viernes, 16 de octubre de 2015

Pequeño homenaje flotante (D.E.P.)

En vísperas de un gran viaje me siento como si estuviera a punto de cruzar una puerta. Una puerta que te lleva a un sitio donde todo se vuelve diferente, incluso el tiempo. Hay países donde el tiempo viaja a otro ritmo.

Miro mis lugares cotidianos sabiendo que durante días no lo voy a volver a ver y tengo una sensación de de irrealidad o quizá sea al revés, una sensación de realidad absoluta. Porque no tengo ni idea de dónde voy a estar mañana, ni pasado, ni siquiera de si voy a volver a ver los sitios de siempre.

Claro que tengo una fecha de vuelta prevista y un trayecto organizado pero ¿quién es capaz de asegurar nada en este momento? Yo no.

Sólo en algunos momentos me doy cuenta y soy capaz de sentir el paso del tiempo. Como esa vez en la que me senté a observar una fuente, a su lado los coches circulaban rápido pero parecía que estaban quietos. Lo único que oía era la fuente que echaba agua como si no tuviera fin, y entonces me sentía viva, al sentir el agua caer, y me parecía sentir también caer la sangre por las venas. ¿Cae la sangre? No, circula, quizá sí caiga porque hace un viaje que no va a repetir.

Esta mañana en el periódico he visto una foto de una niña siria muerta en el Mediterráneo. El titular decía que habían muerto tres menores hoy. Menores, pequeños flotando ya sin miedo por el mar.

El hombre que la sacaba del agua iba vestido de buzo, con un tubo y traje oscuro, tenía un aspecto algo absurdo sosteniendo a la niña por un brazo y el chaleco salvavidas, con las gafas subidas y el tubo de color verde a un lado. Ella colgaba como si fuera un muñeco, en una posición indigna hasta para una muerta y sobre todo para una niña. Sobre todo porque estaba muerta, porque si estuviera jugando o bailando o volando sería bonita pero así, era indigna. No para ella, sino para nosotros.

Él grande, oscuro y triste sosteniéndola después de no rescatarla con un equipo que no hacía falta porque la niña flotaba. Quizá ni la vio al salir y chocó con ella al salir a la superficie.

Estos son otros viajes, viajes que dan vértigo de verdad. Que saben que sus esperanzas pueden ahogarse en cuestión de segundos y convertirse en una imagen ridícula.

Y digo ridícula porque duele y digo indigna porque no debería ser. Y pienso que hace sólo unos días mi sobrina se bañaba en ese mismo mar y no quiero seguir pensando porque siento, lo siento.

***

Estas son unas líneas de despedida, escritas a vuela pluma o a vuela tecla.
Os veo a la vuelta

2 comentarios:

  1. Me has emocionado. Qué bueno, Mar

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  2. "... porque no debería ser..." Comparto tus sentimientos y pensamientos que, por otra parte, no podrían haber sido mejor expresados. Gracias, Mar, y un beso.

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