domingo, 17 de abril de 2011

Tal para cual


Era una soleada mañana de primavera, las dos habían decidido salir a pasear en solitario por el centro. La primera vez que se cruzaron ambas intentaban atravesar un grupo de japoneses que fotografiaba el palacio real en todos sus planos, se miraron, lo hicieron a destiempo, una primero y otra después, luego cada una continuó su camino.
La segunda vez coincidieron al pie de la fuente, se miraron casi a la vez y se reconocieron, y sonrieron, una primero y otra después.
La tercera vez se asomaron a la barandilla al mismo tiempo, había una pareja mayor entre ellas, ambas escucharon la conversación, una alargó la cabeza para mirar hacia donde estaba la otra, luego ésta se echó para atrás para mirarla de arriba a abajo.
La cuarta vez las dos se sentaron en la hierba para ver la puesta de sol, cerca, una delante y otra un poquito más atrás. La primera sentía el calor de la tarde perderse y el calor de la mirada en su espalda. La segunda no vio la puesta de sol.

La quinta vez no llegaron a cruzarse, se quedaron una frente a otra sin saber qué decir (en realidad no había nada que decir), ya casi era de noche, la luz de una farola proyectaba sus sombras en el suelo, ellas continuaban prisioneras de sus miradas con los movimientos ralentizados como en un hechizo, alquien tenía que dar el paso pero ninguna de las dos parecía decidirse, pasó la primera hora, la segunda y la tercera, parecían dos figuras de un tablero de ajedrez, pasó la noche, amaneció sin que ninguna de las dos hiciera el más mínimo movimiento. Entonces sus sombras decidieron tomar la iniciativa, se acercaron, se buscaron, se tocaron, se besaron, luego les llegó el turno a ellas que nunca más volvieron a cruzarse.

2 comentarios:

  1. Muy romántico. Me gusta. ¿Hay dos cuartas veces? Mar, ¿te has preguntado la relación que en tu cuento existe en el papel del Sol y los japoneses, ya sabes, del Imperio del sol naciente, ese precisamente que a la mañana hace que las sombras se amen. Solo queda desear a las protagonistas que la luz les alumbre mucho tiempo. Besos

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  2. Si es que los números no son lo mío, ya lo he corregido, gracias Javier.
    Pues habrá que estudiar la influencia del sol y los japoneses... ;)

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