino la distancia que dolía casi tanto como el deseo incontrolable...después un mensaje le confirmó que Maya estaría en Madrid unos días y como vas a estar sola y aburrida, quizá te apetezca hacer algo conmigo ¿no?


¿Cómo iba a saber ella que coincidirían en Madrid en agosto?, ¿cómo imaginarse que Maya la llamaría para ir al cine de verano?, ¿cómo anticipar que le pediría que se quedase en su casa porque le daba miedo pasar la noche sola (o por lo menos eso dijo)?

Claro que aceptó ir al cine con ella, cuando se sentaron y se apagó la luz por un extraño efecto empezó a percibir el olor de Maya, su corazón empezó a latir a ritmo de rap, intentó concentrarse en la película, sin éxito. Se repetía una y otra vez que tenía que controlarse, que eso no era bueno pero esto sólo le sirvió para no enterarse de nada de la película.


Después en el momento en que el malo estaba a punto de clavarle un cuchillo al protagonista, Maya agarró su mano, Marta se quedó sin respiración, en su cabeza no dejaba de repetirse que sólo eran amigas y que no se perdonaría perder esa amistad por nada del mundo. Pero Maya no le soltó la mano durante lo que quedaba de película.
Salieron del cine, Maya empezó a hablar sin parar, ella se sentía mareada y todo le daba vueltas.




Cuando llegaron a la puerta de casa de Maya, ésta insistió en que subiera, venga tía que después de esta peli me da miedo quedarme sola. ¿La peli era de miedo? Confirmado, no se había enterado de nada.


Sólo pudo decirle que sí con la cabeza para añadir después bajito: subo un rato y luego me voy, a lo que ella contestó subes un rato y luego ya veremos.
Los padres de Maya tenían "escondida" una botella de ron a la que le dieron un buen viaje, con el contentillo Marta no se dio cuenta y dejó caer su cabeza cerca de la de Maya en el sofá, muy cerca demasiado cerca, ésta le contaba anécdotas de las vacaciones y las dos reían, Marta pasó el brazo por el hombro de Maya y empezó a tocarle el pelo, sabía que le gustaba mucho y lo había hecho otras veces, pero hoy era distinto.

Maya seguía con sus historias pero ahora sí que definitivamente ella no se estaba enterando de nada sólo le tocaba el pelo arriba y abajo intentando neutralizar las descargas eléctricas que sentía en sus brazos, tardó en darse cuenta de que Maya se había callado.
Giró la cabeza en el sillón para mirarla y no pudo evitar encontrarse con sus ojos oscuros, cayó por ellos como si estuviera en un pozo, lentamente acercó su cara a la de su amiga, su mejor amiga y ésta no se movió, acercó sus labios a los de ella y vio cómo la boca de ésta se abría un poco ¿querría decirle algo? ¿iba a pedirle que parara? ¿iba a besarla? No, eso era imposible.

CONTINUARÁ..

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