domingo, 7 de mayo de 2017

El viento en el cuento, el cuento en el viento (historias del Cuenbate)


Ayer terminó el Cuenbate edición 2017 y gané. Me  hace ilusión porque el año pasado me quedé a las puertas. Aunque esto de ganar en algo artístico es muy relativo ¿se puede competir en belleza?¿en emociones? Creo que no.
Pero me gusta la idea de juego en la que el público vota y  participa en la actuación.  Es divertido y luego la gente está pendiente del resultado como en los partidos del Madrid Barça. ¡Ojalá tuviéramos ese quorum! Como siempre le digo a Alberto Guerra Obispo, que es el creador del evento: el Cuenbate me gusta.
Por supuesto el Cuenbate es lo que es gracias a los oponentes, desde aquí un saludo cariñoso a Diana Irazabal, Israel Hergón y Luis del Amo.

Esta vez fui cuentoautora, esto es conté un cuento de mi propia cosecha. Parte esencial del trabajo en narración es elegir la historia que vas o contar, o quizá sea más adecuado decir que parte esencial de nuestra profesión es dejar que la historia te elija. Enamorarte de ella. Cuando miras con los ojos muy abiertos descubres que el mundo está lleno de historias, anécdotas, cuentos que nos cuentan o nos contaron, canciones,...En el fondo son esos lugares, esos retales, esos detalles que nos emocionan de alguna forma, por algún motivo.
Cuando encuentras esa chispa, impregna toda la narración y cuando la compartes con el público simplemente emociona. Es algo sencillo y a la vez complejo. Como una flor, o una estrella¿alguien puede explicar su belleza?

Ayer fui cuentoautora porque el cuento que conté lo había escrito yo. Está basado en algunos hechos y tiene algunas influencias, por supuesto. Las historias, como las pinturas, las canciones, las esculturas, como nosotros mismos, están hechas de retales de vida.

Concretamente el cuento del viento y el viento del cuento nace de un viaje al mar. Hicimos escala en Consuegra y pude visitar un molino y aprender cómo funciona y descubrir en cada uno de los ocho ventanucos de arriba del molino los nombres de los vientos. Vientos que cuentan historias: Ábrego, Moriscote, Villacañero, Matacabras, Toledano, Cierzo, Levante, Solano. Vientos de la Mancha con otro carácter de los vientos del este que yo conozco: Siroco, Tramontana,...Con un carácter  diferente que los vientos que nombran en una de mis pelis favoritas "El Paciente Inglés".

Y luego fueron llegando otras ideas, como las hojas que arrastra el viento en otoño. Los retales de una historia de amor, enmarcada en el viento, un encuentro en mitad de una tormenta de arena. La historia de un ejército que se enfrenta a un enemigo invisible y termina desapareciendo para siempre.
En el  libro de El Paciente Inglés te cuenta de manera muy detallada como Kip el zapador encuentra una mina y busca cómo ha sido activada, intenta entender a quien la ha puesto ahí para poder desactivarla. Cómo ha ocultado la mina bajo cemento, cómo ha pintado los cables para que no se reconozcan, cómo ha invertido los cables. Tiene que estudiarla para ver cómo está hecho.
Yo buceé en la película, en el libro, en la persona de Álmasy, pasé semanas cantando la canción de Szerelem, una canción húngara que me llegó como un regalo días antes de visitar Budapest.


Encontrar la letra y la traducción, intentar cantar ese lenguaje enrevesado y bello a la vez que es el húngaro. Leer que quien canta la canción en la película es una cantante tradicional húngara que ya oía esta canción dentro del vientre de su madre y saber que ahí hay más historia.

Ponerme a cocinar el texto y descubrir que es fértil como un oasis en el desierto que sus historias, llaman a mis historias y todas se entrelazan como si tuvieran sentido, como si en realidad las estuviera descubriendo y no creando. Como si este cuento que está naciendo, se tejiera con los otros que ya son, los que fueron y los que serán.


Cuando las cosas fluyen así, cuando sientes que te nace una historia sólo queda contemplarlo y disfrutar. Y después por supuesto compartirla, ¿qué sentido tendría si no? Y encontrarme con todos vosotros ahí de nuevo, con vuestras caras de niños, con vuestra atención, con vuestros ojos redondos, con vuestras bocas abiertas, con ese silencio atento que me regaláis, con esos aplausos y esa emoción y esas historias que me contáis de vuelta.

No tiene precio, miles de gracias por estar.  Miles de gracias por venir, por compartir, por estar atentos, y por seguir ahí.

Si queréis saber de próximas contadas, dejadme vuestros datos en el formulario de más abajo y prometo manteneos informados porque las historias siguen naciendo, nacen cada día y yo quiero compartirlas.

Si queréis comentarme algo, darme alguna idea, hacer alguna crítica (constructiva) podéis escribirme a mardelrey24@gmail.com


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