miércoles, 7 de marzo de 2012

Un día redondo

Recorre el mismo camino que todos los días, la calle ancha donde un semáforo se pone verde antes que otro obligando a los peatones a amontonarse en la mediana, la puerta de la churrería con el olor a frito, las conversaciones mañaneras sobre fútbol y el quiosco con su olor a tinta con pocas horas de sueño. Pero no atiende a ninguna de estas señales de un día más, porque está pensando en ella, en su sonrisa, en sus ojos alargados, en su olor, en el beso tímido que se dieron anoche. ¿Le llamará? o ¿sería mejor que fuera él quien tomara la iniciativa? De nuevo se distrae con la conversación de ayer, con las miradas que ella le lanzaba. Llega hasta la esquina deseando calentarse con los rayos de sol durante el poco rato que queda hasta la oficina, entonces levanta la cabeza, ve las señales, la rueda de repuesto y, sonríe, convencido de que hoy será un día redondo.
Unos pasos antes de llegar a la puerta, suena un mensaje en el móvil, seguro que es ella.

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