martes, 21 de septiembre de 2010

Poesía Urbana (tercera parte)


De repente Maya dio un traspiés, fue algo casual, rápido después pareció como si todo se desarrollara a cámara lenta. Los vasos repletos de Coca Cola se tambalearon hacia un lado, la cubitera se deslizó hasta el borde de la bandeja, algunos hielos salieron disparados por el aire, pero antes de que llegaran a tocar el suelo el líquido de los tres vasos se precipitó sin remedio, aunque Maya intentó equilibrar la bandeja, no lo logró.
El sonido de los hielos cayendo junto con el de la Coca Cola se unió al tocar el suelo PLAAAASSSSS CRAS CRAS CRAS
Entonces Marta se dio cuenta de que debajo de todo aquel estruendo estaba Eduardo, totalmente empapado.
Su cara era una mezcla entre sorpresa y asco, la verdad es que estaba bastante divertido, pero Marta no se atrevió a reírse.
Maya estaba de pie frente a él mirándole con los ojos muy abiertos y la bandeja colgando de su mano derecha.
_Lo.. lo siento, perdona no calculé el espacio y…
Eduardo seguía sin decir nada. Finalmente se pasó la mano por encima de la cabeza para echarse el pelo para atrás, la retiró con rapidez al notar el tacto del líquido sobre la piel. Se puso de pie y cuando lo hizo algunos cubitos de hielo que aún tenía encima cayeron al suelo.

Maya soltó una risita, Marta contuvo una carcajada.
Eduardo las miró con cara de asco.
_ Creo que me iré a casa, tengo que estudiar.
Sin decir una palabra más, se dio la vuelta en dirección a la salida.

Maya le acompañó a la puerta, el sonido del líquido en sus zapatos informaba del ritmo de las pisadas hasta el rellano.

Aún un poco asustada con todo lo que había pasado, Marta decidió recoger los hielos que se habían desperdigado por el suelo. Con paciencia fue buscando uno por uno y mientras lo hacía, intentaba ordenar sus ideas.
Pero habían pasado muchas cosas y el ron de antes no le ayudaba, aún sentía ese extraño mareo del cine. Recordó de nuevo el momento en que sus caras habían estado tan cerca pero intentó quitárselo de la cabeza, Maya sólo era su amiga, había bastado la entrada de un chico en juego para que todo cambiara.

Escuchó el sonido de la puerta de la calle, estaban solas de nuevo, su corazón empezó a latir más rápido, no alcanzó a coger ningún hielo más.
Maya entró en el salón y le pidió que le ayudara a recoger, estaba callada, era raro, Marta pensó que el momento había pasado, desde que ese tío había llegado todo se fue a la mierda. Quizá se estaba engañando, a lo mejor para Maya no había pasado nada fuera de lo normal…

Marta pasó un paño por encima de la mesa y Maya la fregona por el suelo, cuando estaba a mitad de tarea paró en seco.

_¿Qué te ha parecido este momento?
_ No entiendo -dijo Marta que estaba intentando que el líquido no cayera de la mesa al suelo con dificultad porque con la bayeta no podía absorber todo lo que había.
Maya la miró con un gesto que ella no supo descifrar, después fue hacia la puerta del salón la cerró de un portazo y comenzó a reír, no era capaz de articular palabra, estaba doblada sobre la tripa y reía sin parar.

Marta la miró sorprendida
_ Tía ¿qué pasa?
Por fin Maya se calmó un poco
_ ¿Viste su cara?
_Claro que la vi, parecía como si se hubiera cruzado con un zombie.
Maya siguió riendo, a Marta le vino a la memoria la imagen del chico limpiándose la cabeza y comenzó a reír también.
Las dos amigas se miraron..
_¡Vaya ducha se ha llevado! –dijo Maya- casi un litro encima el tío.
- ¿Y viste lo de los hielos? Fue lo mejor. Pero dime la verdad ¿en serio lo has hecho aposta?
Maya la miró divertida: ¿cómo puedes pensar algo así de mí?
_Sabes que el equilibrismo no es lo mío, pero lo hice con mucho cuidado ¿no crees? Quizá no debería haber cargado tanto la bandeja pero como dijo que le gustaba con mucho hielo…

Marta sonrió
–estás loca, como una cabra.
Maya le devolvió la sonrisa
_este tío es un pesado y no puedo con él.

Marta se puso seria
-Pues parecía que estabas disfrutando mucho
_Antes lo estaba pasando mejor –dijo Maya.


Pero Marta no pudo mirarla porque entre la alegría y el latido del corazón era incapaz de controlar el calor que le subía por las mejillas.


CONTINUARÁ…

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