viernes, 4 de agosto de 2017

¿Cómo encontrar un caracol minúsculo y transparente?

Los caracoles, aunque pequeños, dan mucho de sí y las historias sobre ellos son inversamente proporcionales a su tamaño. Ocurre lo mismo con mi amiga Nuria Rita Sebastián, una pequeña mujer llena de grandes historias, basta un rato con ella para que te cuente varias.
Un caracol en la bota de Cristina R
Como la de la especie de caracol que se ha descubierto en su pueblo, Ciria, una localidad perdida en los parajes sorianos. Nuria siempre encontrará alguna historia de allí. Es una gran admiradora de su pueblo. De hecho está trabajando en un proyecto llamado Casa tía Julia que consiste en rehabilitar la que fue la casa de su tía para que se convierta en un refugio de ideas.

Este invierno visité Ciria por primera vez, es un pueblo escondido al final de una carretera, donde cuando cae la niebla te puedes perder y aparecer en cualquier otro lugar. En su interior guarda un puente como recuerdo de por donde pasó el río y tiene un antiguo colegio con dos puertas y dos escaleras para que salieran por un lado las niñas y por otro los niños. Y por supuesto la casa de Nuria, un edificio que hay que saber mirar con sus ojos, como si fueran unas gafas mágicas que detrás de esos viejos muros te muestran lo que ella es capaz de ver.
Nuria consiguió convencerme y descubrí su pueblo pero le costó insistir en las historias maravillosas y espectaculares como ésta.

Acabábamos de conocernos, y estábamos tomando tranquilamente un té con unos amigos. Ella insistía en las bondades de su pueblo y en que debíamos ir. Como ya llevaba un rato hablándo, mi atención estaba bajando un poco, entonces ella, como buena narradora, picó mi curiosidad:

¿Sabes que han descubierto un caracol autóctono de mi pueblo?
Eso me dijo, creo que en ese momento no le estaba prestando mucha atención. Ella metió la mano en el bolsillo y sacó una pequeña bolsa, de esas que tienen un cierre de plástico.
—¡Tengo la prueba!
La miré, acerqué la cara a la bolsa intentando adivinar qué habría dentro y no vi nada de nada.
—Aquí dentro hay seis
—¡Y un circo de pulgas! —contesté entre risas.
Hablo en serio, son mínimos y transparentes, les ha costado muchísimo encontrarlos.
—No me extraña, siendo tan pequeños que no se ven ni en grupo.
Casi microscópicos y acuáticos me corrigió— ha sido muy difícil localizar uno vivo, es lo que piden para justificar la nueva especie.

La imagen de dos científicos en mitad del campo soriano, escavando en una fuente en busca de unos caracoles mínimos y transparentes, me hizo llorar de la risa. Quizá fue su empeño el que no dejó ninguno con vida, tanto cavar y cavar. Debe ser muy pero que muy complejo localizar un caracol transparente, al menos sabemos que se moverá despacio.

Una pequeña excavando
Le sugerí a mi amiga que para otra investigación similar, podían avisar a la congregación de Monjas Mínimas. Hay que tener fe para encontrar a un caracol de esas características. Ella continuó con su relato sin prestar atención a mis bromas. El caracol finalmente apareció y fue bautizado como Corbellaria Celtibérica tal y como explican en este artículo. En honor a su descubridor, Jorge Corbelia, y también al terreno donde fue hallado.

Entiéndase que respeto enormemente el trabajo de estos científicos capaces de encontrar piezas tan singulares, minúsculas y transparentes.

Tiempo después Nuria me pasó una nueva historia sobre caracoles, que guardé en el cajón de las historias que tengo que contar en algún momento porque son geniales. Es aún más desternillante que la de los caracoles mínimos, aunque no tiene nada que ver con su pueblo, cosa rara.
Próximamente podréis escucharla en un audio relato que acabo de grabar y que saldrá publicado el día 11 de agosto en el programa Va por nosotras.

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