jueves, 15 de septiembre de 2011

Fronteras de cristal


Me encantan los escaparates, no todos claro, los que más me gustan son los que te atraen hacia ellos como si fueran una puerta mágica sin tú saber qué es lo que habrá en el interior de la tienda.
No recuerdo si el de la foto era de una tienda de dulces o de jabones, sólo hay algo que tengo muy claro: con paisajes como éste llegas a entender que los niños se coman el jabón pensando que es una chuchería.

Ahora que lo pienso ¿qué tendrá de malo comer jabón? Por ejemplo si te comieras una pastilla de esas pequeñitas que probablemente tenga problemas de personalidad porque más parece una chuchería que cualquier otra cosa, y te diera un ataque de gases, te saldrían pompas por todos los agujeros de tu cuerpo, sería bonito e incluso daría buen olor.

Los escaparates de pastelería tienen una característica común, te atraen hasta que pegas la nariz en el cristal. Recuerdo una vez cuando era estudiante, apoyar la nariz sobre el cristal de una cafetería bastante cara donde se podían disfrutar todo tipo de dulces, hacía un frío horrible y nosotras paseábamos hacia el metro, quizá alguien de los que disfrutaban de un trozo de pastel de chocolate en el interior, al vernos ahí fuera se acordó de cuando era joven y en vez de dulces comía jabones.

2 comentarios:

  1. Yo soy de las de pegarse a los de las pastelerías, soy golosa, este tiene buena pinta aunque sean jabones o ¿no?, bueno cuando lo pruebe, o salen pompas o el subidón de azucar.

    Besitos

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  2. Yo también soy golosa y confieso que alguna vez mordí la goma milán nata a ver a qué sabía (gran decepción)

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