miércoles, 17 de enero de 2018

Las gallinas de Maitina en: Cómo pasamos de ser unas gallinas cualquiera a estar en la lista de los libros más vendidos

Esta mañana el ama ha llegado con un notición: nuestro libro es el séptimo más vendido en Navarra.

—¡Chicas! Volvemos a salir en el periódico, ¡mirad! ¡mirad!— decía agitando un recorte de prensa— La foto me la mandó la hija reportera que siempre anda escaneando las noticias, al principio no entendía qué me quería decir con ella porque no se ve muy bien, luego vi el título y me quedé de piedra.
—En esa lista el nombre que tenía que aparecer es el tuyo, el de la gallina Marcela Mora —dijo Sombra poniendo mucho énfasis en la palabra gallina.
Las demás se volvieron para mirarme, mis plumas se erizaron.
—La Turista escritora y yo hicimos un pacto, es mucho más difícil darte a conocer si sólo eres una gallina...—repetí la argumentación que les llevo dando todo este tiempo.
—¡Habla por ti! -protestó la Punki.


El ama, ajena a nuestros cacareos, seguía dando tumbos por el gallinero enseñándole la hoja a unas y a otras.
—Mirad chicas, cómo se venden las gallinas.
La hermana solitaria que continúa en su línea, comentó.
—Ahora va a empezar a vender gallinas.
—¿No ves que está hablando del libro? —contestó la Punki sacando la cabeza de la página.
—Yo sé a unas a las que sí podríamos vender —dijo Sombra mirando hacia donde están las zurias. Así llama el ama a las que han llegado nuevas, zurias significa blanco en euskera y ellas son totalmente blancas.

Ha habido muchos cambios desde la última vez que escribí. Uno de ellos es que somos seis más en el gallinero. Las nuevas no han salido de huevos de Casa Monaut sino que las han traído los Reyes Magos y no digo el Olentzero porque eran tres los que las trajeron, que hay que explicarlo todo.

Maitina llevaba tiempo diciendo que quería tener pollitos amarillos. Como recordaréis, el año pasado llegó al gallinero un nuevo gallo: estirado,un poco chulo (como corresponde a un gallito de ciudad) y sobre todo muy, pero que muy negro. Al principio le costó integrarse, no tenía modales y ninguna de nosotras le dejábamos que se nos subiera. Esto ocasionó una huelga. Después el chico de ciudad aprendió a comportarse y la población de pollos aumentó considerablemente.

El ama se alegro muchísimo con que hubiera pollos pero de repente empezó a decir que eran demasiado oscuros. El único rubio duró hasta su primer paseo fuera del gallinero, el milano lo debió elegir como menú gourmet y desapareció. El motivo de su falta no se lo contamos a la gallina Clara para que no le diera uno de sus ataques.

Gato insistía en que si el ama quería pollos amarillos, tenía que cambiar de gallo y buscar uno que no fuera como la noche. Menos mal que soltaba estos comentarios cuando estaba encaramado a la viga, lejos de picos ajenos, porque al gallo castellano no le hacían ninguna gracia.
Las hermanas, que en esa época todavía estaban juntas, comentaban:
—¿Cómo va a tener pollos rubios?
—Es como tener un yerno de color...
—¡negro! —interrumpió la Punki
—Sí, y querer que las crías te salgan albinas.

Ahora resulta difícil reconocer a las hermanas porque han ido cambiando de color hasta convertirse en clones oscuros, salvo la gallina Transición que es mitad antiguo régimen mitad nuevo: las plumas de delante las tiene doradas y las de atrás negras como el carbón. El siguiente puesto lo ocupa una negra con pintas marrones, luego va Sombra que es negra con pintas blancas y después todas las demás negras completas. 

Como cada vez que Maitina nos veía en la pradera, en el gallinero o en los palos repetía: ¡quiero gallinas blancas! Tres amigos suyos que son super fanes de Casa Monaut aprovechando la navidad  le regalaron las seis zurías. La Punki aprovechando la fecha y con su creatividad característica, les llamó los Reyes Magos.

Cuando las trajeron el ama bajó a hablarnos.
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—¡Chicas os van a encantar son blancas y vascas, vascas!
—Así que hay razas entre las gallinas —dijo la Madraza con un tono ofendido— ¡Y nos lo dice ahora! Ahora que tenemos tal mezcolanza que no hay nada que hacer.
—Pero no os acordáis de cuando el vecino trajo unas gallinas oriundas, que  no daban ni un pollo— rio Clara.

Esto de las razas de gallina da para otro capítulo ya os contaré porque el vecino de las gallinas oriundas es un gran sabio en lo que a gallinas se refiere, llegó a tener relación con el Instituto de la gallina, un organismo oficial destinado al estudio y la clasificación de las gallinas. ¡Toma ya!

Pocos días después de la llegada de las zurías, apareció por la casa y le dijo al ama que las zurías eran blancas pero vascas, no por no sé qué plumas que no tenían en las patas.  Nosotras nos quedamos mirándonos las patas a ver si éramos vascas o no pero al escucharle decir que  la raza de gallinas vascas no estaba reconocida por el estado, nos quedamos muy preocupadas. ¿Estaríamos reconocidas las gallinas de Maitina por el estado.
—Casi mejor que no porque de estarlo, seguro que nos toca pagar algún impuesto—rio la Punki mientras batía las alas.

Como os decía lo de las gallinas colonas y las oriundas da para un capítulo aparte, ya os contaré. Además con el recibimiento de la Gris a las zurias, no sé cómo a alguna no le dio un ataque al corazón. Ahora me gustaría volver a la noticia de los libros. Desde que Maitina bajó con el recorte, hay mucho revuelo en el gallinero. El otro día la Punki que tiene la sensibilidad artística muy desarrollada decía:

—¡Chicas!¿Podéis seguir ahí comiendo avena como si nada? ¿Sois conscientes de lo que ha pasado? El libro que habla de nuestra vida, de nuestras intimidades ¡es famoso!
—Podríamos vender alguna exclusiva a una revista del corazón —contestó la Madraza que desde que sus pollos ya no le caben debajo de las plumas se ha aficionado a hacer escapadas y cotillear las revistas de la leñera.
El gallo se alzó sobre su palo:
—Yo creo que para la próxima publicación —carraspeó y me miró sin ningún disimulo— habría que buscarle un título más ajustado. Vosotras sois muchas y yo (tos nerviosa), uno solo. ¿Qué tal "El gallo de Maitina"?

Una carcajada generalizada interrumpió su perorata. Sombra le dijo que tenía toda la razón que nosotras somos muchas y él uno solo y que si quería podíamos votar su propuesta.
Clara dijo que tuviéramos la fiesta en paz, al fin y al cabo se llame el libro como se llame se trata, de un motivo de alegría para todas.

—¡Votemos!, ¡votemos! -dijo la Punki que se había tomado la expresión al pie de la letra y daba saltos de un palo a otro.
—Si no os importa —comentó una voz nueva—algunas estamos intentando descansar. 
Era una de las albinas la única que por ahora se comunicaba con nosotras, la Portavoz.
Desde el encontronazo con la Gris, las zurias se relacionan lo justo con nosotras.
—Como no salís en el libro, no os interesa la conversación —sentenció la hermana.
—¡Chicas! Tengamos la fiesta en paz —insistió Clara desde su viga.

El gallo se subió de nuevo al palo y se acurrucó al lado de la Novia Blanca. Por fin ha encontrado a una con quien compartir el palo, en primavera le entró el romanticismo y se empeñó en que tenía que formalizar su relación con alguna gallina y dormir junto a ella. Ninguna aceptamos, el gallo puede ser un poco cargante a veces, como para tenerle tan peligrosamente cerca, pero la Novia Blanca que seguro que todavía no le entiende, se enamoró locamente de él. Eso sí, si se le acerca cualquier otra gallina, se tira a picarla sin tregua, ella quiere ser "Only the lonely" y el gallo le dice que nones.

—Nos hemos vuelto a desviar del tema —comentó la Punki—el éxito del libro de nuestra amiga y compañera.

Sentí de nuevo las plumas de punta, tanta atención me estresa. Desde que nuestra historia es conocida, todo el mundo tiene algo que decir, o quiere que le saque, o si le saco me dice que no vaya a decir esta u otra cosa pero no deje de contar aquello...

¿Alguien puede ponerse en mi piel? o en mis plumas como posiblemente corrigiera Sombra. Y entender que un escrito va más allá de la realidad. Ésta es una historia "inspirada" en el gallinero, quizá alguna de las protagonistas ni siquiera exista realmente, o sea como las estrellas que vemos porque existieron y porque todavía brillan aunque ya no estén entre nosotras.

Ahora la Punki diría que se me va la cresta y puede que tenga razón, me siento un poco atolondrada por los acontecimientos y ¿feliz? También, claro que me siento feliz, ahora con tantas emociones a ver quién es la lista que pone un huevo.

CONTINUARÁ...

***

Os dejo el vídeo de felicitación que hizo la hija cineasta, se inspiró en el libro ¿no os digo que esto es una locura? Por cierto feliz año 2018 y feliz día de San Antón.


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