martes, 26 de octubre de 2010

Recortes

Cada tarde el mar se va apagando. Del azul oscuro del día pasa al anaranjado del atardecer para después volverse gris marengo. Mientras el sol se pone, las olas se calman como un niño antes de dormir y el mar va quedando liso como si fuera la sábana que se estira para acunarlo.

Arriba de los acantilados, antes de ponernos en marcha para que la noche no nos encontrara entre las rocas, nos paramos a mirar los recortes de tierra: a nuestra espalda, el paisaje estaba formado por un conjunto de perfiles abruptos, recortados e incluso móviles aunque en realidad estuvieran quietos en el horizonte.

Llega la noche y todo cambia: el mar en calma y las montañas, como las olas se escarpan

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