miércoles, 30 de marzo de 2011

Incidencia

David se puso algo encima lo más rápido que pudo y fue hacia la puerta, alguien que probablemente había olvidado la hora que era, llamaba con insistencia. Mientras caminaba se iba diciendo que nunca más volvería a ser presidente, dejaría de ir a todas las reuniones de la comunidad o se mudaría de piso, pero nunca más le cogían en un despiste. Desde que comenzó su "mandato" habían tenido goteras, una amenaza de incendio en uno de los locales, una bronca entre dos vecinos que terminó con la visita de la policía y por algún extraño motivo todos los problemas ocurrían de madrugada. Nunca más, nunca más repetía para sus adentros cuando abrió la puerta.

Al otro lado encontró los ojos llorosos de la vecina del sexto, era una chica de unos veinti pocos años de origen colombiano, vivía con su familia en el último piso. A David le caía simpática porque siempre le esperaba para subir en el ascensor cuando él aún estaba en la puerta de la calle. Además David estaba convencido de que ayudaba a mantener a su familia. Aún así cuando quiso dirigirse a ella se dio cuenta de que no sabía su nombre.

-Tiene que venir conmigo, ¡ha ocurrido algo!
Si hubiera sido cualquier otro, David le habría dicho que qué se creía para venir a su casa a esas horas y andar con exigencias, pero tratándose de ella...
-Voy a coger las llaves

La chica comenzó a subir los escalones de dos en dos, David iba detrás aunque le costaba seguir el ritmo. Cuando estaban por el cuarto piso, le pareció notar una ráfaga de aire frío, pero no supo si se trataba de algo real o de un mal presentimiento.
-Ahora debe tener cuidado, vaya más despacio.
Los dos comenzaron a subir al mismo ritmo, el eco de sus pasos se escuchaba por el hueco de la escalera. David notó cómo ella se estremecía, una fuerte corriente de aire les empujó contra la pared, tuvieron que agarrarse a la barandilla para no caer. A pesar de todo cuando pasó, ella continuó subiendo como si nada.

Llegaron al descansillo del sexto piso pero allí no había nada, las puertas de ambos lados habían desaparecido. La chica se dejó caer en el suelo señalando el lugar donde normalmente estuvo la puerta de su casa y comenzó a llorar, con la mano aún señalando al vacío. David se acercó un poco y deseó despertar de aquella pesadilla, levantó la mirada para ver las estrellas y algunas nubes, luego miró a su derecha un cortado dejaba ver la casa de abajo, el sexto piso completo había desaparecido, parecía como si un gigante lo hubiera arrancado.

Una voz le llegó a su espalda, era una voz oscura de esas que no traen más que malas noticias:
-ha llovido toda la noche sin parar, el agua se llevó el piso.
-Pero eso es imposible-dijo David sin volverse.
-Baje a la calle, nada más salir a la derecha hay un charco, cuando lo vea lo entenderá.
-Ellos ¿dónde están? -preguntó la niña entre lágrimas.
Pero la voz ya se había marchado.

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