lunes, 19 de marzo de 2012

Cuadro de una exposición



-Quiero que me describas un cuadro, lo que ves en él, eso que te llama la atención.
-Vale
-¿Empezamos?
-Tiene una luz que parece casi real, húmeda, otoñal y algo fría.
-Entiendo, continúa
-En el centro, una mujer pasea bajo la lluvia, sostiene un paraguas más por jugar con él que por protegerse. No parece parte del cuadro, da la sensación de que va a abandonarlo en cualquier momento.
-¿Cómo es ella?
-Tranquila
- Dime a qué te olería, si pudieras olerla
-Es suave casi imperceptible, pero...
-¿pero?
-Al final queda en el aire un olor a azúcar quemado.
-¿Cuál sería su sabor?
-Eso es difícil...
-¡Mira el cuadro y dímelo!
- Sabría...sabría a avellanas que aunque crujan al morder, por muy duras que estén, dejan un sabor dulzón.


-Lo has hecho muy bien, eso es justamente lo que yo necesito, si estás dispuesto, te pagaré bien, ¿te interesa?
-Claro, lo que no entiendo es, ¿por qué necesita ir hasta allí?
-¿Hasta el museo? Me gusta pasear entre los cuadros, escuchar las opiniones de la gente, rozar con los dedos el marco, pasar de una sala a otra,...
-Comprendido ¡iré con usted!
-Bien, ¿me contestarías a una pregunta sencilla?
-Puede
-¿De quién me estabas hablando antes?
-Sólo era una chica que pasó a nuestro lado mientras hablábamos.
-Ahora está sentada justo detrás ¿verdad?
-¿Cómo lo sabe?
-Me llega un inconfundible olor a azúcar quemado...¿harías algo por mí?
-Claro.
-Ve a pedir la cuenta y cuando pases junto a su mesa, salúdala y pregúntale su nombre.

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