jueves, 30 de octubre de 2014

Culpable (una historia de miedo para estas fechas)

Jamás pensaste que matarle sería tan fácil, ni mucho menos salir sin cargos. Durante el proceso te diste cuenta de que tu marido era una persona despreciada, por lo que nadie se molestó en investigar en profundidad lo ocurrido.
En realidad, lo que te está resultando más difícil es la vuelta a casa, después de tantos años de convivencia, hay momentos en que te parece verle sentado en el sofá, delante de la televisión. Por la noche, probablemente a causa de algún sonido de la calle, te despiertas sobresaltada, pensando que él ha llegado borracho.

A veces la corriente provoca un portazo de los que daba cuando algo no iba como quería y te hace dar un respingo, luego recuerdas lo ocurrido y te repites mentalmente que no va a volver, que ya no te molestará más y respiras aliviada.
Leíste una vez en una revista de psicología que cuando alguien muere, quien convivía con esa persona puede tener la impresión de verle en los sitios en los que solía estar, pero luego la sensación desaparece. Recuerdas la gracia que te hizo ese artículo pensando en todos esos fantasmas ignorados por la ciencia. Ahora cuentas los días deseando que el efecto pase, deseando olvidarle y que su presencia se vaya de tu mente o de donde sea que esté alojada.
Ayer al salir de la ducha, te vino un efluvio de su olor agrio a alcohol y tabaco, como cuando quería sexo y te buscaba con el miembro inhiesto, deseoso de clavarlo en ti y marcar lo que era suyo. El mero recuerdo hace que te duela el vientre, vuelves a entrar en la ducha y te enjabonas de arriba abajo repitiéndote que todo esto es fruto del estrés, que no tienes que preocuparte, que las visiones como han venido se irán, pero el corazón, ajeno a tu razonamiento, te sigue latiendo con fuerza.

Quizá deberías entregarte, quizá todas estas cosas no son más que señales para que lo hagas, intentas quitarte la idea de la cabeza y te metes en la cama con la confianza de que sólo tienes que esperar algo de tiempo y todo se pasará, puede que hasta tu sentimiento de culpa.
Durante la noche, las pesadillas no te permiten dormir con calma, él aparece una y otra vez, chillándote, golpeándote sin que puedas huir. Te levantas de madrugada decidida a deshacerte de cualquier objeto que te recuerde a él. Pasas todo el día rellenando bolsas de basura, has establecido un criterio tan riguroso que prácticamente te deshaces de cualquier objeto que él hubiera llegado a tocar. Cuando bajas la última bolsa a la calle, decides dar un paseo, no quieres volver a casa. Caminas arrastrando los pies, después de haber estado en contacto con todas sus cosas, parece como si su olor te hubiera invadido, quieres estar al aire libre, para quitártelo. Aunque ese no es el único motivo, algo en lo más profundo de ti sabe que lo que más miedo te da es volver y comprobar que esa extraña presencia suya sigue ahí.

Intentando apartar ese pensamiento, entras en el metro y te metes en el primero que pasa, mirar a la gente entrar y salir te relaja, con el vaivén del vagón te duermes. Cuando despiertas, te sorprende ver el vagón vacío, estás a punto de entrar en un túnel cuando lees el cartel de la estación y te das cuenta de que es la última de la línea. Te levantas con rapidez, vas hacia la puerta en busca de alguien en el andén que te vea en el interior, pero no hay nadie.
Finalmente, tu vagón entra dentro del túnel. Intentas mantenerte tranquila, el metro sólo tiene que dar la vuelta para luego continuar el recorrido en dirección opuesta, te dices para calmarte, pero que las luces se apaguen de repente, no ayuda. Quieres recordar si al entrar viste un intercomunicador de los que llevan algunos vagones, pero es imposible, apenas miraste a tu alrededor.

Con un sonido seco, el tren se para, ahora volverá a la estación, piensas. Tenías que haber estado más atenta, pero estabas tan cansada. Diriges tu atención a cualquier estímulo que te indique que el metro se va a poner en marcha de nuevo, pero no ocurre nada. Estás a punto de llorar, nunca te gustó la oscuridad, además te parece sentir algún movimiento a tu lado, dentro del vagón.
Pero la preocupación desaparece cuando el tren comienza a moverse, ahora en dirección a la estación. Estás salvada, tanteas con la mano en busca de un sillón, te sientas, cierras los ojos y suspiras aliviada.
Entonces sientes su aliento, respiras de nuevo queriendo quitártelo de encima, pero no se va, sigue ahí, tozudo. Tienes que hacer algo, todos estos recuerdos o lo que sean, acabarán volviéndote loca. Él no está, le mataste, ya no volverá, no volverá nunca más. Convencida, abres los ojos y le ves, delante de ti, como si nada hubiera pasado, aunque distinto. Por su manera de mirarte, sabes que no te dejará en paz, vivo o muerto.



4 comentarios:

  1. Es como volver a clase, escuchar tus relatos da gusto, digo miedo. Buen trabajo, Mar.

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    1. Gracias Ximens, me alegro de que te guste.
      ¡Un abrazo!
      Mar

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  2. Deshacerse "de cualquier objeto que él hubiera llegado a tocar"... Mar, nos has dejado secos. Enhorabuena por el relato y por las sensaciones que deja. Y felicidades para nosotros por haber dado con este blog. :) ¡Abrazo!

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    1. ¡Cuánto me alegro de que os haya gustado! Ya que asesinamos litariamente hablando ¡que asesinemos bien!
      Un abrazo mañanero
      Mar

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