martes, 22 de marzo de 2011

Trenes y monedas

Cuando era pequeña quería tener una moneda aplastada por un tren, algunos amigos me habían enseñado la suya que parecía que se había quedado paralizada antes de derretirse. Como siempre cuando eres una niña y alguien saca un tesoro de su bolsillo, le pregunté cómo la había conseguido y me explicó que sólo había que ponerla sobre los raíles y esperar pacientemente a que pasara el tren.

Estábamos en el mes de agosto, veraneando en Levante, de vez en cuando usábamos el FEVE para ir de un pueblo a otro en ese pequeño tren que sonaba como si fuera un camión. Un día que esperábamos en la estación a que llegaran unos amigos, lo vi muy claro, ahí estaba la máquina preparada minutos antes de salir y yo delante con todo el tiempo del mundo. Sin que mi madre me viera, bajé al andén, puse la moneda sobre el rail y esperé.

Quizá sea por desear tener las cosas demasiado controladas, al poco rato, el conductor (que había observado con curiosidad toda la operación) bajó a los raíles, recogió la moneda y volvió a subirse a su cabina, así de rápido se acaba con un sueño infantil.

2 comentarios:

  1. Ostras, qué mala idea la del conductor...Mira que destrozar tu sueño de esa manera. Y todo por un duro...

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