martes, 24 de mayo de 2016

3.1 Las gallinas de Maitina en Udi el perro viajero

Udi y yo, la foto nos la hizo Maitina

Ésta es la primera parte del cuarto capítulo de "Las gallinas de Maitina",  si todavía no has leído los anteriores te recomiendo que empieces por "Con la piel de gallina".
Estos relatos son ficciones inspiradas en los animales de Maitina en la Casa Monaut, algunos de ellos son inventados y luego ocurren en realidad y otros simplemente son reales y a veces se les ocurre reinventarse. ¡Espero que os gusten!

UDI EL PERRO VIAJERO

Para Navidad el ama decidió hacerles dos bufandas de punto a sus hijas, nada más y nada menos que con las lanas de las latxas. Con lo subiditas que suelen estar las ovejas, ¡no sabéis cómo se pusieron cuando vieron a las hijas con las bufandas al cuello! Ocurrió antes de que llegara Udi y después de que tres de las nuestras se tuvieran que ir a casa de la que carda la lana. Vayamos paso a paso.

Una noche de luna creciente, antes de que empezaran todos los cambios, Maitina bajó a estar un rato con nosotras y nos puso música, llevaba en la mano las agujas y la lana. Durante un rato se sentó y tejió en silencio, nosotras la observábamos escuchando el clin, clin, clin de las agujas al moverse.

La gallina gris que está ya mayor y no se aclara mucho, se bajó del palo y fue hacia los pies de Maitina buscando sus huevos. La pobre sufre convencida de que está clueca aunque hace meses que no pone huevos y claro no los encuentra por ninguna parte, eso sí en cuanto ve los de otra se pone a empollarlos...El ama la acarició.

Mirad, estoy haciendo una bufanda! Bonita, ¿verdad? Es de lana de nuestras latxas. Tejeré una para cada una de las hijas por Navidad.

Maitina siempre llama a sus hijas “las hijas” esto es algo que la madraza jamás entenderá, ella lo hace porque de joven estuvo en una comuna hippy y dice que las hijas no pertenecen de nadie...pero ésa es una historia para otro momento. El ama continuó diciendo que iba a necesitar más lana, en ese momento paró la música y su voz se puso algo seria.
_Chicas mañana tres de vosotras os bajáis a la casa de la que carda la lana.

Nada más escuchar la noticia, la gallina gris que se había calmado y estaba sentada a los pies del ama empezó a corretear cacareando a los cuatro vientos.
_¡¡¡¡¡No quiero ser un pollo en pepitoria!!!!!
¡Pobre! Está realmente mal. Los trillizos se despertaron sobresaltados y le preguntaban los tres a la madraza qué era eso de la pepitoria. Ella por primera vez, no sabía qué contestar. La gallina Clara, como siempre, llamó desde su viga.
_Recordad ¡las gallinas de Maitina sólo mueren de viejas!
El ama como si la hubiera entendido, añadió.
_Tendréis que darle huevos, igual que a mí, nada más, ha prometido que os cuidará bien.

El día de Navidad cuando las ovejas vieron llegar a las hijas con las bufandas al cuello, ¡no paraban de alardear! Tanto que la gallina Punki les dijo que había cordero para comer y las latxas se marcharon ofendidísimas. Es una tipa curiosa la de la cresta años ochenta, no suele meterse mucho en los asuntos del gallinero pero cuando abre el pico, atina.
La gallina punki es la blanca con pintas
Por la noche la madraza después de asegurarse de que sus hijos estaban bien dormidos, nos dijo.
_¡Ahora de lo único que saben hablar de sus lanas. Todas a la vez, como hacen ellas. Lo bonitas y suaves que son, lo que abrigan...¡lanas y venga lanas! Pero ¿os acordáis de la que liaron cuando las tuvieron que esquilar? ¡Casi me arrollan con huevos y todo!
_¡Y lo peor es que es así cada verano!- añadió una de las hermanas que no puede evitar meter baza.
_¡No hay forma de que se acostumbren!-remató la otra.
Es verdad que las ovejas estuvieron poco finas esa mañana, algunas todavía estábamos tristes por separarnos de las que se habían ido. Aunque esperábamos recibir noticias pronto porque hacía poco que teníamos un nuevo mensajero.

Maitina apareció con el cachorro al día siguiente de llevarse las gallinas. Lo trajo en un cesto, tapado con una pequeña manta. Al principio pensamos que quería enseñarnos las lanas porque Udi dormía hecho un ovillo en el centro con ese pelo que tiene que parece de cordero. Luego al ver que las lanas se movían y que levantaban el hocico y nos miraban con esos ojos color aceituna negra, entendimos.
_Le he puesto Udi -dijo el ama como el monte de Otxagabia. Ese por donde andaba el aita de niño... y seguro que todavía anda, de una forma o de otra. El nombre me vino en el coche de camino, fue como si me lo dijera Karmelo al oído...

Suele contarnos confidencias de este tipo y nosotras agradecemos la confianza, aunque la mayoría de las veces la gallina Clara nos tiene que explicar qué quiere decir. Pero en ese caso no hizo falta, estaba claro. Udi sería un perro especial.

_La que carda la lana ha tenido una camada y como eran muchos, lo quería sacrificar. Éste se me quedó mirando con esos ojos que tiene y no me pude resistir –continuó el ama.

Cantamos contentas, cualquier gallina, por poco espabilada que sea, sabe que tener un perro es sinónimo de estar comunicado con los otros valles. ¡Hasta las dos hermanas revoloteaban felices en sus palos! 
Udi ya mayor entre la nieve
Hay un dicho entre los animales del valle del Arce ¡Quién fuera gallina de Maitina! Y es muy cierto porque nosotras vivimos como reinas. No somos las únicas, las yeguas y las latxas tampoco viven nada mal. Pero les gusta protestar y son muy celosas porque por mucho que ellas puedan moverse libremente por los campos, no tienen un gallinero de lujo como el nuestro.

Un turista que vino a vivir en la casona, dijo que le recordaba a las cabañas de Canadá, ¡nada más y nada menos! Nosotras no teníamos ni idea de cómo eran esas cabañas pero sonaba muy exótico, así que se lo contamos a las yeguas y a las ovejas en cuanto tuvimos ocasión...También se lo dijimos a Gato para que extendiera la noticia.


Nuestro gallinero-cabaña de Canadá está hecho con las antiguas tablas del suelo de la casona. ¡Madera de roble! La gallina Clara nos contó que Karmelo la guardó cuando andaba reformando la casa para hacer muebles.
_El aita era un mago, eso le decía el ama -nos contaba Clara -le veíamos mirando el montón de tablas, que a nosotras nos parecían todas iguales, pero a él no porque se tomaba su tiempo para elegir unas cuantas. Después de días aserrando, dando golpes y poniendo cola, aparecía con una estantería nueva o una cajonera o un armario¡magia!

...Los animales de la casa sabíamos que cuando hacía bueno y ponía música, tocaba hacer muebles y hasta las latxas, que disfrutan tanto de las alturas, bajaban del monte para verle trabajar.
Karmelo se fue, los tablones quedaron amontonados y empezaron a llenarse de telas de araña. El ama bajaba y los miraba en silencio. Pasó allí muchos ratos, incluso cuando llovía se quedaba ahí quieta en silencio. Un día en que amaneció soleado escuchamos golpes y vimos dos hombres moviendo las tablas. En pocos días estaba construido nuestro hogar. Cuando las hijas del ama lo vieron terminado dijeron que ellas querían una casa igual.

, vivimos muy bien, por eso le damos tantos huevos al ama y nunca nos quejamos...Eso sí, echábamos de menos la información de otras casas, sobre todo las que tenemos familia fuera.
Es verdad que Gato algunas veces venía y nos contaba cosas pero no tenían mucho sentido. Cuando sale va a lo que va y es difícil que se concentre en otra cosa que no sea una gata. Y cuando se relaja, le toca protegerse de la competencia...Así que sólo nos llegaban retales de historias que se solían cortar a mitad por motivos de pura supervivencia.
Tampoco le podíamos pedir más ¡bastante tenía con gestionar sus siete vidas! Sobre todo cuando le veíamos llegar delgado y lleno de heridas de guerra. Pero echábamos en falta saber de las yeguas, de las ovejas y por supuesto de las otras gallinas.

En este gallinero todas menos la Gallina Clara vinimos de fuera, cuando llegamos poco después de “La noche de la puerta”, ella la única superviviente, todavía temblaba en su viga aún conmocionada con lo ocurrido, no era para menos.

_Clara es una gallina muy sabia, os acogerá bien. Dadle algo de tiempo -dijo el ama y como siempre tenía razón.

Al ver al pequeño Udi temblando en el cesto recordé ese día. Probablemente a las demás les pasó lo mismo porque empezaron a cacarear para darle la bienvenida. Era tan pollo que sólo levantó la cabeza y nos miró sus ojos profundos.

Luego se incorporó en la cesta, sus patas eran casi igual de largas que las nuestras, todavía tendríamos que esperar a que creciera para tener un mensajero, ahora no podría llegar muy lejos.
_Bueno es que esté aquí -dijo Clara- además esa mirada dulce me recuerda a alguien.

Esa noche la gallina Clara nos contó una historia muy especial, la de Kuxu el perro de Karmelo. Dijo que si íbamos a tener a Udi, debíamos recordar a sus antepasados. Nosotras permanecimos en silencio, ni siquiera las dos hermanas se atrevieron a decir nada, sabíamos que ése era un momento especial, nos iban a hablar del aita y eso merecía la pena. Clara se colocó en su viga y nosotras nos agrupamos en los palos para escucharla.

CONTINUARÁ...
Lee aquí el siguiente capítulo: 3.2 Udi el perro viajero (segunda parte)

¿Te ha gustado esta historia? Deja un comentario y también si te ha inspirado alguna idea, vuestros comentarios siempre ayudan a imaginar nuevas situaciones.

Si no has leído los capítulos anteriores, aquí los tienes:
1. Con la piel de gallina
2.1. La gran nevada (primera parte)
2.2 La gran nevada (segunda parte)


5 comentarios:

  1. Aquí en Saragueta , todos encantados con tus historias , bajo a contarles a las gallinas ...

    ResponderEliminar
  2. Una maravilla de relato, Mar. Me encanta Udi, lo quiero de amigo. Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Amparo ¡continuará! Y Udi seguro que está encantado de fichar a una amiga como tú

      Eliminar
    2. Gracias Amparo ¡continuará! Y Udi seguro que está encantado de fichar a una amiga como tú

      Eliminar