miércoles, 2 de enero de 2019

RU#1 La lluvia nunca vuelve hacia arriba

Inicio con éste relato un conjunto de pequeñas imágenes que he llamado Relatos Urbanos (RU).
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Callejeo por la ciudad, es de noche y llueve, en el suelo algunos charcos dispersos reflejan la luz de las farolas. Sobre el asfalto, las ruedas de los coches salpican a los peatones despistados. Caminantes con prisa brotan de los portales como hormigas en fila, aunque lleven paraguas.

La plaza del Dos de Mayo, en cambio está vacía y quieta, salvo la lluvia que cae y el reflejo de una luz intermitente que se proyecta desde una de las esquinas. Sale de un baño público que han instalado hace poco y que parece un ascensor brotado del suelo.

Resulta extraño que la puerta no esté cerrada, funciona con un mecanismo automático y sólo se abre introduciendo una moneda. Distingo un bulto alargado en el suelo con el que tropieza la puerta. Me acerco y veo que es un viejo petate tan sucio que ya no recuerda su color original.

De nuevo se despliega la luz y distingo el interior del baño, igual que una lata de conservas. Quizá elijan ese material plateado para disimular la suciedad, ni siquiera el espejo es de cristal, sino una superficie metálica lisa que te devuelve un reflejo extraño, casi marciano. La puerta se abre lenta igual que el telón de un teatro, descubre la taza del váter también plateada, taza futurista que vuela desde el suelo, pero ésta parece sujeta por unas botas viejas, aunque no pertenecen a la taza sino a un hombre descolorido, quizá el dueño del petate.

Está sentado sobre la taza del váter. El pantalón vaquero subido, la espalda apoyada contra la pared de mentira, el pelo largo y gris, la barba deshilachada tapa los botones de la camisa, en la boca un cigarro, la ceniza le cae sobre la pierna sin que él reaccione, el humo sube hacia sus ojos entornados, choca con el ala del sombrero y continúa volando hasta el techo.

Él ni siquiera parpadea solo mira vigilante el cielo, sin importarle si la puerta está abierta o cerrada, a la espera de que deje de llover.

Continúo mi camino pensando que este baño-ascensor se ha convertido en la mejor forma de aliviar una necesidad muy distinta para la que fue concebido.


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