domingo, 22 de noviembre de 2015

CON-TACTO (Relato Polaroid nº 2)

Desde el comienzo del viaje nos recibieron bien en cada sitio por el que pasamos. Incluso antes de llegar. Los niños salían corriendo en cuanto veían a lo lejos llegar nuestro micro bus. No les importaba darse la carrera aunque sólo fuera para decirnos adiós desde lejos.

Las entradas en los pueblos con los niños que venían siguiéndonos y los que salían a nuestro encuentro recordaban a las películas antiguas en las que los blancos entraban en los poblados rodeados de una nube de niños.

Todos te tendían la manita y tenías que cogérsela. Y ponían unas caras de felicidad. Miraban nuestras manos maravillados. Debía sorprenderles el color o incluso el tacto, tan blancas, tan limpias.

Estoy convencida de que para ellos éramos seres muy extraños. Recuerdo una mañana en el campamento en la que al abrir la tienda nos encontramos con un grupo de quince niños mirándonos, sentados, sólo movían los ojos siguiendo cada uno de nuestros movimientos, parecían encantados con nuestras mochilas y todas las cosas que salían de ahí. Ellos que no tienen más que la ropa que llevan puesta en la que es difícil distinguir si hay más agujeros que tela.

Solían formar triángulos, agrupándose los más altos al medio y los pequeños alrededor, como si fueran un coro, pero sin cantar, los únicos movimientos eran los de sus ojos. Esos momentos de timidez llamaban la atención frente a otros donde rompían su formación y nuestros mundos se juntaban. En ellos se nos acercaban pidiendo que les diéramos “pens” o “pencil” o
“t-shirt” o lo que fuera. Sabían que nosotros teníamos mucho.

Un día en que caminábamos lentamente para adaptarnos a la altura, un grupo de niñas subía corriendo a nuestro lado tirando de un par de mulos. Su ritmo doblaba el nuestro por lo que de vez en cuando paraban y nos observaban entre risas y nos llamaban ofreciéndonos los mulos. Nosotras rechazábamos una y otra vez la ayuda que nos ofrecían. Debíamos parecerles enfermas a ese paso y con los bastones.

Paramos a descansar a mitad de subida y el grupo de niñas se juntó con otras más pequeñas que salían a nuestro encuentro. Estaban contentas y les señalaban algo que tenían detrás. Se abrieron un poco y distinguimos un corderito que daba unos pasos vacilantes. ¡Era recién nacido! Cerca de él estaba la madre que acababa de echar la placenta y se acercó para limpiarlo.


Rápidamente la que llevaba la cámara réflex, la desenfundó y apuntó al cordero. Antes de que pudiera atraparlo las niñas se pusieron delante formando una barrera. La más pequeña lo recogió del suelo y se escondió detrás del grupo.

Las niñas mantuvieron las sonrisas pero seguían ahí quietas. El guía local se acercó e intercambiaron unas palabras en amárico. Están contentas nos dijo, porque acaba de nacer ese corderito. Pero no quieren foto, tan pequeño creen que da mala suerte y que puede morir.

Tienen razón no hay peor destino para un corderito que convertirse en foto de un turista, primero serás un gran recuerdo y luego sólo un archivo ocupando espacio en el disco duro.

Continuamos la subida, la pequeña soltó al corderito que fue hacia su madre en busca de leche.



CONTINUARÁ...

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***
Los relatos Polaroid son pequeños relatos recuerdos de mi viaje a Etiopía.
Aquí puedes leer el primero y la explicación de en qué consisten.

5 comentarios:

  1. un placer leerte ...gracias por poner palabras a esos dias andados....

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    1. ¡Claro que sí Maitina! A veces las palabras salen, como los pasos ;)
      Gracias por pasar y por comentar.
      Abrazos
      Mar

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  2. vuelvo a sentir el deseo de estar por unos momentos agazapado bajo las estrellas, a veces sintiendo un miedo absurdo, cuando el grupo ya está bajo la lona de la tienda. Los niños y los mayores se sorprenden de mi forma de dormir. Mar, me vuelve ha hacer soñar con los paisajes Etíopes. Gracias

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    1. Un placer Ángel haber compartido esos paisajes contigo.
      ¡Ay las estrellas!
      Besos
      Mar

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  3. Escribes muy bien Mar. Como dice Matina, pones palabras a las imágenes, los gestos y las situaciones, a lo andado y vivido. Con leerte seguimos soñando que estuvimos allí.

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