jueves, 20 de febrero de 2014

Una historia de caracoles con cuento

Foto cedida por Cristina R.
Os quiero contar una historia que tiene parte de real. El otro día estaba con una amiga de un pequeño pueblo donde pretende construir una casa para artistas (no daré más detalles para no desvelar su identidad), me contaba que sus vecinos eran conocidos a nivel mundial por haber descubierto una nueva especie de caracol.

Recordé que ya me había hablado de esto y dejé de prestar interés, pero ella buscando captar de nuevo mi atención, se echó mano al bolsillo y dijo:

_Aquí tengo una muestra del caracol en cuestión.

Entonces sacó un envoltorio de plástico de unos seis centímetros de largo y comenzó a desenrollarlo hasta sacar una cartulina del tamaño de una pestaña de las que se usan para mirar al microscopio, la movió delante de mis sorprendidos ojos afirmando:

_¡Aquí hay seis!

¡Madre mía de mi alma! ¡Seis! pero, si eran tan pequeños que pasarían por chinas de un zapato liliputiense, eran tan pequeños que ni uniéndolos hacían mancha, eran tan pequeños que...¡parecía imposible que alguien los hubiera descubierto!

No me pude contener y pregunté:

_¿Cómo dieron con ellos? Seguro que por azar al salir de casa un día tropezaron con uno...
_En realidad no -me explicaba- hacía meses que buscaban algo.

Sé lo que estáis pensando, pero no debemos reírnos porque los descubrimientos científicos llevan su tiempo y tienen sus propias normas bastante exigentes.

Resulta que los descubridores de caracoles encontraron muchos ejemplares, pero todos estaban cadáver y hasta que no encuentras uno vivo, no puedes demostrar que existen. Yo esto lo sabía porque soy una tía culta y porque lo vi en la gran película UP.

Por eso es una suerte que algunos científicos encuentren garrapatas desconocidas dentro de sus propias narices. Pero esa historia la contaremos más adelante.

Así que estuvieron venga a buscar caracoles, venga a buscar caracoles y nada, los que encontraban la habían palmado. Finalmente decidieron tomar otro tipo de medidas, consiguieron una inversión Suiza (los suizos querían devolvernos el favor a los españoles por todas nuestras cuentas millonarias) y pudieron contratar el equipo necesario.

Encontrar la mano de obra fue fácil porque en la Península Ibérica hallaron gente muy preparada: las Monjas Mínimas. Gracias a sus medidas y a su buena disposición hacia el trabajo, podían acceder a las zonas donde habitan estos caracoles y tomarlos sin causarles el menor estrés.
Como se demostró después, el tamaño de los investigadores no era un factor a su favor. Observar las manazas de estos acercarse generaba un estrés tal en el caracol que terminaban muriendo.

La colaboración inestimable de las monjas mínimas permitió dar fe (nunca mejor dicho) de este descubrimiento y así estos biólogos consiguieron su huequito en la historia de los caracoles que fueron bautizados como Caracolis Mínimos.


Si te gustó la historia ¡compártela!

Lo prometido es deuda, ahí va la historia de la garrapata:
Un científico descubre una nueva especie de garrapata hurgando en su nariz ¡ésta es una noticia real de un periódico serio que podéis leer en este enlace!

¿A vosotros os decían de pequeños que no os sacarais los mocos de la nariz? Bueno pues por hacer caso a vuestras madres os habéis perdido salir en un periódico de Internet mínimo. Porque muchas veces lo más sorprendente ¡está en nuestro interior! Y si no que se lo digan a la gente que trabaja en temas de autoconocimiento.

La foto del Caracol es gentileza de Cristina R. que lo descubrió en la bota después de una excursión, porque ella es una chica limpia y ¡nunca tendría uno en su nariz!

2 comentarios:

  1. te ha faltado el link a las monjas mínimas y el detalle de la editorial minúscula (ya que no me citas, comento como anónima, jajaja)

    ResponderEliminar
  2. Cierto no te cito por mantener la privacidad de tus vecinos sorianos y a la espera de tu comentario descubriendo tu verdadera identidad.
    Sobre el enlace, ahora mismo lo pongo ¡gracias!
    Y sobre la editorial, desde aquí lanzo la propuesta a Ediciones con Minúscula de esta historia para su catálogo.

    ResponderEliminar