miércoles, 10 de julio de 2019

Llaves que abren cuentos

Como esta semana contaré "Llaves que abren cuentos" no paro de pensar en llaves, cerraduras, claves, vínculos y hasta amor...

El ojo de una cerradura antigua forma es la silueta de un peón de negras y si lo estrechamos un poco, la huella de un mocasín y si estrechamos la huella, un símbolo de exclamación !!!! o un bate de baseball o unos bolos ¡¡¡¡ 

He dibujado miles de veces esas huellas negras, las he engordado y las he convertido en peones. Y también he mirado muchas veces llaves antiguas, he fabulado sobre los secretos que ocultaran. Todo surgió al ver un puesto de un Marché aux Puces, un mercadillo en parís. Una obsesión que dura desde 2012 cuando escribí en este mismo blog "la clave está en la llave".

Un relato inspirado en una foto que hice en ese momento y que después pasó a ser la portada del libro "Apego y terapia narrativa". Y ahora pensaba en la relación de las llaves con los vínculos. Y de los vínculos con las historias.

¿Es un vínculo sano aquel del que tenemos la llave y uno que nos hace daño aquel en la que la hemos perdido o ni siquiera la tuvimos nunca?

Se puso de moda representar el amor con candados, candados agarrados a puentes, en algunos de los puentes de París tuvieron que cortarlos a cizalla, pesaban tanto los candados que pusieron en riesgo los puentes. ¡Qué simbólico! ¿no? Si pones candados al amor, hundes los puentes ¿no es el amor un puente?

Entonces el amor no va de candados, sino de llaves, llaves que abren, que dan paso, que proporcionan historias porque esas llaves antiguas, llaves olvidadas separadas hace años de su función y de su importancia, ahora lo único que custodian, son historias.

Esas llaves abren cuentos. Cuentos de dragones, de rinocerontes, de cine, de princesas que no quieren ser salvadas, de caracoles fugitivos y a saber qué historias más.

Una mañana refugiada en casa cuando estaba entendiendo estas claves que no son llaves o quizá sí, me puse a jugar con mis llaves antiguas esas que saqué de una caja en casa de mi abuela y mi tía Cari. En esa casa había de todo, yo solía decirle a mi abuela que tenía un síndrome de Diógenes ordenado, porque todo lo conservaba pero siempre en perfecta colocación. Ella me respondía que había pasado una guerra.

En el cuarto de estar había un mueble blanco y la parte de abajo estaba llena de cajas rayadas en blanco y rojo (con un diseño que recordaba a la carpa de circo) una de ellas era la de las llaves antiguas. De allí seleccioné las que más me gustaban y esas son las que este jueves abrirán las historias, las que ellas decidan.
Luego en mi último viaje a Colombia, un narrador de allí Mateo Hennessy me regaló otra llave que ahora forma parte de mi colección.

Si te apetece venir a escuchar los cuentos que abran las llaves será mañana jueves día 11 de julio a las 21:00 en Amalavida en la calle Loreto y Chicote número 7 de Madrid y la entrada es libre (la salida no tanto).


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