sábado, 6 de octubre de 2012

Es un adiós aunque tú no lo sepas

Ella deja la carta en el patio, cerca de la fuente, en un lugar que sabe él va a localizar, aunque quizá al principio no lo note, puede que llegue y la llame esperando escuchar sus pasos bajando por los pequeños escalones. Puede incluso que entre sigiloso buscándola para sorprenderla, o que sea él quien suba hasta la habitación, que llegue hasta su puerta de puntillas, que la abra con cuidado de no hacer ruido y la encuentre vacía.
Entonces comenzará a llamarla pensando que quizá esté en la azotea, o en el jardín o en la casa; no hayará respuesta,  bajará de nuevo al patio, en ese momento sentirá que falta algo, sin saber muy bien el qué, luego verá la carta cerca de la fuente pero no le hará caso por miedo a que sea cierto, y volverá a subir hasta la azotea aún sabiendo que ella se ha ido y la llamará en voz alta esperando escucharla



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