lunes, 9 de enero de 2017

Fuego en la huerta

Amanece en Casa Monaut
He pasado el fin de semana de reyes con unos amigos en casa de Maitina en Navarra (¡sí! es la misma que “Las gallinas de Maitina” puedes leer los primeros capítulos aquí). Me llevé ejemplares de Oyraborá, el libro que acabo de auto-publicar, por si a alguien le interesaba comprarlo. Es curioso porque con las ventas a veces se cruzan los pudores, el que me da a mí de que la gente se sienta obligada a comprármelo, por lo que lo enseño con discreción para que lo compren sólo los interesados.

Y el pudor de alguna gente interesada que me pregunta, después de verlo, cómo lo puede conseguir y cuando les digo que lo vendo directamente, me contestan: no mujer, dime dónde lo puedo comprar y lo compro directamente. ¡Pero si no hay forma más directa que yo misma! Que voy como los libreros antiguos con los libros en las alforjas.

El sábado les enseñé el libro recordándoles que era un cuento que ellos conocían porque el año anterior se lo había contado pero que ahora había nacido en papel e ilustrado. Esther y Maitina ya me habían pedido ejemplares previamente pero Xanti y Amaia no, lo miraron muy interesados y después me lo devolvieron, y yo lo guardé.


El domingo por la mañana Xanti y Amaia se marcharon temprano y el resto estábamos terminando de recoger la casa para salir a dar un paseo. Entonces antes de irnos, saqué los libros de Esther para no olvidarme. Ella estaba en la puerta esperando, yo le tendí los libros, ella los recogió con una sonrisa. Le pregunté si quería que se los dedicara y me devolvió uno ¡El mío claro que sí!
En el momento en el que recogí el libro de su mano, entró Xanti en la habitación. Todos dimos un respingo, creo que él no esperaba encontrar a nadie tan cerca de la puerta y nosotras no esperábamos verle a él de nuevo. Yo me había quedado congelada con el libro levantado como si le estuviera sacando una tarjeta a Xanti y le pregunté ¿os habéis dejado algo? ¡Eso!, me contestó él, señalando mi libro. Se nos había olvidado llevarnos y nos dimos la vuelta.

Yo estaba con la lagrimilla en el ojo cuando apareció Maitina desde su cuarto y dijo señalando hacia la ventana ¿qué habéis echado ahí? Fuera se veía una columna de humo gris. Luego miró a Xanti ¿habéis vuelto?, ¿pasa algo? No, por el libro dijo él.

Ejemplares de Oyraborá
Salí corriendo hacia la puerta ¡es la huerta, las cenizas! Eché los restos de la chimenea en la huerta, como me dijo Maitina, sólo que lo hice en una zona que estaba algo seca y me dio miedo porque me pareció que todavía había algunas brasas, por eso le pregunté al subir ¿no importa donde lo eche en la huerta? No, donde quieras va bien. Había intentado echarle agua por seguridad pero me encontré con que la manguera estaba cortada por el hielo, luego busqué un cubo pero mientras lo hacía me despisté ¿será por mi cabeza llena de pájaros (urbanos)? y me subí. Como estaba con el run, run, le dije a Maitina lo he echado ahí, ella miró sin mirar como esa madre de la película de Superman cuando el niño le dice ¡mira mamá! lo que hago mientras pone a prueba su equilibro en la barandilla de las cataratas del Niágara y ella distraída dice: sí, sí. Maitina hizo lo mismo y me dijo cualquier sitio estará bien aunque en realidad quería decir cualquier sitio verde estaba bien.

O quizá sí regué las brasas pero mi emoción porque Xanti y Amaia se dieran la vuelta a mitad de camino para venir a recoger el libro hizo que volvieran a encenderse y que la huerta estallara en llamas. Luego todos para celebrarlo comimos verduras a la brasa.

Las gallinas mientras tanto observaban desde su campo que queda justo debajo de la huerta. Ellas no entendían que había podido ocurrir, además el fuego había pasado muy cerca hasta que Maitina y Claudia lo apagaron con la manguera. Según les había contado Udi, el fuego lo había provocado la turista escritora con sus poderes telequinésicos, Clara quiso explicar en qué consistía eso pero perdió el hilo cuando los tres gallos jóvenes revolotearon a toda velocidad huyendo del Gallo mayor.
Udi, la turista escritora (una servidora) y Maitina

Udi continuó, la turista ha vuelto pero no con nuestro libro publicado sino con otro. ¡Se puede tener poca vergüenza! Pensó una de las hermanas, pero no lo dijo porque la otra hermana ya no está allí para completarle la frase, hace meses que Maitina cansada de sus cacareos contínuos la regaló.
Finalmente cuando el humo cesó y Maitina les echó los restos de verduras calcinadas, se quedaron tranquilas, sobre todo cuando les dijo que la próxima vez que viniera, la turista escritora había prometido traer su libro.

Esta anécdota me ha recordado a una de mis películas favoritas "Como agua para chocolate" en la que también hay un fuego ocasonionado por la pasión. En este caso surge a partir de una receta: Codornices en pétalos de rosa. Os dejo la escena aquí y os deseo que 2017 sea un año lleno de pasión.



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Latxas comiendo avena 
Acabo de publicar mi segundo libro Oyraborá, lo he auto editado yo y ando con ejemplares debajo del brazo todas las navidades. La buena noticia es que desde el 17 de diciembre que salió la primera impresión, hasta la fecha he vendido casi la mitad de ejemplares. En esta entrada cuento cómo nacióOyraborá desde el principio hasta el final. Si te interesa un ejemplar del libro, puedes pedírmelo a través de mi correo electrónico mardelrey24@gmail.com


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