sábado, 8 de diciembre de 2018

Colombia, crónica de un viaje de cuento

He tenido la oportunidad de viajar a Colombia y contar por allá. Pasé casi tres semanas contando y contando sin parar. Ha sido un viaje tan intenso en todos los sentidos que aunque volví hace ya tiempo, todavía lo estoy procesando.

Esta no pretende ser una crónica ordenada sino una forma de compartir recuerdos y experiencias y una respuesta a todos vuestros ¿cómo te fue por Colombia?

Para mí que soy amante de los cuentos y de las buenas historias y que llevo pocos años dedicándome a contar, viajar a la cuna de la narración y hacerlo de la mano de Mauricio Linares ha sido un sueño hecho realidad, todavía no termino de creérmelo. Vuelvo con muchos retos, nuevas ideas y proyectos para seguir creciendo.

Cartel de participantes del FIC
La primera posibilidad de contar allá fue en el Festival Internacional de la Cultura de Boyacá (FIC), creo que hasta que no llegué allí no me hice a la idea del tamaño de semejante evento. En América todo es grande y para muestra el cartel de participantes del FIC.
Una suerte contar con un coordinador como Nelson López que es narrador y conoce tan bien el oficio.

En Colombia las contadas en las que he participado se podrían describir como cuando en Forrest Gump habla de los tipos de lluvia  "Lluvia que caía de arriba, lluvia que subía de abajo, lluvia que caía de lado..." He contado para público en teatros, en universidades, en colegios, en la calle, de día, de noche, en familia, por la radio, en el coche, para la televisión. He contado sola y acompañada por narradores de todo el mundo mundial.

He tenido la oportunidad de escucharles, de charlar con ellos, de aprender, de convivir y eso es todo un regalo. Volver a encontrarme con Hannah Cuenca y con su arte y con Aldo Méndez y su belleza. Conocer a Gatostado y verle palo arriba, palo abajo contando sus historias de "nace el viento entre el bambú", aterrarme con el gato de Raúl España, y también con el vampiro de Jorge Skinfield, bailar con la música de Fabían Encuento, recordar a los payasos de la tele cada vez que Gasca saludaba a los niños. Y por supuesto conocer el libro de Carlos Pachón y a su autor aunque fuera por teléfono.

Y ¿qué decir del FIC? De esa programación cultural que vista desde lejos impresionaba.
Contar con Cristian Rueda con esa voz que tiene de curandero (de los buenos) y con Julián Maya y terminar cantando en un Karaoke de Tunja. Estrenar teatro con Dalariel que además en el viaje hasta Paipa me regaló un cuaderno único en el mundo para que escribiera mis relatos.
Coincidir con Mauricio y con Cata y participar del reconocimiento que le hicieron por su carrera como narrador, por esos treinta añazos.
Escuchar a Martín Céspedes, a Henry Morales, compartir plaza con Snicker de Medellín. Conocer a Gonzalo Olave de Chile.

Terminar el periplo en Villa de Leiva contando mis gallinas y caracoles y cantando "A la sombra de un león" en el teatro que gestiona David Gato. Acompañada de Fabián Encuento, Fanfarria, Cristian Rueda y todo ese público que llenó el teatro hasta el final esa tarde de lluvia.
Ese sí que fue un gran final.

Los cuenteros no tenemos sentido si no contamos con alguien que nos escucha. El público colombiano ha sido una delicia, desde grandes a pequeños, desde familias a gente en la calle. Sorprende la escucha y el respeto que hay por la narración. Sólo puedo terminar esta crónica de recuerdos deslavazados dando las gracias.

Los niños me pedían autógrafos
porque hablo muy chévere
Este fue el principio de mi viaje que en esta crónica con de infinito, está al final.

Quería que fuera un viaje de cuento, un viaje de contar sí, pero también de escuchar. Mauricio Linares presentaba ese fin de semana "La soledad de los muertos" y además lo hacía en una sesión en la que después contaba Hannah Cuenca. Mi primera tarde en Bogotá la pasé escuchándoles a los dos y debo reconocer que con el jet lag que llevaba encima, las horas me pasaron volando y los cuentos me llevaron de la mano. ¡Ah! y además tuve la suerte de recibir la visita de Lina y de su familia.

Al día siguiente en Bogotá Mauricio Linares y yo compartimos varios tintos y muchas conversaciones sobre cuentos, sobre textos, sobre recuerdos. Es siempre un placer charlar con él, de hecho a veces parece uno de los personajes de García Márquez ¿lo eres Mauricio?

Como cuando te cuenta de la vecina de su pueblo que leía el futuro en las rodillas y no se atrevía a salir de casa porque estaba convencida de que la iban a matar. Y que cuando la nieta que siempre estaba a su lado para aprender el oficio, dejó de ir al colegio durante días, la maestra dio la voz de alarma y las fueron a buscar a la casa y allí nadie abría pero se veía desde la ventana una vela encendida. Y no se volvió a saber de ellas pero la casa siempre estaba limpia y la vela encendida. ¿Cómo no se va a pasar el tiempo volando con estas historias ?

Luego marché para Neiva a participar en el Festival Viva la palabra viva, organizado por Casa Teatro y dirigido por Álvaro Gasca. O Gasca como le llama todo el mundo, desde su nieta hasta su loro.  Cinco horas para llegar hasta el sur, al calor. Como dice Carolina Rueda: en Colombia para cambiar de estación sólo tienes que cambiar de lugar.

Me invitaron como representante de la República de España, no llegué a aclarar con Álvaro si fue un error o una confusión temporal en cualquier caso me gustó el detalle. Allí descubrí que mi nombre funciona de una manera peculiar fuera de España porque cuando me presentaban decían: "Mar del Rey de España" y eso me generaba una lucha interna, soy una mujer libre y no me hace mucha gracia eso de que parezca que pertenezco a Felipe VI. Además este rey siempre me sonó como Camilo VI y puestos a querer preferiría ser Mar del Rey de Camilo VI...La solución fue cambiar el orden de los factores, así empezaron a presentarme como "desde España, Mar del Rey" eso ya sonaba mejor.

En Neiva contamos para todo tipo de público en todo tipo de situaciones. Las funciones matinales eran para colegios, el más pequeño tenía 150 alumnos, y de ahí hasta 500. En algunas funciones los niños hacían fila para que les diéramos nuestros autógrafos, nos sentíamos como estrellas del rock.

Terminamos el festival en Casa Teatro que es la Casa de Gasca y su familia y tiene un teatro dentro, después cada uno se fue por su lado. Y yo emprendí camino para el FIC que ya os conté más arriba y como dije antes, todo final es un principio, así que espero poder volver pronto por esas tierras.

Si quieren escucharme en mi próxima actuación, será esta semana, aquí está el cartel.
¡Gracias por leer hasta el final! Déjame algún comentario para que sepa que has pasado por aquí.

 Algunas fotos más de Colombia:



















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