lunes, 9 de julio de 2012

Atardecer

Cuando despierta está sola, sale a la terraza con miedo de que como otras veces se haya ido.

Desde la hamaca le llega el humo de un cigarro le llega. El marinero vestido con unos vaqueros y el torso desnudo contempla cómo el sol incendia el mar en el horizonte.

-¿Hasta cuándo te quedarás?- le pregunta.

Él no contesta.
Se sienta en la barandilla impotente, hace días que no le dirige la palabra, no sabe cómo actuar.
El hombre se incorpora y mira en su dirección como atravesándola.
-¿Estás ahí?- dice.
-Claro, estoy contigo amor- le responde colocándose frente a él.
-Puedo sentirte, sé que no estoy loco. He venido a despedirme, no aguanto más a esta isla, duele demasiado, pero necesito que sepas que te quise.

Echa a correr, ella piensa en seguirle pero decide no hacerlo, volverá, piensa, siempre vuelve.
Decide volver al interior, le sorprende encontrarse con la puerta cerrada. Retrocede, algunas de las ventanas están iluminadas,  le parece como si el color de la fachada hubiera cambiado. Va hacia la puerta de nuevo y golpea con los nudillos, aunque escucha voces en el interior, la puerta permanece cerrada.






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