viernes, 1 de julio de 2011

Un pequeño detalle


Tenían muy pocas cosas en común y quizá por ese motivo, se detestaron desde el primer instante, no hizo falta que se dirigieran la palabra. En el pasado, ocupaban lugares opuestos de la tienda, quién sabe si por azar o por predisposición, una terminó en los trajes de servicio doméstico y la otra en los de restaurantes caros, así es la vida.

Pero hace unos meses, cuando iniciaron las reformas en la tienda, tuvieron que cerrar parte del local, de los cinco escaparates que daban a la calle sólo dos quedaron abiertos y quizá por dar una imagen de las distintas ropas que había en el interior, ellas fueron las elegidas para ocupar el de la calle principal. Las obras durarían tiempo, pero ambas pensaron que con la compañía de la otra, los días se iban a hacer mucho más largos.

La primera vez que hablaron fue un día de invierno en que llovía a mares, por la calle no pasaba un alma y no había nada con lo que distraerse. La estirada hizo un comentario sobre el mal tiempo que estaba haciendo toda la semana y la otra, le dio la razón.

A partir de ese momento comenzaron a estudiarse, intentando que la otra no se diera cuenta, algunos ratos charlaban, otros se ponían al corriente sobre sus vidas...para otoño eran uña y carne, cada día lo pasaban divertidas criticando los modelos de la gente que pasaba por la calle.

En primavera la sirvienta notó cómo cuando su compañera le hablaba, algo extraño pasaba en su interior, al principio se asustó, pero luego le gustó, en realidad era la primera vez que se sentía tan viva. Compartieron muchas tardes románticas observando pasear a las parejas y las puestas de sol.
A comienzos del verano empezó a haber movimiento en la tienda, las obras estaban ya muy avanzadas y los empleados iban colocando día a día las ropas en su sitio original.

No hizo falta que lo dijeran, ellas supieron adivinar que ésa sería su última noche juntas, el destino quiso que en pleno mes de agosto, una tupida niebla envolviera la ciudad. Por primera vez pudieron estar a solas y aprovecharon esa intimidad tantas veces deseada. Se despidieron dejando que sus cuerpos soñaran juntos, mezclándose, acariciándose, impregnándose de cada fibra de la otra, para recibir la madrugada con el recuerdo de los momentos vividos juntas.

A la mañana siguiente todo estaba como siempre, salvo por un pequeño detalle.

2 comentarios:

  1. Había que aprovechar el momento, estaba claro que no iban a tener otros en el futuro. Juntas estarían en sus recuerdos. Mira que historia te ha inspirado ese pequeño detalle.

    Besos

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  2. A mí me encantan estas historias de amor que terminan bien. Muchas veces una distancia social impide conocer a las personas, que como a las protagonistas del relato, cambiarían de opinión solo si hablaran. Me gusta que esas maniquíes, testigo de tantos besos callejeros, tengan una noche de pasión amparada en la niebla humana.
    Creo que la pequeña diferencia es que estas “han perdido la cabeza por amor”.
    Por cierto, como autora puedes presentarle a los otros dos maniquíes del post anterior, el de los calzones naranja.
    Y por último, Mar, que sepas que fui al médico cuando empezaron a gustarme hasta las maniquíes.

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