sábado, 20 de noviembre de 2010

Desaparecido 2ª parte


Como al final ha salido un poco más largo de lo que esperaba, lo pasaré por entregas
Ya me diréis si os gusta

Después de sacar un billete de avión a la carrera, llamar por teléfono a mi jefe y explicarle que no aparecería en los próximos días, contratar los servicios de un taxi y recorrer medio Marruecos, conseguí llegar hasta el lugar que aquella mujer nombró.

Una vez allí, bajé del coche confiada de que en ese pequeño poblado todo el mundo se habría enterado de la presencia de dos europeos.

En un primer momento algunos niños me rodearon dificultando mi avance. Yo caminaba despacio, después de tanta urgencia por llegar ahora era casi cómico andar sin prisas. Sólo se me ocurrió al ver aparecer a un hombre de más edad pronunciar el nombre de mi madre.

-Isabel, ella española, ¡ella estar aquí! –dije intentando adaptarme a su forma de hablar.

El hombre me miró sin entender nada, luego comenzó a repetir mis palabras como haciendo un esfuerzo por comprender. Entonces me acordé de que en la cartera llevo una foto de mis padres y la saqué para enseñársela.

Él asintió convencido y me pidió con un gesto que le siguiera, así lo hice. Me llevó hasta una pequeña casa muy humilde pero limpia y bien cuidada en el centro del pueblo. Llamó a la puerta y esperó, al poco una mujer acudió a la puerta, él le dijo unas palabras rápidas y me señaló, la mujer asintió y el hombre se dio la vuelta para irse, no sin antes reivindicar su recompensa. Le solté un puñado de monedas y me dirigí hacia la mujer.

_¿Dónde están? Le dije nerviosa, mi paciencia se había quedado en el camino.

_ Madre, enferma, no querer salir –reconocí la voz que me había llamado días atrás.

_Padre desaparecer, yo he encontrado tu madre en la carretera, padre desapareció en el triángulo.

Entré con rapidez en la casa y llamé a mi madre al principio normal, luego a gritos, nadie contestaba. Al final un quejido me llevó hasta ella.

La habitación estaba a oscuras, al principio me costó darme cuenta de que aquel bulto que había sobre la cama se trataba de mi madre.

La mujer que había entrado sigilosa detrás de mí, abrió un poco las contraventanas. Con la claridad mi madre se incorporó y miró hacia donde yo estaba.

Me acerqué y la abracé, ella no se movió, tenía el cuerpo rígido, creo que ni siquiera era capaz de parpadear. La separé un poco y acercándome a su oído le pregunté con cariño:

-Mamá, ¿qué ha pasado?, ¿dónde está papá?

Ella no contestó, seguía como una tabla mirando hacia la luz, sólo dos grandes lágrimas cayeron por sus ojos.

Luego comenzó a decir: aún está aquí, aún está aquí y no dejó de hacerlo hasta que quedó dormida.

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