viernes, 20 de mayo de 2011

Pez desterrado

Hay cosas que uno no elige, pasan. Como el lugar en el que naces, éste te distingue de los demás irremediablemente.

El pez naranja nació como todos sus hermanos de un huevo, pero en ese momento no intuía porque no tenía intuición todavía, que iba a formar parte del experimento decorativo de un parque.
En realidad para él no era un problema, estaba acostumbrado a vivir ahí, rodeado de patos que de vez en cuando se acercaban hasta el cristal, observando los paseantes que daban vueltas alrededor de la fuente, sólo algunas veces sentía miedo, veía unas sombras justo debajo de él que no reconocía, en realidad se parecían tanto a la suya sobre el agua que algunas veces se llegaban a confundir, pero luego cuando las distinguía lo pasaba tan mal que subía nadando hasta casi chocar con el cristal superior.


3 comentarios:

  1. Mar, cada vez me alegro más de haberte conocido. Este breve relato tiene profundidad, hace pensar, conmueve. Poco a poco vamos quitando los toros de las plazas, pero aún queda camino por recorrer.
    Te dejo esta cita. El día que muchos piensen así, dejaran que la libertad se extienda a todos.
    «Todas las cosas que existen en el universo están dotadas de alma y vida.» Giordano Bruno.

    ResponderEliminar
  2. Es verdad, da pena verlo ahí tan solo ¿verdad?
    Gracias por tus palabras Ximens, yo también me alegro de compartir andanzas contigo.

    ResponderEliminar
  3. Ayer volví a pasear por el mismo parque y busqué al pez naranja sin éxito, quizá alguien se apiadó de él reventó la pecera de una pedrada.

    ResponderEliminar