viernes, 8 de septiembre de 2017

El rescate de los caracoles transparentes

Hoy continuaré con la historia de los caracoles transparentes sorianos porque después de escribirla en el blog, mi amiga Nuria Rita me contó una información relevante que hizo que apareciera otro relato.
Si no habéis leído el primer capítulo de los Caracoles transparentes, podéis hacerlo aquí.

Nuria Rita, la pequeña Editora con Carrito es un personaje de novela, aunque sea real.
Es una de esas personas que alimenta mi imaginación. Ella vive en  un mundo paralelo. Si por ejemplo le propones dar la vuelta a una manzana cada una por un lado y reunirte después, tú das la vuelta tan normal y como mucho consigues esquivar una caca de perro, ella te contará que conoció un chino, y que a pesar de que no conseguían encontrar un lenguaje común en el que comunicarse, le estuvo explicando el proyecto cultural en el que trabaja y el chino aceptó apoyarlo económicamente.

Escribí la historia de los caracoles transparentes hace poco y se la mandé a Nuria. Bastó un intercambio de mensajes en Twitter para que el contenido ganara todavía más.


Aquí tenéis una segunda entrega de los caracoles, esta vez "El rescate de los caracoles transparentes"

Hay gente machacona con su pueblo, gente que de tres frases que hace, dos son sobre lo bueno que es tal o cual cosa en su pueblo, ésos son unos principiantes al lado de Nuria.
_Mi pueblo tiene un lavadero, mi pueblo tiene un río ya seco perooo, mi pueblo...

Y dale que te pego con su pueblo, así es contínuamente. Un poco cansina, quizá, pero ella sabe que lleva razón e insiste.

_En mi pueblo han descubierto un caracol -nos dijo ese día.
_¡Enhorabuena! en el mío también cuando llueve,
_que no me entendéis, que han descubierto un caracol autóctono. ¡Si se llama Celtiberis en honor a Soria!

La conversación derivó por otros berenjenales, pero ella no se rendía, al día siguiente volvió a la carga, para que me creáis he traído una prueba. Aquí tengo seis, en ese momento sacó la famosa bolsita de plástico, que parecía más de pastillas que de especímenes autóctonos.

_No hay nada, Nuria, está vacía_ le dijimos entre risas
_No, no son minúsculos, aquí hay seis.
Acercamos uno a uno la cara a la bolsa. No había forma, no se veía nada.
_No los podéis ver, son transparentes. Les costó muchísimo localizarlos y sobre todo encontrar uno con vida.

En ese momento me vino a la memoria uno de mis cuentos preferidos "El maravilloso traje del emperador".

Ella nos dio una disertación científica sobre el descubrimiento de los caracoles. Todavía más complejo porque para justificar el descubrimiento de una nueva especie de animales hay que presentar pruebas.

Sería un caracol maravilloso y la bolsa de los seis transparentes,  la mejor prueba de que el pueblo de Nuria es un lugar fantástico, pero resulta que esa bolsa casi le desaparece.

En una ocasión se la dejó encima de la mesa de un bar, debía tenerla ahí para contar su anécdota preferida y en un despiste, la tiraron a la basura.Volvió en cuanto se dio cuenta, no le importó que fuera casi de madrugada y estar sola. El bar había cerrado. Se encontró en medio de la calle oscura con el contenedor de basura frente a ella y una gran determinación.

Si crees en algo, tienes que estar dispuesto a jugártela, por lo que ella, sin dudarlo, apretó la palanca del contenedor con el pie, era de estos grandes que hay que abrir con mucha fuerza. Tomó impulso y dando un salto de ninja de película, de esos que te levantan a tres metros del suelo a cámara lenta, entró en el cubo.

Todo muy llamativo si no fuera porque la tapa del cubo se cerró con la misma velocidad con la que se había abierto y Nuria quedó en la oscuridad, rodeada de basura. Esto no fue un problema porque llevaba su Blackberry y una de las pocas aplicaciones que tiene, es la de linterna. Nuria defendería a mansalva su dispositivo, casi tanto como su pueblo. Aunque si te quedas atrapada en un cubo de basura a altas horas de la noche, da igual las aplicaciones que pueda tener tu dispositivo, lo más importante es poder llamar para que te saquen.

Pero ella no quería que la sacaran, no mientras los caracoles autóctonos, minúsculos y transparentes estuvieran dentro. Tenía una misión: encontrar esos ejemplares y llevarlos a buen recaudo, un museo quizá, Casa tía Julia, a saber, cualquier lugar que no fuera la basura.

¿Los encontró? Claro que los encontró, buceó en el cubo, pataleó, rebuscó y con manos y dientes hasta localizarlos. Y una vez los tuvo, se le planteó un segundo problema, ¿cómo abrir el cubo desde dentro? La respuesta llegó después de muchos intentos, no se puede, la única alternativa es esperar a que alguien vaya a tirar su bolsa.

Horas después, una señora pulsó la palanca y estaba echando el brazo hacia atrás para lanzar la bolsa cuando Nuria se levantó como si tuviera un resorte y le dijo "¡no!" Levantando las manos. La señora dio un chillido, la bolsa cayó a sus pies, Nuria sujetó la tapa con las dos manos por miedo y empezó a explicarle. Estaba aquí buscando mis caracoles.

La señora del susto se dejó caer al lado de la bolsa, Nuria salió del cubo, se sentó a su lado y le puso la cabeza en el regazo mientras le abanicaba y continuaba con su historia.

Alguien debió llamar a una ambulancia, cuando llegaron Nuria le estaba contando a la señora que era una especie autóctona y transparente que...No pudo terminar la historia, la sirena la interrumpió y los del Samur le pidieron que abriera paso. Nuria Rita, respetuosa, dejó hacer al personal sanitario y después puso una tarjeta sobre la camilla de la señora, por si tenía interés en conocer su proyecto.

Ella se fue a casa,a poner los caracoles a buen recaudo. Hasta que en una mudanza pasaron a mejor vida. Quizá los caracoles sorianos sólo estén destinados a unos pocos y sea  mejor conservarlos en secreto.
Obsesionada por los caracoles, me hallo


También te puede interesar:





  • Momento de digresiones:


Para justificar la existencia de una nueva especie, hay que presentar pruebas, eso me recuerda al Principito, al capítulo del geógrafo. Aquí transcribo una parte maravillosa donde habla de cómo debe comportarse un buen explorador:
– ¡Usted es geógrafo !
– Exactamente – dijo el geógrafo – pero no soy explorador. Carezco totalmente de exploradores. No es el geógrafo quien va a contar las ciudades, los ríos, las montañas, los mares, los océanos y los desiertos. El geógrafo es demasiado importante para andar paseando. No abandona su escritorio. Pero en él recibe a los exploradores. Los interroga y toma nota de sus recuerdos. Y si los recuerdos de alguno de ellos le parecen interesantes, el geógrafo debe hacer una encuesta sobre la integridad moral del explorador.
–¿Por qué?
–Un explorador que mintiera provocaría catástrofes en los libros de geografía. (...) Entonces, cuando la moralidad del explorador parece buena, el geógrafo investiga sobre su descubrimiento.
–¿Va a verlo ?
–No. Es demasiado complicado. Se le exige al explorador que presente pruebas. Si se trata por ejemplo del descubrimiento de una gran montaña, se le exige que traiga de ella grandes piedras.
El Principito Capítulo XV






No hay comentarios:

Publicar un comentario