miércoles, 16 de enero de 2013

Presente en viejos lugares pasados

El artesano se colocaba cada día en el mismo sitio, apoyado en en el extremo del callejón. Decía que era el mejor lugar porque daba el sol hasta pasado el medio día.
Tenía la piel oscura, cuando sonreía unas arrugas enmarcaban sus labios. Su edad resultaba difícil de determinar, pero debía pasar de los setenta. A pesar de ello sus ojos reflejaban juventud.

He vuelto al pueblo después de media vida fuera, recorro las calles ahora vacías y me vienen al recuerdo los ecos de los sonidos de antaño.
Subo hasta los restos de la alfama, el silencio envuelve el valle, sólo a lo lejos observo un rebaño de ovejas pastar cerca del río.
Al bajar, mis pasos me llevan hasta el pequeño callejón donde la luz del sol todavía ilumina la última parte y me parece distinguirle como si fuera ayer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario