martes, 10 de noviembre de 2015

La señora de las palomas


cuento Mar del Rey La señora mayor que pide en mi barrio está patrocinada por Viena Capellanes, por lo menos eso pone en el vasito de papel que sostiene a la espera de que alguien le eche unas monedas.
Se sienta todos los días en el mismo sitio, muy cerca del Viena pero no en el Viena porque la puerta de esa cafetería está destinada a otro pobre.

Si algo la define es su estaticidad, siempre bien colocada, las piernas tapadas con una manta, la maletita pegada a su lado, el cartel a sus pies y el pañuelo atado con tanta fuerza que parece que no tiene orejas y sólo dos rizos se atreven a salir desde su frente.

Todos los días paso delante de ella y creo que pocos nos damos cuenta de que está ahí. Una vez tuve que frenar en seco cuando vi cómo alargaba el brazo y con una fuerza sorprendente lanzaba un sandwich completo al suelo. Para mi sorpresa pan y embutido cayeron juntos a unos tres metros de ella. Pensé que había perdido la cabeza pero bastaron unos segundos para que unas palomas se abalanzara sobre él.

Cada vez que la veo recuerdo ese momento y me fijo bien antes de atreverme a cruzar. Hoy he visto a las palomas picoteando en el suelo donde sólo quedaban unas migas y los restos oscuros de un chicle. Si no hubiera sido por ese día, no habría establecido la relación entre la viejecita con su pañuelo blanco y zapatillas gastadas, y esos pájaros de acera. Pero pensando en el día del sandwich me he escondido a mirarla.

La señora saca de debajo de su silla un envoltorio de plástico y comienza desenvolverlo, sólo con una mano porque con la otra consigue sostener en un equilibrio imposible su vasito de Viena. En esto alguien suelta una moneda en el vaso, casi antes de que haga ruido ella, inclina el vaso y a una velocidad de vértigo, mete la moneda en su bolsillo para volver a dejar el triste vaso vacío.

Luego vuelve al envoltorio y saca una magdalena tan grande que podría llamarse muffin. Sin mirar a un lado o a otro lo lanza contra la valla entero, las palomas lo celebran con saltitos y continúan su banquete con unos picotazos alegres.

Si esta mujer fuera una súper villana, las palomas serían su arma secreta. Siempre presentes como un reflejo de ella o mejor dicho como un antirreflejo. Frente a su estaticidad, ellas se pasean picoteando el suelo gris en un complejo baile de cuellos y patas hasta acabar con el último resto.


1 comentario:

  1. Siempre has tenido buen ojo para reconocer el corazón de las personas. I love you, Mar Abierto.

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