miércoles, 22 de marzo de 2017

Tortugas en Atocha

Atocha es una estación de trenes sí y también una estación tropical. Aunque en su interior no haya lluvias tropicales, sí crece un jardín con otro tipo de viajes y conexiones.
Las vías horizontales desaparecieron para dejar paso a las plantas que ahora crecen verticales hacia el cielo.

La estación tropical tiene otro ritmo muy distinto del de la otra estación. Sobre todo tiene habitantes. Las tortugas, ésas que se apilan sobre las piedras del  pequeño estanque de la entrada. Puede que unos y otros las hayan ido dejando allí cuando el vigilante estaba despistado. Aunque delante del estanque hay un cartel que dice: "prohibido abandonar tortugas". Entonces, si la gente ha sido obediente, puede que las torguas hayan llegado hasta allí viajando, por su propio pie y todavía están esperando un buen transbordo.

Hace años del jardín tropical salían trenes, dentro de poco serán las tortugas quienes comiencen a salir de la estación tropical. Llevarán a los niños subidos en su caparazón. Pero todavía hay que esperar, porque esas tortugas vivirán muchos años, quizá más que quienes las dejaron allí. Dentro de unos años ellas pasearán entre los andenes de una nueva estación, serán ellas quienes irán de un lado para otro, cambiando de andenes o en busca de un taxi.

Así lo ha contado la estatua del hombre que lee esta última noche. Y así se la ha escuchado contar uno de los vagabundos que duerme escondido entre las plantas del jardín tropical. La estatua les ha dicho a las tortugas que está escrito, que ellas serán las próximas viajeras. Al vagabundo no le importa que la historia sea verdad o mentira, sólo quiere que cuando la estación se quede vacía, la estatua que lee,  les lea en voz alta a las tortugas, sólo eso.




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