lunes, 26 de agosto de 2013

Cuando tu vida pasa a través de una ventana

¡Cuánta vida puede tener una ventana! Desde que le dispararon piensa en ello desde el suelo, mientras a través del marco, pasan sus recuerdos: la primera vez que la vio nada más desembarcar envuelta en la curiosidad de la recién llegada; las procesiones en las que veía pasar los vecinos mientras preparaba la masa para más tarde y deseaba que apareciera ella con el vestido verde de los domingos.

Se imaginó su cara volviendo de la primera cita con ella, abriendo la pizzería con prisas y algo de retraso, ése día fue probablemente el más feliz, mucho más que el de la boda o que cuando nació Mariela.

Hace rato que no pasa nadie por delante de la ventana, la imagen se ha quedado fija, puede que la policía haya cortado la calle. Quizá la han avisado, se la imagina llegando asustada. Ahora permanecerá en silencio, ahora sólo irá con él hasta el hospital y le apretará fuerte la mano, luego cuando esté recuperado le echará en cara no haberle contado nada, le dirá que por qué no aceptó pagar, que por qué no pensó en Mariela o en ella...

Parpadea, quiere comprobar que sigue vivo, cada vez se siente más débil, cierra los ojos para esperarla. Aparecerá en cualquier momento, si viene desde casa y se asoma a la ventana, la verá pero ¿y si ya fuera demasiado tarde? Entreabre los ojos y aparece una imagen borrosa, a lo lejos se escucha las sirenas de una ambulancia.

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Para terminar os dejo este tango de Moulin Rouge
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2 comentarios:

  1. Un buen trabajo, Mar. Me gusta el recurso de la ventana como pantalla de los recuerdos, así como no desvelar todo el contenido de la historia.

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