miércoles, 2 de mayo de 2018

La gallina Marcela Mora me entrevista en exclusiva

Marcela Mora vino hacia mí, muy seria, con el tiempo aprendes a distinguirles los gestos, y me dijo que cómo podía ser que me pasara la vida hablando de ellas y ella no supiera nada de mí.
Reconozco que no me suele gustar presentarme o hablar de mí en tercera persona (como si fuera de la familia real) por lo que agradezco su iniciativa y al mismo tiempo me siento un poco cohibida pero como ha insistido en que la comparta en el blog, allá va.
Cedo pues la pluma a la gallina Marcela co-autora del libro "Las gallinas de Maitina"
Marcela Mora con Pequeño Pollo (también conocido como PP)
El otro día conseguí localizar a Mar del Rey, como sabéis, ella y yo escribimos “Las gallinas de Maitina” a dos plumas. Llevo tiempo persiguiéndola porque me gustaría saber algo más sobre su persona humana, después de que ella haya hablado tanto de nuestras personas galliniles. Cuando se lo dije se sorprendió, yo insistí, seguro que la gente quiere saber más de tu vida. ¿Qué gente? Pues quien haya leído las gallinas, además tampoco es de recibo que conozcan tanto sobre nosotras y tan poco sobre ti, finalmente ha aceptado que la entreviste, os transcribo el resultado.
—Hoy en exclusiva para todos nuestros lectores entrevistamos a Mar del Rey co-autora de “Las gallinas de Maitina”.
—¿De verdad crees que hay que darle ese tono?
—A callar, que la que lleva la voz cantante soy yo, empecemos otra vez.
—Estoy un poco nerviosa es la primera vez que me entrevista una gallina.
—Tranquila, empezamos, ¿eh? ¡Allá va! Hoy en exclusiva con todos nosotros, la escritora Mar del Rey nos cuenta sus andanzas hasta llegar a este punto de su vida.
Hola Mar buenos días.
—Buenos días Marcela.
—Muchas gracias por concedernos esta entrevista.
—Un placer compañera.
—Nosotras nos conocimos a través de tu libro de gallinas, pero tú llevas más tiempo escribiendo ¿podrías decirnos por qué escribes?
—Escribo por necesidad, necesidad de expresar y de compartir.
—¿Desde cuándo?
—Cuando era pequeña, se me ocurría cualquier idea, empezaba a escribirla, iba donde estaba mi madre y le decía “mira mamá, mira lo que he escrito” y ella me decía cuando lo termines me lo enseñas…Siempre me costó mucho terminar, hasta que un día se me ocurrió una historia de principio a fin, cuando trabajaba de psicóloga, ese fue mi primer cuento: “Angustias, una mujer con mucho cuento”
—¿Cuándo empiezas a publicar?
—Tenía muchos escritos guardados en el cajón, hasta que en 2009 empiezo mi blog y decido sacar muchos de ellos a la luz porque lo que quería era que otras personas los leyeran. Hoy todavía conservo el blog, aunque a lo largo de los años ha ido cambiando, ahora por ejemplo lo uso para publicar textos cortos menos elaborados, o para contar mis experiencias, mis lecturas o algunas de mis aventuras como narradora.
—Nuestro libro “Las gallinas de Maitina” nació en el blog ¿verdad?
—Sí, en su momento me pareció interesante que los primeras versiones de los textos, estuvieran en el blog y así aparecieron los primeros capítulos. Las versiones corregidas y los últimos capítulos sólo están en el libro. ¡Ah! Y ahora hay algún anticipo de la segunda parte.
—Hablando de “Las gallinas de Maitina” ¿ese ha sido tu primer libro?
—No, es mi primera novela corta pero tengo publicados otros dos cuentos en solitario.
Primero publiqué “Gato enamorado” en febrero de 2014. Quería hacer un libro bonito con ilustraciones y detalles cuidados. Trabajé con Carina Galliano una ilustradora con la que sigo colaborando, el diseño de la cubierta de Gallinas es suyo y también las siluetas del interior…
—Me encanta cómo nos sacó, estamos super estilizadas, bueno y la Punki no sabes lo contenta que se puso cuando nos vio. Por no hablar de Karol la yegua, que está convencida que la de la silueta es ella, aunque no lleve cencerro.
—El proyecto de “Gato enamorado” fue muy emocionante porque para publicarlo puse en marcha un proceso de crowdfunding o micro-mecenazgo.
—¿Eso qué es?
—Algo en lo que todos colaboran, la gente que se anima participa como mecenas y con todas las aportaciones, si reúnes lo que necesitas y puedes llevar adelante tu proyecto.
En mi caso tuve más de setenta mecenas, imprimí 300 ejemplares y acabo de sacar la segunda edición.
—Gatos, gallinas ¿Siempre escribes sobre animales?
—Me gustan los animales desde niña y lo cierto es que inspiran muchas de mis historias pero no todas, por ejemplo en mi segundo libro: Oyraborá no aparecen animales.
—¿De dónde sacaste esa palabra tan difícil? O…y…raborá?
—Es una palabra mágica, cuesta decirla, pero una vez aprendes no hay quien pare. Ahora que lo pienso, el origen de Oyraborá sí tiene relación con los animales. Está inspirada en la palabra griega Ouro borus: la serpiente que se come su propia cola.
—No se vaya usted por las ramas, háblenos del libro.
—Oyraborá es un cuento ilustrado esta vez por Ana Cardona una amiga muy especial que también es pintora. Cuenta una historia mágica, habla del poder de los cambios, de la naturaleza y de las Cuentagotas.
—¿Las Cuentagotas?
—Sí, son las que conocen el secreto de la cueva sagrada, el ombligo del mundo, donde nació todo lo que existe, y también las únicas capaces de conseguir que se desprendan con sus cantos, las gotas de agua que cuelgan de las paredes sin romperse.
—Suena un poco místico, puede que a las ovejas les guste…
—Quizá, la próxima vez que vaya a Saragüeta se lo leo.
—Cuentagotas, ¿también es el nombre de una editorial?
—Sí, de las Cuentagotas de Oyraborá nacieron el logo y la filosofía de la editorial Libros a Cuentagotas que fundé hace poco junto con otros compañeros, nuestro libro es su primera publicación.
—Además de tu faceta…
—¡Vaya palabra faceta!
—Ey, déjame seguir que pareces una de las hermanas…
—Además de tu faceta como escritora, tienes otra como narradora.
—Sí, en realidad creo que las dos son la misma faceta lo que pasa es que la narración me permite compartir de primera mano y jugar y también narrar historias de otras personas. Yo cuento historias que leo, normalmente mis fuentes de inspiración son la realidad y la literatura.
—¿Por qué cuentas?
—Porque creo que a través de las buenas historias nos reencontramos con nosotros mismos y nos sentimos más felices.
—Yo salí de un huevo pero tú, ¿tú de dónde sales?
—Soy la mediana de tres hermanos, la única chica. Mi madre era editora y mi padre es muchas cosas (sabe tanto como la gallina Clara o más) aunque por resumir diremos que es ingeniero. La casa de mi infancia está llena de libros y a mí mi madre de pequeña me leía en voz alta por las noches.
—Como a nosotras Maitina.
—Igual, además ponía voces y era muy divertido, recuerdo mi preferido “Las aventuras de Matonkikí”. Luego me hice mayor y oía desde mi habitación cómo ella le leía a mi hermano pequeño “El pingüino Oto”.
—Pero de dónde te viene el gusto por el escenario.
—En casa somos de mucho hablar: en las comidas, en los viajes, de contar cosas que hemos aprendido, también mi abuela nos contaba muchas historias de la guerra. Cuando me hice mayor nos dejó de contar, una pena.
—De todas maneras me han dicho que en las primeras representaciones de tu vida, te ponías bastante colorada.
—¿Quién te contó eso?
—Las gallinas siempre tenemos información privilegiada, además recuerda mi vocación de reportera.
—Pues sí, de pequeña mi madre escribía una función para que representáramos en familia en navidad (tengo 25 primos) y a mí siempre me daba el papel de la Virgen. La obra era muy divertida y mis primos reían y jugaban, pero en mi parte me tocaba decir frases como “ya el niño dios ha llegado…” y lo pasaba fatal. Cuando yo era pequeña era muy tímida, tanto que me daba vergüenza existir.
—¿Cuándo te subes por primera a un escenario?
—Pisé un teatro desde dentro por primera vez en COU, mi último año antes de entrar en la universidad. Yo salía sola a escena, imitaba a Gloria Fuertes, fue el único número en solitario, y lo pasé muy bien, tenía sólo 17 años y ya me parecía que iba tarde al mundo escénico.
No me di cuenta de la emoción que me producía estar dentro, andar entre bambalinas, meterme por los camerinos, subir y bajar por la trampilla oculta, ver la concha detrás de la que se escondía el apuntador, ensayar con el teatro vacío y después, actuar con él lleno.
—Entonces lo exploraste igual que hiciste con Saragüeta y el gallinero.
—Sí, me gusta entender la mecánica de aquello que me llama la atención.
—¿Y fue ahí cuando empezaste a escribir teatro?
—Micro teatro por ahora he escrito sólo micro, no fue más tarde, creo que lo del teatro viene por los guiones y los guiones vienen de la narración oral.
—No entiendo nada, quizá debería haberte entrevistado Clara que es la que más sabe de las gallinas.
—He mezclado muchas cosas, cuando empecé a contar cuentos vi que la forma de prepararlo tenía mucho que ver con un guión de cine, con una transformación en otro lenguaje y por eso estudié algo de guión y de ahí surgió la posibilidad de hacer un guión de microteatro.
—Dicho así parece muy fácil.
—¡Qué va! En parte me animé porque tenía amigos alrededor que se unieron al proyecto como actor y directora.
—Entonces tú ¿estudiaste algo parecido con el teatro?
—¡Nooo! Bueno cuando tenía edad de estudiar la carrera hice psicología, luego he ido haciendo otros cursos.
—¿Te gustaba la psicología?
—Al principio no, en esa etapa de mi vida tenía la sensación de que todo iba demasiado rápido, a veces llegamos a la encrucijada de caminos antes de darnos cuenta como si las patas fueran más rápidas que el cuerpo.
—Como si fueras un avestruz
—Eso, con retroceso de la parte superior…Los primeros años no me atraía nada, yo buscaba una psicología de relación con la gente y lo que me enseñaban era todo demasiado científico: aprendí mucho sobre la mosca de la fruta, estadística y también otras cosas que jamás había experimentado como que, si no vas a clase, se te puede olvidar una asignatura y suspender.
—Suena divertido.
—Bueno por lo menos el último año de carrera empecé a atisbar lo que creía que era la psicología cuando la elegí y me empezó a gustar la parte de psicoterapia.
—Entonces, ¿te dedicabas a escuchar a la gente y a ayudarla con sus historias?
—Sí, durante un tiempo estuve trabajando en un hospital. Trabajé con mujeres con cáncer de mama, jamás imaginé lo que eso me iba a ayudar después cuando fue mi madre la que enfermó, pero esa es otra historia.
—Cuéntanos algo de tu madre, de tu ama.
—Mi madre era muy gallina como Maitina, sólo que se creía que todos eran sus pollos (un poco como le pasa a la gris con sus huevos), era muy sociable y alegre y muy trabajadora.
Era editora, creo que a mí me gustan tanto los libros por ella, de alguna manera siento que me arropan.
—Confiésalo, tú también has sido editora.
—Bueno, yo trabajé en la editorial un tiempo, allí aprendí el proceso de edición, conocí a alguna gente con la que hoy continúo trabajando y también aprendí mucho sobre comunicación y sobre relaciones familiares…
—Y luego está tu trabajo con las familias.
—Sí, trabajé durante un tiempo en servicios sociales especializados en atención familiar. De ahí conservo grandes recuerdos y mejores amistades. Ahora en el mundo de la mediación sigo poniendo mi granito de arena con un cinefórum sobre conflictos.
—A ver cuándo me invitas.
—Cuando quieras, si eres tú la que le tiene pánico a salir del pueblo.
—Pues haznos un vídeo y así lo vemos todas.
—¿Quieres preguntarme algo más? Mira que yo creo que nadie va a llegar hasta tan abajo.
—Vale, una última pregunta ¿en qué punto estás ahora?
—Ahora me dedico a escribir y a contar, en ese sentido estoy explorando un nuevo camino en mi vida y me considero privilegiada. Además, con nuestro libro “Las gallinas de Maitina” tengo la oportunidad de visitar colegios ¿sabes que muy pronto iré al Trabenco?
Estoy feliz con la respuesta que ha tenido las gallinas, sobre todo porque veo que gusta a los niños y a los mayores, he recibido comentarios de niños y niñas que me han emocionado, saber que el libro llega, que vuestras historias gustan y emocionan es un orgullo para mí.
En el mes de mayo iré por vuestra zona a dar a conocer el libro en distintas bibliotecas y en junio estreno otra obra de microteatro en la que también participo como protagonista, parece que la primavera viene cargada de frutos.
—Muy bien, muchas gracias por tu tiempo.
—Gracias a ti por tu interés, Marcela, saluda a tus hermanas de mi parte y a Maitina.
—Eso haré.



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